Lorenzo sacó lentamente un cigarrillo de su desarreglado pantalón.
Lo observó.
Con su otra mano, tomó el encendedor; la llama comenzó a brillar al compás de la luna.
Una calada. Otra más. Inhalar, exhalar.
Y un cigarrillo más, y otro, y otro, y otro.
En su interior, no sabía qué motivos despertaban esta adicción.
¿Era él?
¿Eran los demás?
¿Era ella?
¿Era la sociedad en la que vivía?
Aún lleno de preguntas sin aparentes respuestas, tenía algo muy en claro; el Rock le había salvado la vida.
Lorenzo no era un chico normal, o por lo menos eso pensaban todos. Aunque nunca tuvo problemas económicos, si se caracterizó por sus grandes problemas psicológicos. Lorenzo era un buen chico, pero no encajaba en el resto de la sociedad. Nunca encajó. Y la cruda verdad es que él solo tenía un interés en su vida; su propio bienestar. ¿Amor? No. Él estaba una noche con una chica distinta. Nunca se había enamorado. Nunca había conocido a esa mujer que lo haga dudar de sus sentimientos, de su forma de ver las cosas. Era fiel solamente y exclusivamente a él.
Este egocentrismo descabellado sin duda se entrelazaba con estos problemas; Lorenzo no tenía una mente similar a los otros chicos de 18 años. Pensaba demasiado, analizaba profundamente cada detalle de su vida. Aunque nunca nadie lo supo, ni si quiera sus presentes padres, a los 15 años pasó por una etapa de depresión. Él recordaba ese lapso de su vida cada 5 minutos. A esa edad, pensaba que no servía para nada, que era un idiota, que nunca nadie lograría entenderlo, que su vida no tenía sentido alguno, y que cualquier cosa era mejor que él. Algunas de estas suposiciones de Lorenzo se afirmaron, aunque solo la minoría.
No fue fácil para él superar este trágico momento. Pero un día, luego de casi unos largos y devastadores 5 meses, tirado en su cama, miró lentamente al cielo y sintió una luz en su interior; una luz que nunca había sentido.
-Basta. –Se dijo, a sí mismo, mirando el techo.- Ya me cansé de esto, yo no debería pasar por esto. Yo puedo ser mejor que cualquier persona que me proponga.
Así fue como su vida cambió inmediatamente, tras solamente esta simple y seca frase. Juró nunca sentir, nunca amar, nunca llorar. Se prometió llegar hasta la cima, hacer todo lo posible para volverse el mejor. Su única compañera era su guitarra. Sus "ayudantes" eran sus "amigos".
Pero sentir no se elige. Amar no se elige. Y llorar es parte del ser humano.
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"Last Breath"
Teen FictionLorenzo, Joaquín, Ciro y Francisco son cuatro adolescentes de dieciocho años que no entran en los parámetros de lo "normal". Gracias la gran meta de Lorenzo, juntos se proponen formar una banda de Thrash Metal. Pero no solo harán esto; si no que p...
