Marzo, 2008
La ciudad ya estaba iluminada por la luces artificiales cuando el avión aterrizó; había sido una semana de locos, nueve días antes todo pintaba de maravilla, serían unas vacaciones para no olvidar, imposible olvidar una cosa así, todo fue minosiosamenrte planeado a la perfección, la primera salida en familia al extranjero, los paseos, las compras, todo eso ahora no tenía sentido. La vida de los señores M y la de sus dos hijas no sería la misma desde aquel trágico accidente.
Fue inevitable lo que esa noche paso; el destino llega a poner demasiadas jugadas en el camino, una familia cordial, de valores, si bien no del todo rica, si de una muy buena posición económica, terminaron sus vacaciones en una sala de hospital. — Que su hija este viva es un milagro — les habían dicho los doctores, pero ellos solo pensaban en regresar a casa. Ya le habían dado el alta, sólo esperaban para llevarse con ellos a su hija, todo lo demás lo solucionarían, eso hacían siempre ante cualquier situación, aunque esta claro, no era cualquier situación, tenían que sacar a su hija de ese país como fuera.
Al llegar a la casa, todos se dirigieron a la cocina, no por que tuvieran hambre, no, ellos sabían que en la cocina se lograba solucionar CASI todo, ahí llevaban a cabo cada una de sus reuniones familiares, charlaban todos los problemas que tenían, la familia que no se guardaba secretos, raro, pero verdad, los padres le decían todo a sus bellas hijas, las tenia acostumbrabas a hablar siempre con la verdad, a ser sinceras, acaso ¿Un secreto oscurecería a esa familia ejemplar?
— Hijas — Hablo la madre de las niñas — Su padre y yo, hemos cómo decirlo cambiar totalmente nuestro estilo de vida, para ello debemos trabajar como la familia que somos, para ser más clara, nos iremos de vivir a otra ciudad
— Yo no me quiero ir — Hablo una de las niñas — Me gusta aquí
— A mì igual —Le apoyo su hermana
— Me temo hijas, que esta vez sólo les estamos avisando lo que pasará, es mejor irnos de esta ciudad, ya escucharon los que nos han dicho en Europa y ... podrán ver más a los abuelos — Añadió la señora M
Las niñas sólo se miraron, no comprendían los cambios tan radicales, la comida, el cambio de casa, todo les resulto muy extraño, y difícil de asimilar.
— Ya que les hemos dicho los cambios, de aquí en adelante también tendremos que salir de México de vez en cuando, ya saben a lo que nos referimos ¿verdad? — Hablo el señor M.
Las niñas solo movieron la cabeza para seguir escuchando, como no saber de que se referían sus padres, ellos se miraron fijamente y el señor M continuo
— ¿Cómo te sientes hija? — Se dirigió a una de las pequeñas
— Bien - contesto un poco cansada — A veces tengo ganas de vomitar, pero me siento bien papi
— Y tù princesa — Le hablo a su otra hija
— Mejor Papá, yo ya no tengo náuseas, ni me ha dado fiebre, pero me duele un poco la cabeza — Respondió cabizbaja — Solo un poquito
Les dirigió una sonrisa a sus hijas y le dirigió a su esposa una mirada de complicidad
— Mi vida, creò que las niñas deben comer algo — le dijo la Señora M a su esposo — Vayan a lavarse las manos y regresan
Las niñas salieron corriendo de la cocina y su madre se puso a preparar la cena y ella rompió el silencio
— Lo superaremos mi vida — empezó a servir leche en dos vasos
— Sigo sin creerlo
— Debemos aprender a vivir con ésto - llevo los platos a la mesa
— Acaso ¿Hice algo malo para que esto pasara? ¿He sido tan malo?
— No amor, no lo veas así - le tomo la mano a su esposo - Ya lo han dicho, podrá hacer una vida normal no le afectara mientras - lo miro a los ojos — Estemos para ella, y lo sabrá afrontar cuándo llegue el momento
Las niñas entraron corriendo a la cocina; se veían alegres, felices de estar en casa, aunque sabían ya que solo seria por unos días.
Hasta aquí como inicia esta historia, llena de misterios y secretos. Espero al historia sea de su agrado.
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La Chica Que Amó De Más
Teen FictionElla, una persona "normal" enamorada de la vida y de los misterios de esta. Él, un Galán, todo lo que en apariencia se puede pedir de un chico, sensible, cariñoso, pero en el interior desconfiado, lo que alimenta al gran monstruo de los...
