I
Agua.
Bendita sea el agua que ahora mismo corre por mi cuerpo, me tranquiliza y se lleva todas mis penas.
Gritos.
Malditos sean los gritos que ahora mismo desgarran la garganta de mi amigo, perturban mi sagrada paz y existencia desde el otro lado de la puerta.
— ¡Callate jodido idiota! ¡¿No entiendes que me estoy bañando?! ¡Metetelo en el puto cerebro, cuando alguien se baña lo menos que quiere es que le estén jodiendo la puta existencia! — digo harta ya del escandalo que está causando Leo desde el otro lado de la puerta.
— ¡¿Y tu no entiendes que llevo esperando por ti una vida aquí afuera?! ¡No abuses de mí!— sus gritos vienen acompañados de golpes contra la puerta, y lo que creo que es una patada.
Claro, y se supone que vino aquí a ayudarme a ahogar mis penas y olvidar mi tragedia.
Tragedia.
La mía pasó ayer por la noche, en mi primer día de verano— a las 10:26 pm— mientras navegaba en Instagram y me encuentro con que mis mejores amigas están en PARÍS, FRANCIA sin mí. Claro, después de formar una pelea épica en Instagram caí en depresión o mejor dicho la depresión cayó en mí desde el piso más alto de un edificio y me aplastó, ahora solo queda un sticker de mi persona en el suelo.
Sí, algo así.
Después de mojar la cama anoche— con lágrimas si no les quedo claro — y tratar de suicidarme atragantandome con una tonelada de helado— que en poco tiempo cobrará su factura—. Llega el que se supone que sea mi consuelo soltando gritos desgarradores no solo para su garganta si no que también para mis pobres oídos.
Ahora, volviendo de mi super recorrido espacial.
Ya considero que tengo suficiente rato de dejar caer agua en mi rostro, porque es lo que estoy haciendo, hace rato terminé de lo que realmente significa "bañarse" y ahora solo estoy aquí sumergida en un profundo sosiego preguntándome sobre mi existencia. Porque cuando estas en depresión, te lo preguntas todo y lo lamentas todo. Justo como esa suciedad que veo ahora mismo en el techo y me pregunto porque nadie la habrá limpiado, se debe sentir tan sola allá arriba... sin que nadie la limpie.
Sí, ya estoy comenzando a delirar.
Sacudo mi cabeza al darme cuenta de la incoherente linea que han tomado mis pensamientos, de manera que empiezo pensando en la solitaria suciedad y termino pensando en el calentamiento global y que todos vamos a morir.
Vuelvo a la realidad donde mi amigo golpea la puta puerta, supongo yo, que esperando a que se derrumbe milagrosamente con sus flacuchos brazos de mierda.
Estoy apunto, centímetros, milímetros, de cerrar la ducha cuando abren la puerta— no milagrosamente—, seguido a eso la cortina y a continuación mis ojos de sobremanera.
¿Y qué me encuentro?
Una toalla voladora.
— ¿Podrías apurarte y tomar la toalla? Porque si quieres yo mismo te la coloco.— dice la toalla con cierto fastidio, a la misma vez que cierro la ducha.
— Ok...— digo tomando la toalla y colocándola alrededor de mi cuerpo, todavía con dudas sobre la actitud de la toalla.
Levanto la mirada para encontrarme con el chico que se supone que le sangre la garganta, pero no suena ni un poco afectado.
Leo.
Claro, ¿qué idiota pensaría que una toalla habla y vuela? Pff, por Dios, eso solo pasa en mi mundo de unicornios y vampiros del cual fui inculcada en Wattpad.
