Solo un beso

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Me siento débil, miro el techo blanco de mi habitación intentado buscar una distracción para mi dolor, mi nombre es Gabriela, tengo 25 años y me estoy muriendo, una bala atravesó a un costado de mi pecho del lado izquierdo para ser más precisa y como cualquier persona que ya no tiene apego a la vida me encaminé a mi casa en vez de pedir ayuda.

¿Por qué no buscas ayuda en vez de dejarte morir como un animal?, bueno, solo estoy harta de todo, soy una persona solitaria, sin amigos, familia y mucho menos una novia, tampoco tengo mascotas así que nada me ata a este mundo de sufrimiento, tal vez piensen que solo soy una mujer patética, auto compadeciéndose y rindiéndose ante el maravilloso regalo que es la vida y que creen... eso es lo que soy.

Les contaré como soy para que al menos alguien me recuerde, mido 1.72 m, cabello negro que me llega hasta la mitad de la espalda, piel ligeramente bronceada y ojos marrones, tan comunes como cualquier otro par de ojos, excepto que los míos carecen del brillo de la vida.

Bueno, seguro se preguntaran, ¿qué gran tragedia sucedió para que ya no quisieras seguir con vida?, pues simplemente nunca he sido feliz, las personas en las que confiaba me dieron una puñalada por la espalda en el momento en que más los necesité, mi familia simplemente me olvidó, y el supuesto amor de mi vida me fue infiel, aunque siendo ella debí verlo venir, siempre fue tan...zorra, pero la venda del amor era demasiado gruesa, eso y que estaba el hecho de que no me quería quedar aún más sola, al final ella terminó todo, eso me jode,  me despidieron del trabajo, no tengo dinero, me quitarán la casa y no he comido en una semana. Sí, una vida de mierda y más mierda.

Solo la estoy esperando a ella, Celeste o mejor conocida como la muerte, cada vez que mueres lentamente, estando triste y sin esperanzas, ella viene y te consuela por un momento, platica contigo para que al menos tu último momento sea feliz.

Eso es lo que dicen y sinceramente espero que sea verdad, no quiero morir sola, hasta una persona como yo, que está acostumbrada a estar sola, siente miedo de morir en soledad, es irónico pero cierto.

Ya es de noche, posiblemente las 10 u 11, en este momento mí asaltante debe estar maldiciendo ya que en mi mochila no cargaba nada a excepción de un viejo libro sin valor alguno, lo intenté vender muchas veces.

Toc toc toc, tres golpes en la puerta de mi habitación, es ella, la casa está completamente cerrada, no puede ser nadie más.

-Adelante- le digo con mi voz débil, no me queda mucho, lo sé, mi cuerpo se pone cada vez más pesado, la cama está llena de sangre, no me molesté ni en quitarme la ropa manchada, para qué si la sangre seguirá fluyendo.

La puerta se abrió lentamente hasta que por fin me dejó ver a una mujer de vestido blanco, de cabello color chocolate, unos ojos marrones como los mío, hasta los ojos de la muerte tiene más vida que los míos, su piel es blanca como la leche y mide aproximadamente 1.65 m.

Me observa desde la puerta y con su mirada me pide permiso para invadir mi territorio, asiento con mi cabeza regalándole una débil sonrisa que rápidamente desaparece mientras intento que no se transforme en una mueca de dolor. Ella se acerca lentamente con una mano que poco a poco se va levantando, como si estuviera tratando con un conejito y no quiere asustarlo con reacciones bruscas, cuando  llega al borde de la cama y se sienta en él sin quitarme los ojos de encima, tal vez si parezco un pobre animal herido o eso es lo que soy, lentamente acerca su mano hasta que rosa mi mejilla, y ese roce se transforma en una cálida caricia, su cuerpo es más cálido que el mío, enserio estoy jodida.

Me gusta su tacto, es suave y relajante, me hace sentir bien, tal vez pensarán que estoy demente por el hecho de que me agrade el tacto de la mismísima muerte pero créanme que cuando jamás has sido tocada con tanta delicadeza y cariño, que sientes esa sed de tacto ajeno, te conformas con la más mísera muestra de compasión y esta caricia para mí es como un banquete el cual tengo que disfrutar lentamente por el miedo a que termine.

El beso de la muerteStories to obsess over. Discover now