Capítulo 1.

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 Las diez menos cuarto, hora en la que los humanos entran a sus casas, cenan y descansan. Pero yo tenía que viajar.

 Así que me levante de mi cama, si acababa de despertar, y me dirigí al baño, me asee y me vestí con un conjunto deportivo; luego baje a la cocina donde mamá preparaba ese delicioso batido suplementario, ya que aún no se acostumbra a beber sangre humana, y la de animal ésta terminantemente prohibida en esta raza, compuesto por innumerables e innombrables frutas y verduras.

– Buenos días ma. – Dije entrando por la puerta y sentándome en el banco de la barra. - ¿Cómo anocheciste?

– Buenos días Danays. – Colocó frente a mí un beso enorme lleno de batido Dubrinsky. – Anochecí perfectamente. – Reí y le di un sorbo a mi vaso.

– ¿Y papá? – Tu padre está en su "habitación", bueno si es que así se le puede llamar a un sótano lleno de tierra. – Respondió con una sonrisa.

– Ah, pero... ¿no debería haber subido ya?, digo son las diez y él siempre se despierta a ésta hora. – Dándole el último sorbo a ese exquisito elixir de los dioses.

– Si, es más porque no vas a buscarlo. – Dijo la mujer que me dio la vida, yo sólo me limité a asentir y pararme del banco, cuando estaba a punto de salir de allí dijo. – Tu hermana, Savannah, llamó hoy y me dijo que te envía saludos y que ojalá la pases bien en Forks.

– Ok, yo iba a llamarla de todos modos; para saber cómo se está comportando "El Oscuro". – Me reí.

– Jaja, muy bien salúdalo de mi parte y diles que traten de pasarla bien es decir después de todo es su luna de miel. – Luego de que diga eso salí en dirección a la "habitación de papá.

...

– No se preocupen, voy en camino. – El jefe de policías de Forks, Charlie Swan, cuelga el teléfono, toma su chaqueta y sale de la casa en dirección a su patrulla. – Bueno, será mejor que le pida ayuda a Bill y Jacob. – Dicho esto subió al auto, lo encendió y emprendió su camino hacia la casa de los Black.

 Al llegar, apaga el motor y baja, se encuentra con su mejor amigo en su silla de ruedas.

– Charlie hola, ¿cómo estás? – Estrechan sus manos con emoción y alegría.

– Hola, muy bien ¿y tú?

– Y sobre llevando las cosas, Jacob no ha estado del mejor humor estos días. – Pronunció con un tono decaído encogiendo sus hombros.

– Si pobre chico, es muy bueno y que le pase esto, mm... no debe ser bonito. – Dijo con un poco de pena.

– Bueno, ¿Qué te trae por aquí viejo amigo? – Pronunció ya con un poco más de felicidad en su voz.

– Ah, eso casi se me olvidaba, resulta que unos tipos que se estaba encargando de una mudanza se perdieron en una de las carreteras que atraviesa el bosque y además el motor de su vehículo se estropeó; y por eso quería preguntarte a ti y a Jacob si serían tan amables de acompañarme, digo ya que mejor guía que tu no hay y que tu hijo es muy bueno con los autos, motos, etc...

– Claro, además le vendrá bien a mi muchacho salir y despejarse. – Pronunciada ésta última palabra llamaron a Jacob, y partieron en busca de esos pobre hombre, los cuales estoy segura no tienen ni la menor idea de donde se encuentran.

- Tu eres mi compañero. - Y tú mi imprimación.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora