Arvel Puth
Arvel Puth estacionó su Toyota Solara en la acera a las 7.27 a.m, frente al Starbucks más grande de Nueva Jersey. El mismo Starbucks que él iba cada mañana junto a sus amigas, todos los días. Sin embargo, esta mañana serían solamente él y Raine.
Le gustaba la idea de ellos dos solos, su relación estaba todavía al borde de un precipicio. Necesitaban todo el tiempo para resguardarlo de la caída. Quizá ambos pensaban que ya había pasado ese momento, pero no era así; podía haberse alejado unos centímetros, pero aún estaba en peligro.
Tal vez este momento a solas fuera el indicado para que pudieran ponerse al día y hablar como en los viejos tiempos. Hablar de ropa, fiestas, música, pero nada de chicos.
El clima de la mañana estaba aún fresco y húmedo por la lluvia de la noche anterior, de manera que Arvel estiró su brazo hacia el asiento del acompañante para recoger la campera de cuero negra que le había regalado su madre en su cumpleaños y se la calzó sobre los hombros.
En el radio del vehículo estaban sintonizando Giant Hands de Dog & Panther. Arvel la había escuchado un par de veces, por lo que cada vez que lo hacía, su humor subía en un segundo. Raine se la había enseñado un par de meses atrás, cuando su amistad aún estaba estable.
Nunca estarás libre de mí.
Eres demasiado agradable.
Tu corazón es dos veces
el tamaño y el aliento del mío.
No estarás aquí para siempre,
pero ahora mismo soy lo que necesitas.
No hay uno para todos,
pero esto es lo más cerca que estarás.
Mientras con una mano aferraba las llaves del auto, la otra buscaba la manija de la puerta. Tardó un momento más de lo que pensó, pero una vez que también aferró su mano en el tirador, un fuerte golpe provocó que se sobresaltara y lanzara las llaves al suelo del vehículo. Se agachó para recogerlas. Una vez que las hubo encontrado, Arvel levantó la mirada rápidamente para encontrar a Raine parada justo al lado de su coche, encorvada sobre la pared del recinto y esperando a que él saliera.
—Joder, Raine, me has dado un buen susto —espetó Arvel al salir de su Toyota y cerrar la puerta de un portazo.
—Lo siento —dijo Raine con un gesto sonrojado—. Pero tendrías que haber visto tu rostro, fue épico —rió a carcajadas, dejando escapar un pequeño ronquido.
Arvel se limitó a realizar una pequeña mueca que un momento después se desvaneció.
Hubo un momento de silencio, luego Arvel murmuró:
—¿Entramos o qué?
Dentro del local, todo lucía igual a la última vez que fueron: el último día de clases del año anterior, la mañana previa a la gran fiesta de Hanna Drexler. Lo único diferente a esa mañana era que había muchas personas, tanta que incluso tuvieron que ir a beber sus cafés al parque de enfrente; ahora estaba casi vacío, salvo por un par de parejas sentadas en el patio.
Ambos buscaron una pequeña mesa con preciosas vistas al parque, donde niños jugaban y corrían, a pesar de lo temprano que era y de la niebla que no se había disipado.
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La verdad en tus labios [EN PAUSA]
Novela JuvenilArvel, Juno, Raine, Carlotta y Cadence son amigos incondicionales. Pero sus vidas son tan imperfectas como lo son de perfectas. En Arvel florece un amor no correspondido, pero él siempre logra lo que quiere; Juno se enamora del chico nuevo, aunque s...
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