Capítulo 1

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- ¡Abbie, despierta! -gritó mamá

- ¡Ya voy! - respondí fastidiada.

Tenía muchas ganas de ver a papá, demasiadas. Lo habían trasladado por el trabajo temporalmente. No es la primera vez que vamos a verlo, ya habíamos ido varias veces, algunas con mamá y otras con mi hermana, Alexa.
Me levanté, y tomé una ducha. Honestamente no quería pasar tantas horas en un avión, era tan... Fastidioso. De seguro me tocaría sentarme al lado de alguien que grite cuando despeguemos o por cada turbulencia que hubiera, cosas así me habían pasado antes.
Esos y mil pensamientos más pasaban por mi cabeza mientras me duchaba, era una persona de esas que piensan mucho acerca de cosas muy extrañas, y debo admitir que en cierto modo me gusta.
Me vestí y enseguida bajé a desayunar, Alexa y mamá ya se encontraban allí, mirando algo en la televisión que no pude distinguir hasta que me acerqué.

- ¿Qué ven?
- Algo llamado "noticiero" - respondió Alexa. Sonreí ante eso.

Me senté con ellas al frente de la mesa, y puse mis ojos en el noticiero; todo era caos, disparos, muertes, ¿personas que mordían a otras? ¿Qué carajos era todo eso?

-Son "caníbales" - dijo mamá, como si me estuviera leyendo la mente. -Lo sabrán controlar, no es nada que preocuparse.

Debo admitir que esta situación me preocupaba, me llevaba a pensar varias cosas como: ¿qué tal si no lo podían llegar a controlar y todo el mundo queda lleno de ellos?
No seas estúpida. -pensé.

Una hora después nos encontrábamos yendo hacia el aeropuerto, desde ahí iríamos solas.

-Escribanme a cada rato, mándame un mensaje cuando lleguen y denle saludos a su padre por mí, quisiera poder ir con ustedes pero alguien tiene que quedarse aquí con su abuela. Ella no está del todo bien.- y era la típica madre.
- Está bien mamá, te haremos saber cuando lleguemos. Él entenderá lo de la abuela, no te preocupes. -la abracé- te quiero.
- Y yo a vos, muñeca. Cuídate. -sonrío y yo le devolví la sonrisa. Luego se despidió de mi hermana, lo cual no presté mucha atención y casi no escuché nada a excepción de un "cuídala".

Unos diez minutos después nos encontrábamos arriba del avión. A mí lado se sentó una mujer ¿embarazada?, parecía ser buena persona.

-¿De cuántos meses estás? -pregunté. Ella me miró con una cara extraña.
-¿De qué me hablas? - preguntó aún con esa extraña expresión en su cara.
-Ya sabes, el embarazo.
-¡No estoy embarazada! -me fulminó con la mirada y entendí que había quedado bastante pegada. Me quedé callada por un rato.
Ya me había empezado a dar hambre. Fue entonces que saqué un bowl con galletas que mi mamá había preparado el día anterior y le invité a la mujer.

-¿Quiere? -le mostré las galletas.
-¿De qué son? -preguntó.
-Oh, no tienen nada raro. Harina, azúcar... Ya sabes, las cosas normales. -en realidad mamá siempre las hacía así para mí, normales. En cambio, a Alexa le gustaban con maní.
-Bien. -agarró una y le dio un mordisco. Disimuladamente puso la otra parte de su galleta mordida en mi bowl. Me di cuenta y la miré con cara de "¿en serio?"
Pasaron unos minutos y la mujer empezó a toser, cada vez más, y más. Se estaba hinchando, cada ves estaba peor. Un médico no demoró en aparecer.
-Es una reacción alérgica.-dijo la doctora. Era morocha, alta. Con los ojos oscuros.
-Maní. -dijo con dificultad.
-¿Es alérgica al maní? -preguntó la doctora.
La mujer me miro enfadada, y luego le siguió la enfermera, quien entendió todo. Abrí los ojos como plato. No sabía que las galletas tenían maní. Seguramente mamá se había equivocado de bowl y me dio el de Alexa. A ella tampoco le iba a gustar la noticia.
-Perdón, es que yo no...
-No importa. -me interrumpió la doctora.
Seguido eso, la doctora y otros más se llevaron a la mujer a donde no pude ver. Pasó un largo rato y de repente un chico se sentó en ese mismo asiento donde estaba la mujer.
El chico parecía de mi edad. Su pelo era castaño, algo largo. Sus ojos azules y me sonrió en cuanto lo miré. Pero, ¿y la mujer? Seguramente habría pedido que la cambiaran de asiento.

Y justo ahora que me caía tan bien. -pensé y reí para mí misma.

-Con que eres la chica problemática -dijo el chico sonriendo.
Pude sentir como me ponía roja de un segundo al otro. Yo seguía mirándolo, sin saber qué decir. -¿Qué pasa? -preguntó.

-No, nada. Es solo que... -hice una pausa, y el me seguía mirando como intentado buscar una respuesta. Él río. Su sonrisa era hermosa. Después de unos minutos, él sacó un cómic de su mochila y empezó a leer.

-Leí ese cómic -le dije. Él volvió sus ojos a mí.
-No te atreverías a contarme el final, cierto? -dijo medio como suplicando.
-Chance muere. -le dije. Y su cara se puso seria, una especie de "voy a matarte"- es mentira. - reí y miré hacia donde se encontraba mi hermana.
- ¿Acostumbras a hablar con todos los pasajeros? -río, y yo hice lo mismo.
-A veces.- respondí
-¿Cuál es tu nombre?- lo miré y de inmediato respondí.
-Abbie, Abbie Steve.
-Un gusto. Soy Carl Grimes. -nuevamente sonrío. Era simpático, y sobre todo muy lindo.

Transcurrieron horas. A veces hablábamos, y otras él se concentraba en su cómic. Yo solamente pensaba en qué habría quedado todo eso de los "caníbales".
Estábamos a punto de aterrizar, y cuando lo hicimos una mujer apareció en el avión. Estaba vestida con una camisa blanca y unos jeans.
-Hemos aterrizado. Pero informamos que hay situaciones de peligro en este aeropuerto, y es por eso que no dejaremos a nadie bajar.
Esto provocó un gran alboroto en todo el avión.
-¡Nuestras familias nos esperan afuera! ¡Tienen que dejarnos salir! -dijo un hombre que no pude ubicar.
-¡No es su decisión! ¡No pueden mantenernos encerrados acá mientras nuestras familias mueren! -está vez fue otra persona la que habló.
Todos comentaban cosas parecidas. De pronto apareció un guardia y firmemente dijo:
-¡Lo hacemos por el bien de todos ustedes! ¡sus familias están muertas a estas alturas con el caos que hay afuera! ¡No queremos perder más personas!
Eso no fue muy alentador que digamos...
-Me alegro de estar con mi familia justo ahora.- dijo Carl. Ante eso lo miré y enseguida bajé la mirada. Pensé; ¿y qué tal si no vuelvo a ver a mi padre, o a mi madre? Pensaba todas esas cosas y muchas más pocas alentadoras.
-Perdón.- dijo Carl y me tocó el hombro.
-No pasa nada.- lo miré y le dediqué una sonrisa falsa.- ¿Qué sabes acerca de esas cosas?

-Lo que sé es que todos tenemos ese virus que nos hace transformarnos en esas cosas cuando morimos. Se alimentan de los vivos.-él me estaba mirando, y eso me ponía nerviosa.

-¿Cómo?- Literalmente no entendía casi nada de lo que me decía, y sé que podía explicarlo mejor.

-Cuando una persona muere, de cualquier manera, regresa. Excepto que hayan dañado su cráneo hasta llegar al cerebro. Por eso es que para matar a uno de ellos, tienes que darle en su cerebro.- él sabía lo que decía. Pero yo no sabía si creer. Lo miré confundida y luego hice un pantallazo de lo que era el avión.

Un caos total. Gente se levantaba y golpeaban todo lo que estaba a su alcance.
Insistían en salir de ese avión. Por más que afuera fuera mucho peor. De pronto uno de los tantos hombres enfurecidos golpeó al guardia. Este quedó en el piso, aturdido por el golpe, pero aún así siguió hablando como si no le hubiera molestado.

-¡Escuchen! -gritó el hombre.- ¡Nos dirigiremos hacia a un refugio, todos serán bienvenidos allí, y podrán sobrevivir! -algunas personas querían ir, otras no entendían, pero la gran mayoría seguía insistiendo en bajar del avión.

-Bien, ¡Escuchen! -hizo una pausa- Todas las personas que quieran sobrevivir y dirigirse al refugio pueden hacerlo, pero también abriremos la puerta para todos aquellos que quieran morir intentando buscar a sus familiares en medio del infieno.- dicho esto abrió la puerta e hizo un gesto como para que pasáramos. Todos se amontonaban para salir y
Estaba buscando a mi hermana con la mirada. No podía encontrarla, hasta que ella lo hizo. Nos dirigimos hacia la puerta, donde había una fila larga. La gente se empujaba, era un caos.
Tras unos minutos de intentar salir caí en el suelo a causa de los empujones. Alguien me estiró la mano. Era él. Carl Grimes.

-¿Te irás? -me preguntó.

-Lo haré, quizás mi padre esté con vida. Quiero arriesgarme.- le contesté.- ¿Irás al refugio?

-Mamá piensa que es lo mejor para nosotros.-bajó la mirada.- Oye, cuídate.

-Igual tú, Grimes.

Le agarré la mano a mi hermana para no separarnos entre tanta gente y seguimos caminando hasta que por fin logramos salir del avión.

Just keep walking. ~Carl Grimes.Where stories live. Discover now