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Eran al rededor de las 10 de la mañana, Lucia se desperto debido a las risas de sus compañeros de piso, que provenían del comedor y llegaban hasta su cuarto.
Hacía varios años que había abandonado su pais natal para comenzar de cero en España y desde entonces se encuentra conviviendo con sus dos mejores amigos.

Salió de su cama, se dirigió al baño, tomo una ducha, se vistió y bajó a desayunar. En la mesa del comedor, Daniel el mayo de los dos hermanos ya la estaba esperando con el desayuno ya servido, una taza de Cafe y una porción de torta de chocolate. Tras su habitual saludo matutino y un agradecimiento, se sento frente a él y comenzó a desayunar. Luego de beber dos tragos de su café y haber comido un poco de la torta clavo sus ojos sobre los de su acompañante, quien le sostuvo la mirada algo nervioso.

_ Estás mas callado de lo habitual. ¿Ocurre algo?. Preguntó la joven. Lo conocía demasiado bien, y podía deducir a simple vista que algo no estaba bien.

Daniel soltó un suspiro y apartó la mirada, le resultaba casi imposible mentirle, se daría cuenta fácilmente, pero había cosas que aún no quería decirle. _ Perdoname Lulu, pero prefiero no hablar del tema. Todavía no estoy listo para eso.

Lucía le dedicó una tierna sonrisa, y colocó su mano sobre la de él. _ Cuando lo estés por favor búscame, de sobra sabes que puedes contar conmigo. Y que me preocupo por ti.

Daniel le devolvió la sonrisa. _ Prometo hacerlo, y gracias por comprender.

En ese momento, Carlos el menor de los hermanos, regresa al comedor y se sienta junto a Lucía luego de revolverle el cabello cariñosamente. Era su manera de darle los buenos días.
Hablaron banalidades mientras desayunaban, se gastaban bromas y reían. Una ola de melancolía golpeo con fuerza su pecho, miles de recuerdos invadieron su mente. Era algo que últimamente le ocurría a diario de hacía casi dos semanas y hoy no parecía ser la excepción. No entendía el por qué.

Le estaba yendo muy bien. Había conseguido el trabajo de sus sueños, cada día surgían nuevas ideas y proyectos. Tenía excelentes amigos, una familia, que si bien no era de sangre, el vínculo era irrompible. Gracias a ello podía decir que en absoluto se arrepentía de haberse alejado de Argentina. Y haber conocido a los hermanos Garcia había ayudado a que se adapte fácilmente a este nuevo país.

Carlos y Daniel la miraban extrañados. Hasta que volvió a la realidad. _ Lo siento, estaba recordando el día en que nos conocimos. Admitió tímidamente, ellos le dirigieron una tierna sonrisa, ambos recordaban con exactitud aquel día.

That's not who the story goes.Histórias para pegar e não largar. Descubra agora