I.

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- Muy bien entonces yo me quedaré con los muebles de la sala y tú con los de la recámara.

- Exactamente, si te hace falta sacar algo recuerda que tienes hasta el domingo a las 7 de la noche -unos mechones caramelo de su desarreglado moño se soltaban y le enmarcaban el rostro-, después de eso los nuevos dueños tomarán posesión del departamento, se cambiaran las chapas y todo eso -mencionó ella sin importancia acabando se cerrar las últimas cajas con lo que solía ser su vida.

- Gracias por recordármelo, lo había olvidado -comentó Bruno incomodo. Lo cierto es que no recordaba nada últimamente, solo se concentraba en tratar de recordar la última vez que había visto a Liv tan seria, no era típico de ella esa expresión de frialdad e indiferencia.

- Lo sé, tú siempre lo olvidas todo -comentó ella con un sonrisilla triste bailando entre sus finos labios perfectamente pintados de rojo.

- Emm... Sí... Este...

- Toma -dijo Liv devolviéndole el anillo-. Yo... -de repente había perdido la voz, las palabras que había ensayado para decirle en ese momento a Bruno, se habían esfumado como todo lo demás en el pequeño apartamento.

- No -exclamó Bruno-, quedatélo después de todo, es tuyo.

Y era verdad, lo supo en cuanto vio ese sencillo pero hermoso anillo en el aparador de la joyería, supo que a Liv le encantaría.

Era perfecto, casi tan perfecto como ella.

Bruno sabía que Liv odiaba la excentricidades, y lo cierto es que las cosas más sencillas, suelen ser las más bellas, tal y como Liv lo era.

Ella era su pequeña rata de biblioteca, su come libros personal para no dejarlo dormir por las noches por qué simplemente no podía soltar el libro de entre sus delicadas manos, él la molestaba fingiendo que odiaba que leyera cuando trataba de dormir, ella sólo lo despachaba con la mano y seguía con su lectura mientras Bruno la miraba con adoración fingiendo que ella no lo sabía y mientras ella fingía que él dormía.

Había ocasiones en las que Bruno se quedaba dormido contemplando al bello ángel que tenía a su lado, mientras la lámpara de noche iluminaba su dulce rostro, él veía su pequeña nariz fruncirse cuando estaba demasiado ensimismada en la lectura, su sonrisa misteriosa cuando algo que sucedía la ponía feliz, la sorpresa que en ocasiones reflejaban sus ojos; Bruno simplemente amaba esa lámpara casi tanto como a ella, pero no quería quedársela, porque sin el rostro de Liv a su lado para iluminar cada noche, no valía nada para él, solamente evocaba recuerdos de un pasado perfectamente feliz que ahora era lejano y doloroso, eran recuerdos que le mantendrían presente que ella ya no estaba a su lado.

Había veces en que los sollozos de Liv lo despertaban de su profundo sueño, él solamente la abrazaba contra su pecho, apagando la lámpara, colocando en la mesita el libro y los lentes de Liv; ella escondía su rostro entre el cuello de Bruno, sollozando; mientras él escuchaba las razones de su llanto, que porque había muerto un personaje, que porque el héroe dejó a la heroína, que porque no podían estar juntos; y un montón de sandeces más que para él no tenían sentido alguno pero que, sin importar qué, obtenían toda su atención por el simple hecho de que para ella eran importantes; y así, después de desahogarse, Liv caía en un profundo sueño entre los brazos de Bruno, que nunca la soltaba, ni dejaba de acariciarle la espalda mientras le susurraba contra el cabello que todo estaría mejor al despertar al día siguiente.

- Pero tú...

- Sí, sé que yo lo compre -respondió con una media sonrisa melancólica-, pero quiero que lo conserves, lo compre para ti.

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⏰ Last updated: Jan 07, 2018 ⏰

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