Capítulo 1

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Más sangre escurría por mis blancas manos se puede decir que cada puñalada era una descarga de mi alma, el sabor metálico de la sangre, la cual salpicaba en mis labios, me permite probar, saborear lo agridulce de ese líquido espeso provocando que una sonrisa de satisfacción se formara en mis rojos labios. Escuchar el chillar de dientes de mi contrario, sus quejidos y súplicas eran música para mis oídos, no llegaban al punto de darme placer o excitación alguna sino más de desahogo y libertad, sonará raro y loco, pero al torturar a otra persona sin importar su sexo, contextura física, pasado o futuro no me importaba en lo más mínimo; hasta que no llegaba a terminar con su vida del todo no culminaba con mis accionares. Sentir el poder y que su destino estuviese en mis majos era la salida a todos mis problemas. El estar en la boca de todos causaba una felicidad en mi interior, no era la mejor fama que alguna vez imaginé, pero claramente lo disfrutaba al máximo y el entierro de otro cuerpo liquidado por mí era el paraíso.

Sabía que mis actos estaban mal, mal visto por la justicia y un pecado ante el Dios de las personas, pero ese no era mi Dios, estoy seguro de que el infierno me esperaba, pero eso no me causaba temor alguno sino me incentivaba para seguir adelante y arrasar con la vida que se me cruce frente a mí, nada me importaba, sólo mi bienestar y mi paz. Se puede decir que estaba más que dispuesto en transitar los recintos de ese precioso lugar que lejos de ser un infierno para mi persona sería más bien el cielo mismo, el sólo imaginar el contexto que en el momento de mi muerte me esperaba me causaba cierto cosquilleo de anhelo y deseo.

Mi Dios era el sufrimiento junto con la tortura y mi paraíso era la sangre, cada gota que salpicaba en mi cuerpo en cada sacrificio era como tocar el cielo con las manos, mujer u hombre anciano o joven no importaba la edad sino el "cómo"

Como sufría en cada golpe puñalada o lo que sea que cause dolor.

Como suplicaba por su vida.

La manera en que les brindaba una muerte digna.

Como sus ojos poco a poco se convertían en pequeños puntos blancos sin vida.

Su voz silenciándose poco a poco, esa melodía dulce y placentera para mis oídos me teletransportaba a un mundo de ensueño.

Sí, muchos pensaran que con veintiún años estaré loco, pero yo no me considero a mí mismo en ese estado, ¿por qué el matar a una persona para descargarte es de locos? ¿Por el simple motivo de que el sufrimiento de terceros al momento de apuñalarlos o la simple tortura es mal visto por el Dios que todo lo ve? Y porqué la sangre de otros salpicando tu rostro y/o cuerpo es la causante de una demencia absoluta? Tonterías creadas por la estúpida humanidad y sus creencias espiritistas, el solo pensar que ellos creen que una persona los observa desde más allá del cielo me da ganas de masacrarlos uno por uno lenta y dolorosamente

- Kyunggie. – Escuché una voz a mis espaldas y volteé para poder ver al dueño de esa voz que la conocía a la perfección.

- Hannie. – Me exalté y lo observé con cierto gesto de disgusto por decirlo así. Él mejor que nadie tenía conciencia de que odiaba que me interrumpiera en momentos como este, pero definitivamente me había tomado por absoluta sorpresa porque estaba más que seguro que él se encontraba en la casa. – ¿Qué se supone que estás haciendo aquí? ¿No estabas en casa? – Claramente mi voz reflejaba mi sorpresa.

- Estaba haciendo unas visitas hogareñas a ciertas personas. – Esa sonrisa la conocía a la perfección. Esa sonrisa reflejaba cuan orgulloso estaba de sus accionares anteriores que definitivamente en una muy buena visita para la persona equis no había terminado. – ¿Necesitas ayuda? – Al brindarle de nuevo una rápida visión a su persona de pies a cabeza noté con más claridad que su camisa blanca estaba igual o más manchada que la mía.

Dementes || EXO || ° KaiSoo - HunHan °Des histoires addictives. Découvrez maintenant