Capitulo único: Bajo el mismo cielo

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Quisiera pedir una sincera disculpa si la precisión clínica o los conceptos anatómicos narrados a través de los ojos de Sasuke presentan alguna inexactitud. Mi verdadera formación universitaria se traza sobre libros llenos de leyes, un mundo que late muy lejos de los pabellones médicos y los quirófanos.

Para poder construir la perspectiva de un futuro doctor, realicé una investigación superficial y me apoyé en herramientas de inteligencia artificial para ciertos términos. Les ruego comprensión ante cualquier error técnico o conceptual; mi intención principal siempre fue transmitir el horror visceral y la desesperación de la tragedia, priorizando la carga emocional y humana por encima de la perfección científica.

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«Matan a más de 20 estudiantes». «Masacre en la Plaza de las Tres Culturas».

Esos eran los malditos titulares amarillistas que la prensa cobarde comenzó a escupir en sus rotativas la mañana del cuatro de octubre de 1968. «A más de 20 estudiantes»... Qué cantidad tan dolorosamente patética, tan cínica. «Veinte» es una cifra que suena enorme cuando se habla de la muerte en abstracto, desde la comodidad de un sillón. Pero cuando estás ahí, cuando tus pulmones se queman con el olor agrio a pólvora y sangre húmeda; cuando la lluvia se mezcla con los llantos y tus propios ojos ven cómo la plaza se traga la vida de tus compañeros... te das cuenta de que veinte es una burla grotesca.

Es un chiste macabro frente a la montaña de cuerpos sin signos vitales que el Estado dejó tirados. Cuerpos tibios que, en medio del pánico ciego y los destellos de las metralletas, mis propios zapatos tuvieron que pisar, resbalando en los charcos carmesí, tan solo para salvar mi miserable vida.

Pero la memoria es caprichosa y me tortura, porque no todo fue sangre desde el principio. No debió serlo. Menos aún por la absoluta estupidez con la que se encendió la mecha de este puto infierno.

Resulta asfixiante pensar que toda esta pesadilla comenzó un 22 de julio, con una simple y absurda riña callejera en la plaza de la Ciudadela. Estudiantes pendejos de las vocacionales 2 y 5 del IPN contra los de la preparatoria Isaac Ochoterena. Mocosos alborotados, sangre hirviendo por el orgullo de la edad, nada más. Pero el gobierno, en su infinita y paranoica soberbia, decidió el 23 de julio que la policía debía intervenir. Los granaderos reprimieron a los jóvenes con una saña desmedida y profanaron a golpes el edificio de la Vocacional 5.

Y aun así, la verdadera caída al abismo, el punto sin retorno, fue el 29 de julio. El ejército y la policía tomaron las instalaciones de la UNAM y del Politécnico. Alguien en el poder, asustado de unos simples jóvenes con libros y pancartas, decidió que reventar la histórica puerta tallada de la Preparatoria 1 con un tiro de bazuca era la demostración de fuerza más brillante del mundo.

Pinche gobierno asesino. ¿Quién diría que una pelea de adolescentes desataría una carnicería orquestada por el propio Estado?

Pero al final del día, ¿quién diablos soy yo para cuestionar nada? No soy un mártir. No soy un héroe. Tan solo soy un estudiante de la universidad al que le arrebataron la juventud de un plumazo. Alguien que vio a sus amigos caer como hojas secas perforadas por el plomo, que se acurrucó temblando en el rincón más asqueroso e indigno de uno de los edificios de Tlatelolco, tapándose los oídos y rogando que las balas no lo alcanzaran. Y, para terminar de joder el alma, soy el que acabó arrastrado a los separos de la policía secreta, tragando miedo, golpes y oscuridad, con una sentencia de muerte susurrada al oído si alguna vez abría la boca.

Soy, a mi propio pesar, un sobreviviente en un país que devora a sus hijos. Solo eso. Un fantasma que camina por aulas vacías.

Era el 30 de julio y el viento soplaba frío por los pasillos de la Facultad de Medicina. Arrastraba hojas secas sobre el concreto, produciendo un sonido rasposo y rítmico que, si cerrabas los ojos, se asemejaba escalofriantemente al marchar de botas militares.

Voces Ahogadas | Narusasu |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora