1. La llegada.

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Su respiración era agitada, dificultosa y ruidosa; a pesar de eso, sentía que el fuerte latido de su corazón era más ruidoso y eso ni siquiera era comparación con lo estruendosos que eran sus pasos en el metálico y oscuro lugar. ¿Quién tiene tiempo de fijarse en no hacer ruido cuando un par de hombres armados te persigue con orden de disparar a matar? Los pasos de dos pares de pies que andaban lo más rápido que les eran posibles era lo único que se escuchaba en el largo recinto. La oscuridad reinaba en ese estrecho corredor y lo único que daba luz era ese pequeño foco que parpadeaba en la pulsera colocada en un delgado brazo femenino, así como algunas luces que se colaban por las rejillas de las ventilaciones en el tejado y en el suelo, dejando ver a ese par que avanzaba velozmente: un hombre y una mujer.

Sus respiraciones eran pesadas, sus pulmones pedían más oxígeno para poder seguir con ese arduo trabajo de escapar. Más pronto que tarde otros pasos se escucharon, eran fuertes y pesados, pues las armaduras que portaban los dueños de dichos pasos eran igual de fuertes y pesadas, dignas de todo soldado que, a pesar de que podían ser una debilidad, debido al esfuerzo que conllevaba tenerlas puestas, estos ya casi los estaban alcanzando, acortando poco a poco la distancia entre ellos y los escapistas. Casi podían sentir sus voces gritándoles al oído aquellas amenazas de muerte. El chico aumentó la velocidad y ella no pudo aguantarle el paso, cayó al suelo al tropezar con una rejilla salida.

—Vamos —Le llamó el chico extendiéndole su mano—, rápido.

Ella aceptó la ayuda, le sujetó de la mano, la cual estaba recubierta de un guante de metal, sintiendo el calor y el sudor propio debido a la maratón que acababan de hacer, se levantó rápidamente para seguir la marcha, tomados de la mano, sintiéndose más fuerte de repente. Siguieron andando por el pasillo hasta llegar a un gran espacio abierto sin techo, con varias naves esparcidas alrededor formando la plataforma de aterrizaje. Con prisa escogieron una pequeña nave que era la más próxima y la que mejor parecía adaptarse a la situación, el chico abrió la puerta.

—¡Vamos, vete! ¡Ya no hay tiempo! —Le gritó el chico con notable desesperación.

—Yo... ¡Lo siento!

—No te disculpes ahora y entra allí —Decía el chico mientras la empujaba dentro de la pequeña nave—. Nos veremos pronto —Apenas logró decir cuando cerró la puerta.

La chica se hizo con los controles y la nave despegó tan pronto como aquellos hombres aparecieron. El chico se alejó corriendo antes de que la fuerza que expulsó el motor por las turbinas lo sacara volando. Lo último que vio el chico era esa estela de luz alejarse en la oscuridad del espacio. En seguida otras naves levantaron el vuelo para seguirle. Rápidamente, el chico fue rodeado por aquellos guardias quienes dirigieron sus armas hacia él, este levantó los brazos en señal de rendición.

Espero estar haciendo lo correcto –Pensó mientras los soldados lo sujetaban.

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En otra parte del universo...

La Tierra rebosaba de paz, tranquilidad, libertad, armonía y, sobre todo, esperanza, luego del desastroso mundo que había sido hacía tiempo atrás, debido a los múltiples ataques por parte de los androides. Apenas había pasado un par de años desde la derrota de los androides y las ciudades ya se encontraban en reconstrucción y, con ello, la población volvía a crecer y a gozar de la libertad y esperanza de un nuevo día. La vida volvía a abrirse paso en medio de las ruinas y los escombros. Lentamente todo volvía a la normalidad.

Mientras tanto, en Corporación Cápsula...

—¡Trunks! —Gritó por el pasillo aquella mujer peliazul— ¡Trunks!

Guerreros De La Esperanza [Fanfic DBZ - Trunks]Stories to obsess over. Discover now