20 de Mayo.

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20 de mayo de 1940, Cracovia, Polonia.
Mi día comenzó normalmente, al primer rayo de sol mis ojos se abrieron casi sincronizados con el mismo, me preparo para comenzar un día más, me pongo mis fachas para comenzar el trabajo, es algo modesto, carpintería es a lo que me dedico, dejé algo de trabajo atrasado del día de ayer, por lo que sin más preámbulo decidí comenzar a trabajar de forma rápida y eficaz, el día está nublado y gris, algo común por estos lares, sin embargo se siente un toque de frialdad, casi perturbadora y con capacidad de helar la sangre.
"Seguramente es superstición mía" pensé al instante, sin embargo poco después de comenzar a adelantar mi trabajo, toca la puerta de mi taller June, mi esposa, llevamos 14 años juntos y esperamos ir por más, para nadie es un secreto que nuestras familias son de ascendencia judía, vivíamos en Berlín hasta que Adolf Hitler ascendió al poder y las cosas empezaron a ponerse cada vez más tensas en la capital, quisimos buscar algo más relajado y propicio para el estilo de vida que queríamos llevar, Cracovia era ideal, no muy grande, no muy pequeño, el Nazismo no había tomado fuerza aún y mucho menos estaba en su auge.
-Han llegado. Exclamó June con voz apagada y titubeante.
-¿Tan rápido? Le respondí.
Quería tomar una actitud valiente frente a mi esposa, después de todo ser cobarde no es uno de mis atributos, sin embargo esta vez al oír sus palabras, mi piel entera se estremeció y un revoloteo bajó desde mi garganta hasta mi estómago, un tipo de adrenalina enfermiza y nauseabunda.
-Si, se han llevado a varios campesinos del pueblo, hay rumores acerca de un confinamiento para aquellos que portan ascendencia Judía. Exclamó June.
No tuve el tiempo suficiente para responder cuando escucho la puerta de la planta baja del taller ser golpeada por un ariete, provocando un crujido infernal, ellos están aquí, lo sabía y lo asimilé al instante, lo mejor será no poner resistencia frente a ellos.
Los duros golpes resonaban por toda la casa mientras se escuchaban voces chillonas del otro lado de la puerta, no cabía duda alguna de que eran soldados Nazis enviados por el III Raich, nos odian y han venido a exterminarnos, ¿por qué a nosotros? ¿Nosotros somos los malos de esta historia? Estas dudas pasan rápidamente por mi cabeza, sin embargo no hay tiempo para resolverlas, no mientras ellos están intentado perpetrar en mi taller con sus armas de destrucción, era cuestión de tiempo para que lograran entrar.
Las fuertes vigas de madera y el candado chapado en cobre puro no podían aguantar para siempre, sonido tras sonido, golpe tras golpe resonaban con más fuerza, la puerta había comenzado a forzarse y a tallarse por los bordes, veo la primera grieta aparecer en la madera, sabía que no quedaba mucho tiempo, y el poco que había pasado lo había desperdiciado quedándome en Shock con mi esposa June.
Un deseo de libertad se apoderó de mi, de la forma más bestial e inesperada mi instinto humano comenzó a pedir una oportunidad a gritos, casi desesperado, la sangre me hervía y había subido por mi cabeza.
-Tenemos que salir de aquí ahora mismo, June.
Exclamé con toda la determinación y coraje que pude reunir de lo más profundo de mis entrañas, mis deseos de libertad se habían maximizado y ahora no quería más que ver un nuevo amanecer, un sol más con la compañía de mi esposa, no me importa si tenemos que dejar el taller y nuestras vidas con el, agarré un hacha de oficio, un collar de oro con nuestras imágenes y votos de amor grabados y me dispuse a escapar, nuestras almas siguen intactas y rugen por  libertad, seguiré escribiendo.
Stanford Lyne.

El diario de Stanford Lyne.Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang