Era ella

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Escéptico y travieso. No esperé tampoco de su mente salir ileso, escuchando rumores de que en sus pensamientos podría quedarme preso, y sentirme adicto a conocerla como si fuera necesaria sin tener que serlo.

Divagué por sus recuerdos tratando de encontrar ese secreto que me intrigó desde que la conocí, su peculiar manera de siempre ser tan genuina como una niña que con inocencia espera de todos lo mejor. No me interesa lo malo, dejaré eso por privado como viento que sopla sobre un árbol ya doblado.

Si pudiera encontrar su secreto, podría divulgarlo a todos y quizás crear un cambio. Destruir el interés que a la humanidad está matando poco a poco y sin cesar. Tantos valores atesorados en una sola mente, una sola mujer, una sola perfección imperfecta, si, es imperfecta por no sentirse tan perfecta como es para mí.

Quisiera entonces tener la fuerza para haber acumulado tanto como ella lo hizo. Sin embargo, a pesar de su resiliencia, está rota por la vida, tan rota que no tiene ánimos de seguir, de experiencia llena, pero de felicidad tan vacía. ¿Será este el precio a pagar por haber intentado no rendirse ante la maldita inconsistencia humana? Su corazón ya no late como lo hacía por tan numerosas grietas, por cada latido, su corazón se encoge, derrama sangre como si la sangre fuese su alegría, y poco a poco se ha ido secando aquella que algún día creyó poder comerse al mundo pero ahora al acostarse, su irónica compañera es una desolladora agonía.

Poder MalditoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora