Los médicos llevaban a un hombre a urgencias. Un tubo de metal atravesaba sus órganos; se encontraba en estado crítico.
Lo evaluaron para determinar si el tubo perforaba algún órgano; efectivamente perforaba uno. Con cuidado mantuvieron el tubo donde estaba.
Lo llevaron a la sala de urgencias y le pusieron anestesia. Pasaron aproximadamente entre cuatro y ocho horas durante el procedimiento, ya que era difícil por la magnitud del tubo y por los vasos sanguíneos que este estaba dañando, los médicos evitaban que empeorara.
Lo trasladaron a la Unidad de Cuidados Intensivos para monitorearlo.
Mientras tanto, el hombre que llamó a urgencias declaró:
-Karasu era un hombre de 28 años -dijo el hombre-. Mientras estaba en su trabajo, justo en el descanso, uno de los tubos que habíamos puesto se salió, cayó justo en sus costillas. Llamé a urgencias desesperado porque vi que estaba perdiendo demasiada sangre mientras llegaba la ambulancia.
Él yacía pálido en la cama por la pérdida de sangre, con sus ojos entreabiertos, pensando que había sido el fin de su vida; la última página del libro. Se limitó a observar a su alrededor, eso lo dejó aún confundido al no hallar ni una sola huella del culpable y medio cegado por las luces fuertes que estaban en el techo, sus manos tocando algo metálico... El borde de la cama.
Pasaron las semanas hasta que por fin había indicios de que estaba por recuperarse, pero al despertarse le preocupaba cómo iba a hacer con la deuda de la casa, tenía un tiempo estimado para pagar.
Era viudo. Hacía unos tres años que su esposa había muerto, igual era humilde y trabajador. Sus ganancias eran las justas para poder sobrevivir.
No tenía tampoco dinero para pagar más sesiones, pensando que solo eran secuelas del accidente.
Los doctores le habían prohibido trabajos duros, ya que aún no estaba en un buen estado como para que su cuerpo se esforzara más de su límite.
Le dieron de alta y pidió a su jefe si podía hacer otros trabajos, pero desde casa, debido a la prohibición de los médicos, el superior aceptó poniendo condiciones para que no estuviera como un holgazán.
Pero ya un día antes había tenido una discusión con este, lo hacía sentir como una herramienta reemplazable, útil mientras sepa trabajar. Lo odiaba pero no tenía lo suficiente como para quejarse. Y empezó a recordarlo.
-Si no das resultado, buscaré a alguien que sí los dé. -La voz del jefe le provocaba un escalofrío por la espalda.
Quedó un silencio en la línea y después Karasu respondió con un murmullo, ya intimidado.
-No seré ese trabajador, señor...
-Eso espero.
Trabajaba como constructor, algo honesto, pero ahora su jefe lo pasó a administrativo, donde se podía trabajar en casa hasta nuevo aviso, calculando los gastos de los productos, no entendía nada de números, pero necesitaba el trabajo.
Los días pasaban, estaba muy estresado, las cosas no iban bien, se estaba comportando de forma muy torpe.
Estaba afuera de su casa, ya que a él le gustaba mucho el sol, todo el día en su patio mientras hacía su trabajo en la notebook. Cuando se levantaba a la mañana por alguna razón tenía moretones, manchas rojas como si fuera algún mosquito o incluso algo más grande, o tenía dolores de cabeza muy punzantes, hoy ligeramente las observaba.
Con un suspiro de rendición, acarició a su gato y se puso a trabajar en ese sinfín de números.
Era frecuente su torpeza, algunas veces se confundía algunos números y su jefe lo regañaba aún más fuerte que antes.
Él intentó continuar su rutina monótona, pensando que con eso iba a poder fortalecerse más, en momentos inesperados, su corazón empezó a latir intensamente en su pecho, como un tambor grande de una canción india. Tuvo que tomarse un descanso y desplomarse en el suelo.
A la mañana siguiente, se estaba lavando la cara, pero cuando se vio en el espejo se sorprendió, su piel se veía más pálida, pensó que capaz no estaba comiendo tan bien.
Notó que hasta el sol lo estaba molestando; olvidaba las cosas fáciles sin querer; hasta en ocasiones le faltaba el aire. Cuando subía las escaleras o estaba en lugares altos, incluso al levantarse del sofá, sentía que le faltaba el aire.
Extrañaba esas mañanas tranquilas, cuando el té y las armoniosas risas de su esposa bailaban con un vaivén en la casa.
Era domingo 20 de abril, todo era normal, con su corazón palpitando, su piel mucho más pálida, y más partes de su figura con marcas rojas o moradas, sus ojos empezaron a cerrarse y, entonces...
Su gato se acostó sobre su cuerpo con un ligero ronroneo.
Afuera, la luz del sol entraba en las ventanas.
Karasu no volvió a verla
-En las noticias de hoy, 20 de abril, a las 22:07: la policía y el forense Liera Vex han sido llamados por el propietario de una casa al encontrar a una persona muerta. El dueño había ido a la casa ya que el inquilino no respondía y desde hacía semanas que no le estaba pagando el alquiler, y lo encontró muerto. Según el señor Vex, se dice que había muerto a causa de una enfermedad tan rara como poco conocida: la PTT.
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Entre muertos vivientes
Acción¿Crees que las personas serían igual si pensaran que ya no existe el limite social? No hay ninguna justificación en cualquier mal, solo el entendimiento de esta. Advertencia: Esta novela contiene sangre, violencia gráfica, abuso, asesinatos y enf...
