Amor

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SEIS MESES DESPUÉS...


El departamento ya no se siente como un espacio prestado ni como un refugio provisional. Es un lugar vivo, con fotografías nuevas colgadas en las paredes, y con recuerdos pequeños que se acumulan sobre las mesas sin que nadie se moleste en ordenarlos del todo.

La luz de la tarde entra sin prisa por la ventana, tibia y dorada, dibujando sombras sobre el piso. Hay más plantas con flores, una repisa nueva que ninguno recuerda exactamente cuándo compraron y una manta que siempre termina abandonada en el respaldo del sofá, como si ese fuera su lugar asignado.

Sung Kyu revisa su cuenta bancaria desde el celular, sentado en el sillón, con las piernas recogidas y la espalda relajada. Su expresión es tranquila, casi incrédula. La renta se pagó a tiempo, compró despensa hace dos días y ya no siente ese nudo apretándole el estómago cuando piensa en la próxima factura de la electricidad. Ya no hace cálculos de último minuto ni listas mentales de cosas que tendrá que sacrificar si algo sale mal. Apaga la pantalla y deja el teléfono a un lado, todavía sorprendido por lo sencillo que se siente todo ahora.

En la mesa, Woo Hyun estudia con los audífonos puestos, inclinado sobre sus apuntes. Tiene el ceño apenas fruncido, concentrado, y mueve el pie de manera inconsciente, marcando un ritmo que sólo él parece entender. Sung Kyu lo observa un segundo de más, deteniéndose en ese gesto familiar antes de volver a sus propios pensamientos.

No hablan mucho; no hace falta.

El silencio entre ellos es cómodo, lleno de pequeños ruidos domésticos: el pasar de las hojas, el roce del lápiz contra el papel, el clic suave del teclado. Es una convivencia hogareña que no pide explicaciones.

El timbre rompe la calma, sin embargo. Woo Hyun levanta la vista de inmediato y frunce el ceño; no espera a nadie.

—Yo abro —dice Sung Kyu, levantándose con pereza, estirándose apenas antes de caminar hacia la puerta.

Cuando la abre, Sung Jong entra con una sonrisa amplia y despreocupada, cargando una bolsa de papas fritas y unas cuantas sodas que tintinean entre sí.

—¿Qué tal una tarde de películas? —dice Sung Jong mientras camina hacia el sofá.

—Creí que habías dicho que tenías mucho que estudiar —dice Sung Kyu, arqueando una ceja.

—Sí, pero puede esperar hasta mañana.

—Sung Jong...

—Kyu, necesito estar relajado o nada va a entrar en esta cabecita —dice, señalándose la frente con dramatismo.

—No tienes remedio —dice Sung Kyu mientras pone los ojos en blanco—. Iré a hacer las palomitas —añade antes de caminar directo a la alacena y sacar un par de bolsas de palomitas de mantequilla.

Entonces se gira hacia el fregadero y frunce el ceño.

Hay un plato y un vaso ahí, migas de pan sobre la encimera y una taza olvidada junto al escurridor. Sung Kyu se detiene frente a eso apenas unos segundos, lo suficiente para que el fastidio se le marque en el gesto.

—Woo Hyun, dijiste que ibas a lavar eso.

Sentado a la mesa con el cuaderno abierto y el lápiz entre los dedos, Woo Hyun ni siquiera parece sorprendido. Alza la vista con calma, como si hubiera estado esperando el comentario.

—Dije que lo voy a lavar después —responde sin levantar la voz—. Y lo voy a hacer. En serio.

Sung Kyu ladea la cabeza, claramente poco convencido. Se apoya en la encimera y se cruza de brazos.

Be Mine | WooGyu/BLWhere stories live. Discover now