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Pesadillas.

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El instinto lo domina y rige por encima de todo. El animal actúa en cuanto reconoce el olor, no hay necesidad de pensar, pues el lobo es impulsado por el instinto.

Mientras la parte consciente de Remus Lupin grita y ruega para que se detenga, que no haga nada, que pare... El lobo trata de sacar aquello de su interior.

Hombre y animal aúllan de dolor cuando las garras rasgan su pecho.

Ahí esta el olor nuevamente, esta vez más cerca. El lobo levanta su cabeza en dirección a la luna, la maldita causante de toda sus desgracias, de todos esos dolores y cambios insufribles e interminables, suelta un aullido que penetra en la eternidad de la noche.

Corre y sigue corriendo en la frondosidad de aquel bosque, guiado por la mezcla de olores.

Pasto.

Tabaco.

Quidditch.

Remus los tiene grabados a fuego en su mente. Son los olores que percibió en la clase de Pociones cuando prepararon la poción Amorentia, los olores que lo acompañan la mayor parte del día, que siente cada mañana, que se impregnan muy hondo en su ser cuando él lo abraza.

Sirius.

Remus Lupin esta aterrorizado.

El lobo sabe que el ataque sorpresa es su mejor arma, sus sentidos, ampliados por el efecto de la luna, le permiten conocer el terreno de mejor forma.

Lo divisa al fin, su negro pelaje en la lejanía, tan oscuro que lo camufla a la perfección con la oscuridad del bosque, pero no es suficiente.

El lobo avanza, pero una rama se rompe bajo el peso de su pata. El perro negro, que ha estado olisqueando el aire buscando alguna señal se gira ante el sonido y se pone alerta. En cuanto reconoce al causante baja la guardia, incluso mueve la cola y ladra, confiado.

Error.

El lobo sabe que el momento de atacar es ahora o nunca, y debe aprovecharlo.

Remus suelta un grito desesperado, tratando de avisar al perro, pero es inútil, pues el lobo ataca y el perro no consigue actuar a tiempo.

Lobo y perro se embarcan en una pelea con gruñidos, mordiscos, sangre y saliva en la cual el primero lleva la ventaja. A Remus se le parte el corazón con cada gemido proveniente del perro.

-¡SIRIUS! ¡POR FAVOR, CON SIRIUS NO! ¡NO! ¡SIRIUS!- grita Remus, cada vez más destrozado y desesperado.

A pesar de su inmensidad, el perro negro va perdiendo fuerza, y ante la extrañeza del lobo, se va encogiendo y perdiendo pelo. El lobo observa ensimismado la transformación del perro a un masacrado y sangrante humano.

-R... Remu...s me las...timas- murmura un Sirius cubierto por su propia sangre, destrozado, y mirando directamente a los ojos dorados del lobo, a los ojos dorados de Lupin, con terror y pánico.- D...detente... Rem, due...duele.

PADFOOT! ¡MERLÍN, NO ME DEJES! ¡YO NO QUERÍA! ¡PERDÓNAME SIRIUS, POR FAVOR!- un Remus enloquecido ruega, grita, implora y llora.

Remus pasa las garras del lobo por su propio cuerpo. Se siente sucio y maldecido, se odia a si mismo y al monstruo que es.

-...detente- Sirius emite un nuevo quejido, el licántropo le mira a los ojos y se pierde en ese grisáceo tan penetrante, que más de una vez le han recordado a la luna que siempre le atormenta- Moony...

《Pesadillas》Wolfstar.Stories to obsess over. Discover now