Ella se volvió a asomar en el filo de aquel puente.
Era de noche, nadie paseaba por allí, solo se escuchaba el débil silbido que hacía el viento y algún que otro gato callejero que salía a cazar.
En la mente de la muchacha se librara una batalla muy desigualada, era como si su cerebro se hubiera divido en dos parres, una que intentaba hacerla cambiar de opinión y otro que no aguantaba más y la animaba a ello.
Cerró los ojos con fuerza recordando todo lo que había vivido en sus apenas 19 años; los insultos del colegio "niña rara" "estúpida" "¿Por qué no te cortas las venas?" "¿De verdad crees que mereces la pena?", palabras y comentarios que la habían roto por dentro. Las peleas en casa, donde se había dado cuenta de que su familia se había desmoronado, muchos años presumiendo de ellos y resultó que eran los que más rotos estaban.
Su corazón se rompía en mil pedazos cada vez que lo recordaba.
Avanzó unos pasos hacia delante hasta que los dedos de los pies rozaron el limbo que sucumbía la caída.
Estaba rota y nadie se daba cuenta.
La felicidad era algo que ya no recordaba, ya no tenía ese auto reflejo de sonreír cuando algo la hacía feliz, ya que se veía obligada a ello en cuanto sonaba el despertador.
Una máscara que se había acostumbrado tanto a ponerse cada mañana, que ya no sabía vivir sin ella.
El nudo de la garganta le dificultaba comer, cosa que no tardo en dejar de hacer.
Era consciente de todo el daño que se hacía, pero era más consciente del daño que le hacia el mundo entero.
La poca esperanza que le quedaba envió a su mente pequeños recuerdos que en su día le hicieron feliz.
Su corazón tintineo y brillo débilmente al recordar la primera vez que montó a caballo, la carita de su mascota cuando mordía sus calcetines para que dejara de estudiar y jugará con él, la nieve en Abril, su primer dibujo bien hecho....
La lucha en su interior seguía sin ser resuelta, como una pelea de espadas con sus ataques y contraataques, donde ella era el arma que recibía todos los golpes.
Lágrimas caían sin cesar y en cada una de ellas una ilusión, una sonrisa, una esperanza... Lloró como nunca lo había hecho, agachándose con cuidado y abrazando sus piernas, hasta que el hipo y sus gemidos de angustia le dificultaron respirar, solo entonces se obligó a ser fuerte por última vez, cortar con la manga de su jersey el recorrido del agua salda y aguantar unos minutos más.
Con la mirada perdida observó el precioso paisaje que se levantaba frente a ella; El pequeño lago a sus pies, los arboles alzándose seguros de sí mismo hasta alcanzar la luna, quien susurraba a los animales del bosque que la adoraran y amaran, en ese instante, sintió admiración por ella, tan sola y dolida, sin posibilidad de que alguien llegará a ella, pero no se rendía y cada noche cuidaba el mundo con los ojos de una madre sin esperar nada a cambio salvo no caer en el olvido, sonriendo cada vez que alguien miraba al cielo y la observaba.
Dirigió su mirada a las muñecas, adornadas por pequeñas cicatrices casi invisibles y acariciándolas lentamente se preguntó qué hubiera pasado si uno de esos cortes se le hubiera ido de las manos sin remedio alguno.
¿Qué hubiera hecho su cachorro al buscarla por toda la casa y no encontrarla? ¿Sus padres la echarían de menos o alquilarían su habitación para ganar algo de dinero? ¿Y su amiga? ¿La recordaría? ¿Serían felices sin ella? ¿La olvidarían sin caer una sola lágrima por ella?
Algo la susurró al oído que sabía muy bien la respuesta y que sabía que era lo que tenía que hacer; olvidar todo y acabar con todo aquel dolor.
Se dedicó unos segundos para pensar en si dolería más romperse psicológicamente o físicamente. Aunque dudaba mucho que fuera a darse cuenta.
Volvió a levantarse decidida, conto hasta 10, respiro profundamente y comenzó a alzar su pierna hacia el vacio.
-Te quiero- escuchó
Se giró confusa y vio a un chico mirándola fijamente desde la parte segura del puente, no la miraba con asco, odio o lastima, la observaba con dulzura y ojos soñadores.
-No estás sola, me tienes a mí.
Ella le miro atentamente, observó como él levantaba la mano ofreciéndosela, sonriendo como nunca había visto a nadie hacerlo, supo que podía confiar en él, aunque estuviera en ese instante muy lejos de ella, sentía un cosquilleo en su mano como si él la estuviera dando la mejor de sus caricias.
-Ven conmigo
Confusa, pero decidida, comenzó a andar hacia él, despacio, paso a paso, sin prisa, con cuidado de pisar adecuadamente, se acercó cual mosquito hipnotizado por la luz de una lámpara.
Alzó la mano y agarro la del muchacho, sintió una corriente eléctrica recorrer desde las yemas de los dedos hasta lo más profundo de su pecho y por primera vez en mucho tiempo, sintió alivio y felicidad, saltó con su ayuda la valla que separaba la carretera del borde del vacío y lo abrazo con fuerza, observo como el muchacho en silencio recogía los pedazos de corazón y los volvía a unir, cuando volvió a colocarlo en su pecho, ella cerro los ojos sintiéndose libre y feliz, cuando los abrió, todo cambio.
No estaba en aquel puente, no estaba aquel chico.
Se encontraba sentada en la soledad de su habitación, mirando fijamente su ordenador y escuchando a aquel muchacho que la salvó.
BINABASA MO ANG
Save me
Short StoryEste relato solo es una metáfora de lo que puede llegar hacer el encontrar una persona a quien llamar ídolo.
