Capítulo uno

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La puerta de la habitación se cerró estrepitosamente y la causante de esto frunció el ceño y se tiró directamente a la cama recordando lo que su amigo le había arrebatado aquel mismo día

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La puerta de la habitación se cerró
estrepitosamente y la causante de esto frunció el ceño y se tiró directamente a la cama recordando lo que su amigo le había arrebatado aquel mismo día. El ruido de una notificación sonó, en la mesita de luz se encontraba su celular demostrando en la pantalla el mensaje de la misma persona por la cual estaba pensando.

-Hola, Elizabeth -decía el mensaje-. Sé que estás enojada por lo que hice hoy, pero sólo quiero saber como te encuentras.

-¿Desde cuándo te preocupas por mi? - contestó ella.

-Qué pregunta más estúpida. Siempre lo he hecho.

-Pues, no lo demuestras.

Al otro lado de la pantalla, él no pudo evitar enfadarse por lo que ella le había escrito.

-¿Acaso lo que hice hoy no es una prueba de que sí me preocupo por ti? Liz, no quiero perderte.

-Bueno, sí, lo siento -confesó-, pero no puedes sacarme mis cosas, por algo son mías y sea lo que sea que haga con ella es mía y quiero que me la devuelvas!

-Jaja si claro, sueña con que lo voy a hacer


-Luke no estoy bromeando, quiero que me lo devuelvas -volvio a escribir enojada

-No te lo daré hasta que no aprendas que es lo mejor para vos

-Dejare de hablarte si no lo haces, te ignoraré por completo ¿Quieres eso?

-No Liz, sabes que no es lo que quiero, pero no puedo darte algo sabiendo que te vas a lastimar con ello, me duele que te lastimes -admitió y aflojó su postura

La conversación quedó muda por unos minutos, ella ya no quería hablar del tema y él no sabía qué más decirle pero tampoco quería cambiar de tema. Diez minutos después él le preguntó si ella se encontraba enojada.

-Sigues enojada?


-No me enojé -escribió, pero en el fondo sí estaba un poco molesta-, solo no hagas cosas estupidas

-¡Que no es estúpido por dios Elizabeth entiende! Tienes que conseguir ayuda

-Sisi bla bla bla -Ella sabía que era un tema serio, pero ella no le daba la importancia ni la seriedad que se merecía.

Ella sabía como buscar ayud, pero sentía que sus problemas no eran la gran cosa. Pero él tenía razón, tenía problemas. Aquellos «asuntos» la hundían cada vez más en una depresión sin salida y sin vida. Creía que no tenía de otra, ella comenzó a abrir su piel con alguna navaja que tenía a la mano solo porque, al menos, la hacía sentir más aliviada aún sabiendo que algún día podría no volver a despertar. Físicamente le dolía, sí, pero al ver la sangre salir de su cuerpo sentía que, también, aquel líquido espeso se llevaba el dolor que la pateaba por dentro. Esta autolesion demostraba que Elizabeth no podía expresar sus frustraciones por medio de palabras y simplemente lo hacía y lo hacía. Internamente, Elizabeth siempre quiso encontrar las palabras para que se sepa de sus emociones pero los únicos que hablaban fueron sus brazos, y para colmo, estos mismos eran escondidos debajo de las mangas de suéteres, sudaderas o camisas. Elizabeth, después de leer el mensaje de su amigo, le echó un vistazo a su frágil y delgado brazo izquierdo. No pudo ver los cortes, solo la gaza con la que los envolvía y escondía, no obstante, ella sentía que podía ver a través de esa tela y ver los dolorosos tajos en su antebrazo. Una lágrima se resbaló en su rostro, ya no quería hablar más de eso.

-¿Cómo vas con tu carrera?

Luke se enfureció más, una vez más, ella le cambió de tema. Pero al mismo tiempo, pudo entenderla un poco.

-Complicado, pero me gusta, supongo.

A Luke no le gustaba tanto la carrera que estaba estudiando en la facultad. Era Derecho, algo muy complejo para un chico algo flojo como él en las tareas.

Siguieron hablando de sus carreras hasta que llegaron al punto en el que el sueño les ganó y se durmieron.

Princesa Where stories live. Discover now