Una Oportunidad

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Ya casi son las 3:00 p.m. cuando el taxi me deja en la entrada del centro comercial. Estoy hecha un manojo de nervios; tanto así, que casi no logro darle el cambio exacto al taxista. Este me ha mirado por el espejo retrovisor con una cara de "pobre loca". Porque negarlo, es verdad...parezco salida de un manicomio.

Una vez dentro, me dirijo al baño más cercano para darme una "manita de gato" y calmarme un poco. "Esta vacío. ¡Perfecto!" Los fines de semana me encanta venir a este centro comercial porque todo está tan bonito, espacioso y limpio. Especialmente los baño. Justo en la entrada a la derecha hay un enorme espejo de cuerpo entero. A un lado, un silla tipo Luis XV color limón y frente a el, un recibidor con una curiosa vasija llena de popurrí.

Coloco mi cartera en la silla y me miro al espejo. "No puedo creer como puede dejar que me convencieran otra vez a una estúpida cita a ciega. Eso sí, esta va a ser la última vez. No me importa que me quede soltera de por vida." Así es, como me encuentro en este dilema. Mi mejor amigo (a quien matare mañana), ideo un maquiavélico plan para reunirme con un amigo, de un compañero de trabajo de él. ¡Un amigo de un compañero de trabajo! Alguien que ni siguiera él conoce, ni tiene idea, pero que le pareció que podría ser bueno para romper mi aburrida rutina.

"Ni modo ya estoy aquí, qué más puedo hacer..." me digo resignada. Empiezo a cepillar mi cabellera rojiza para darle algo de volumen. No es que tenga problema para encontrar novios a mis veintiocho años. El problema es que son poco los hombres decentes en la calle y sobre eso que puedan llamar mi atención. Por ejemplo Manuel, hermoso bronceado, grandes brazos y pícara sonrisa. En su primera cita ya quería comerse el pastel sin haberlo cocinado. Ni hablar de Juan Carlos. Con apartamento propio, carro del año y nada en la cabeza... ¿Porqué? Resulta que todo se lo dan sus padres. ¡Qué felicidad nacer en una cuna de oro! ¿No? Sin embargo, otras personas tienen que trabajar desde que salen de secundaria y con mucho esfuerzo, pagarse una carrera universitaria para tener una mejor oportunidad de empleo. Sobre esto, asistir a seminarios, charlas y actividades sociales para hacer el "networking" apropiado...

"Es mucho pedir un hombre emprendedor, con algo en la cabeza, decidido y en un atractivo empaque..." suspiro mientras me paso el polvo compacto por mi rostro. Soy independiente, decidida y de un carácter fuerte. En mi trabajo eso me convierte en la mejor. No es de sorprender que por eso, estoy a cargo del departamento de control de calidad para la empresa en cual trabajo. Pero debajo de todo esta fría armadura que llevo todos los días, sigo siendo yo. Una mujer.

Termino de aplicarme el labial color coral. Me miro en el espejo largamente y por mi cabeza cruza una duda... "porque David quiso que saliera con alguien". Recuerdo la primera vez que lo conocí en la universidad, en mi primer año. Llego a mitad del cuatrimestre; para entonces no podía faltar ni una clase más. Se unió a mi grupo de trabajo y desde entonces se convirtió en mi amigo. Él es una caja de sorpresas. Puede algunas veces ser extremadamente serio, frío y analítico. Otras bastante relajado, gracioso y pícaro. Me mata de risa cuando le cuentas un chiste y a los 10 minutos se empieza a reír sin parar; porque capto de que se trataba. ¡Hasta lagrimita le sale! Así es David. Es mi mejor amigo...y me tendió una trampa con está estúpida cita a ciega. "Ojala que este 'bueno', porque sino mañana se las vera conmigo el concha su madre." digo en voz alta. Sin darme cuenta tengo una señora que está peinando a su niña detrás de mi. "Lo siento" digo totalmente apenada. Sin importar, me ha fulminado con la mirada. -Está también te la cobrare mañana...- me digo a mí misma mientras tomo mi cartera y me dispongo a encontrarme con lo inevitable.

Llego al segundo piso del centro comercial donde hay una cafetería de Juan Valdez. No hace mucho que la abrieron y es un éxito. Lo cual no es de extrañar; porque nuestro café es igual o mucho mejor que nuestro hermano Colombia, pero aquí en Panamá todo es por fama. Por ejemplo... aunque estamos acostumbrados a tomar el café fuerte, igual iríamos a un Starbucks, por moda.... ¿Qué pendejo que somos verdad? - y por lo visto hoy seré parte de la estadísticas de pendejos así que pediré un cappuccino.

Me siento a revisar mi celular, por si acaso hay algún mensaje de texto que me salve de este bochorno. Algo así como que no vendrá, pero para mi sorpresa es un mensaje de David. Rápidamente lo abro para ver de que se trata.

-Ya estas en el mall? Prometiste que ibas a ir-
-sí, aquí estoy en Juan Valdez esperando. Si es un bagre te mato- le respondo
-ha ha ha... tranquila que bagre no es... tiburón quizás ;) -
-oh x dios! Un player te matare igual!-
-mujer!!! Que difícil de complacer... qué es lo que quieres- me responde

Hay David, has golpeado el muro de los lamentos de toda mujer. Ese es el dilema que nos enfrentamos casi a diario y en todos los aspectos de nuestra vida... no sabemos lo que queremos en realidad.  Creemos que sabemos, pero al final no tenemos ni la más minúscula idea.

-solo quiero pasarla bien; así como cuando estoy contigo.... 0 estrés. Me da igual si es ballena o delfín-
-ok! Eso ya es algo... pero ballena ha ha ha no soy tan malo contigo. Te prometo que la vas a pasar bien-
-gracias, te llamo cuando llego a la casa- le respondo y guardo el celular.

Pasan 15 minutos y nada. Mi cappuccino empieza a enfriarse y mis ansias también. -El imbécil, me planto.- pienso. Ya estoy entrando en la fase del patito feo. Las manos me comienzan a sudar, el corazón empieza a latir súbida intensidad. Me están entrando los nervios. -Me gustaría que David estuviera aquí conmigo. No estaría tan estresada.- me digo mientras le doy el ultimo sorbo a mi café.

En ese instante, una mano tocan mi hombro derecho. Volteo a ver de quien se trata y para mi sorpresa es David. Sin pensar, me levanto y le doy un fuerte abrazo. En este momento ya no me importa si mi cita viene o no. Si descubro lo que quiero, si soy bonita, si me quedo sola o si encuentro a alguien. Me siento en paz. Me siento que pase lo que pase, estaré bien. Así me hace sentir su abrazo. Así me hace sentir él.

"David tu amigo no ha llegado, pero me alegra que estés aquí." Le digo plantándole un beso en la mejilla.
"...Pero quien dice que no ha llegado, Kathy" me contesta sin soltarme del abrazo. Su voz suena a un ronroneo y no entiendo lo que me dice. Acaso será que vinieron juntos porque tiene pena de llegar solo. Volteo el rostro a mi alrededor tratando de encontrar alguien que este esperando a lo lejos y le digo "No entiendo... ¿donde esta?" Me toma de la mano, me mira profundamente y dice... "Bagre no soy, ni un tiburón, ballena o delfín.... Solo soy yo. Un salmón dispuesto a saltar contra la corriente para ser más que un amigo, porque eso es lo que quiero... y si tú me lo permites."

Mi mente se ha quedado en blanco. Creo haber escuchado algo pero no logro ponerlo en orden en mi cabeza. Es una situación que no la vi venir. ¿Como paso esto? ¿Cuándo, que no me puede percatar de lo que sentía él por mi y este burbujeo en el estómago?  Me acaricia los nudillos, mientras se dibuja en su rostro una sonrisa...
"Yo soy a quien esperas. Soy tu cita. Kathy yo siento algo por ti desde hace algún tiempo y quiero que me des una oportunidad. También fue una sorpresa para mi darme cuenta, pero sé que sientes igual que yo... qué me dices"

En ese instante, cae en mi como un relámpago que es cierto, sí quiero estar con él. Que entre nosotros ya hay más que una amistad, pero que no había explorado la posibilidad de ello. Por un instante quiero creer que este puede ser el principio de un nuevo capitulo. Uno que puede tener un final feliz.

"Estoy feliz que estés aquí y para ser honesta, no puedo pensar en nadie más con quien quisiera estar... vamos a darnos una oportunidad y veremos que pasa."

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