Caligrafía

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El viento arrastraba melancolía, la tarde se reflejaba en un camino inundado de hojas carmesí, Damon disfrutaba oírlas crujir bajo sus pasos. Esa mañana despertó con un buen presentimiento, diciéndose a sí mismo que escribiría algo realmente sincero. Salió a la calle cargado con un lápiz pequeño y un montón de hojas desordenadas que le servían de cuaderno. No tenía en mente un lugar fijo, se dejó guiar por el paisaje hasta llegar a un mirador solitario. Desde su lugar alcanzaba a admirar la fotografía urbana de la ciudad, los rayos de luz traspasaban las bancas vacías coloreadas de un verde oscuro.
Sintió el viento a plenitud; era el lugar.

En un lapso no más allá de dos horas, Jamie había terminado de reunir material suficiente para trabajar en su próxima obra. La primera que sería exhibida. A pesar de eso, sentía que carecía de la emoción principal. Dejando su rotulador a un lado, dejo su vista perdida en algún punto, centrándose en la melodía de las aves. No era de los hombres que meditan, pero hasta ahora estar en silencio pensando en el orbe de su vida le estaba sentando muy bien. Entre toda la catarsis de sensaciones que arrastra el arte, había una que dejó de lado sin saber porqué. Nunca había amado. Aún teniendo la oportunidad. Sencillamente no se adaptaba a la personalidad de sus parejas.
¿Realmente de amor vive el Arte?

La luz solar se ocultaba poco a poco entre las nubes, la temperatura bajaba y el firmamento se tornaba rojizo. Damon no había despegado la vista de su hojas maltratadas, entre líneas subrayadas y tachadas resaltaba con un guión las elegidas. Tomó una postura cómoda y disfrutando el aire embravecido alzó orgulloso sus versos, quiso tomar el móvil sin soltar el papel pero este salió volando.

—¡Joder, no!

El agradable paisaje se esfumó, corrió tras ella, más el viento le dificultaba el caminar, las hojas secas se enredaban en su cabello y el polvo cubría sus vista con ardor.
¡Es mi mejor letra, no otra vez!

Después de planteárselo varias veces, Jamie se sincero completamente consigo.
Tal vez he buscado más en mujeres que en hombres, y estos últimos a decir verdad me parecen más divertidos e interesantes. Sin contar que no debo disculparme con ellos en ciertos casos, son más atractivos y están dispuestos a saltarse la ley, en conclusión...
A quién engaño, soy gay.

Jamie buscaba su encendedor en la chaqueta, hasta que un papel se enredó en sus botas, más por curiosidad que por otra cosa, lo desenvolvió, sus ojos se encontraron con lo que parecía ser un conjunto de versos o líricas intercaladas. En medio del silencio repentino se dispuso a leer.

—Cielos... que caligrafía tan horrenda.

Damon corría sin descanso, no confiaba en el mundo y aunque el viento estaba en su contra el pensar su letra en manos de un ser despreciable le hacía continuar. Lejanamente observó una silueta sentada. Entre sus aspiraciones no pedirle ayuda a nadie estaba en el primer puesto, más era un caso de urgencia, si encontraba su letra ya podría mandarles al infierno después. No estaba preparado para ver cómo ese sujeto husmeaba sus pensamientos sin consentimiento, estaba furioso, en extremo mal humorado, se acercaría, le arrebataría el papel y le diría un par de cosas, sí.
Nadie interfiere entre yo y mi música.

Caligrafía (Jamion) (Gorillaz) Jamie Hewlett/Damon AlbarnHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora