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Los días se pasan lentísimos en casa de mi padre, odiaba estar aquí más que nada porque el pueblo más cercano estaba como a unos 200 km más o menos.

Mamá se había empeñado en que tenía que pasar más tiempo con él y con la abuela. La abuela ya estaba muy mayor, aunque a sus casi 80 años se mantenía bastante bien y algunas veces parecía tener más vitalidad que muchas personas que conocía.

Sinceramente mi relación con ella era bastante buena y me gustaba poder ayudarla pero por otra parte deseaba no estar allí, todo aquello me recordaba a cuando mi abuelo vivía y jugaba conmigo en el jardín.

Hacía casi 4 años de que él ya no estuviera y a raíz de lo que paso mi padre se comportó de forma extraña con todos. Se fue de casa y regresó aquí con la abuela aunque tampoco mantienen conversaciones extensas, casi no se relaciona con nadie y de ahí que mis padres ya no estén juntos.

Mamá se cansó de sus idas y venidas a las tantas, de tirarse días sin verlo por casa o que ni si quiera le respondiera a las llamadas.

La verdad, yo también me hartaría.

Lo dejó todo, incluyéndome a mí.

Tampoco es que nuestra relación fuera de las mejores pero era mi padre y durante mi niñez parecía que estaba feliz conmigo o con nosotros, su familia.

Mi abuelo dejó un gran vacío en nuestros corazones.

Sin embargo, la muerte de mi abuelo hizo que me diera cuenta que tenía que aprovechar cada instante de mi vida.

Me mudé con mi madre a empezar una nueva vida, que según ella, nos vendría bien un cambio de aires para olvidarnos de todo y conocer gente nueva.

A decir verdad, entendía porque lo hacía, le había tocado vivir una etapa de su vida en la que lo había pasado mal aguantando al idiota de mi padre y ahora se merecía ser feliz.

Lo que yo no sabía es que ya había encontrado a alguien que le hacía feliz.

Nos mudamos a la ciudad de Florida. Nueva casa, nuevo colegio y gente nueva. Sí. Gente nueva, no me agradaba comenzar de nuevo las clases y más siendo la nueva y el punto de mira de todos.

De verdad que no.

Pero aquí estaba, aunque según lo que había oído de mi madre, las clases no comenzaban hasta dentro de unas semanas así que todavía podría disfrutar de lo que quedaba de verano.

Cuando llegamos a nuestra nueva casa pensé que sería un apartamento para nosotras dos, pero resultó que su "nuevo novio" y ella acordaron que podíamos quedarnos cuanto quisiéramos en su casa, pero menuda casa, parecía un palacio o es que yo no había visto casas así en mi vida.

Entrando por la puerta ya me quedé embobada mirando la entrada, una especie de jardín enorme y creedme cuando digo que era precioso, como si fuera sacado de una revista con fuentes a los lados y un camino que conducía a la entrada de la casa.

Por el camino a Florida mi madre fue explicándome cada duda que me surgía ya que no tenía ni idea de sus planes y me fue hablando de George, su supuesto novio, del que me contó que vivía con sus tres hijos, los mellizos Eliza y Liam que tenían mi edad (yo tengo 17) y su hijo mayor Traian de 19 años.

Según mi madre -que ya los había conocido- eran guapísimos y estupendos, pero conociendo a mi madre seguro que estaba exagerando las cosas.

Llegamos por fin a la casa, aunque por suerte no había nadie, solo la sirvienta que nos recibió muy amablemente y nos dirigió a nuestras nuevas habitaciones.

Creo recordar que su nombre era Martha, sí, creo que sí.

Martha nos enseñó la casa y las instalaciones y nos dio tiempo a instalarnos.

Justo decidí ir a darme un baño y cambiarme de ropa, realmente estaba cansada y sudada de tanto viaje y con un calor asfixiante.

Salí de la ducha cuando veo que alguien estaba tranquilamente tumbado en mi cama con dos personas más alrededor y yo con mi ropa en la maleta aún.

Pensé que me había confundido de cuarto pero no, Martha me dijo que este era el mío, además de que recordaba bien las cosas. Oí que alguien salía del cuarto pero todavía quedaba una persona, decidí salir aún en toalla pero necesitaba cambiarme y no sabía cuándo esos dos iban a volver.

Toda decidida iba yo cuando resbalé cayendo de cara al suelo y maldecí las veces que mi madre me dijo que llevara algo en los pies para evitar estas situaciones.

-Menuda forma de salir más espectacular -me dijo el chico que se asustó al oírme caer pero que disimuló sus emociones.

-¿Y tú no sabes que es de mala educación estar en cuartos de otras personas sin su permiso? -le dije sin pensármelo dos veces.

-Quizás estoy aquí porque es mi casa y este es mi cuarto.

Esas palabras me dejaron de piedra y no pude evitar pensar en si me confundí o no.

Pero yo seguía en toalla, aunque este chico ni se inmutaba al verme así, entonces vi mi maleta debajo de la cama.

-Entonces si es tu cuarto, ¿por qué está mi maleta debajo de la cama? -se quedó paralizado y entonces vi una tarjeta en la mesilla junto a la lámpara en la que estaba escrito mi nombre.

Este chico va a tener que explicarme muchas cosas.

Nimic mai mult.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora