El eco de su voz (parte 2)

20 5 7
                                        

POV: Silene

Salí corriendo de su mansión como si el diablo mismo estuviera pisándome los talones. Mis piernas apenas me sostenían, y las lágrimas corrían por mi rostro sin que pudiera detenerlas. Llamé un taxi que llegó en cinco minutos. Me monté aún temblando, con las manos aferradas a mi bolso como si fuera mi única salvación.

-¿Está bien, señorita? -preguntó el taxista, un hombre mayor de ojos cansados y voz amable.

-Sí... -respondí con la voz quebrada, sin apenas poder articular las palabras-. A la Via Santa Maria di Costantinopoli, 58, por favor.

El coche arrancó. Las luces de Nápoles desfilaron tras la ventanilla empañada por mis lágrimas, pero yo no veía nada. Solo veía su rostro. Solo escuchaba sus palabras. Solo sentía el vacío que había dejado en mi pecho.

"Ya follamos, Silene. Puedes irte."

¿Cómo he podido ser tan estúpida? Fui a su casa como una perra en celo. Me usó. Me desechó. Y lo peor es que... lo disfruté. Maldita sea, lo disfruté. Cada segundo. Cada caricia. Cada embestida. El mejor sexo de mi vida, y él me lo arrojó a la cara como si fuera basura.

Giré un poco más la cabeza hacia la ventanilla. Las lágrimas nublaban mi vista, y mi respiración era un jadeo entrecortado.

-¿Segura que está bien, señorita? -volvió a preguntar el taxista, con preocupación genuina en la voz.

Yo solo asentí. No podía hablar. No podía explicarle que el hombre que acababa de follar como un dios me había echado de su cama como si fuera una desconocida. No podía decirle que me había sentido viva por primera vez en años, y que ese mismo hombre me había roto en pedazos.

Llegué a casa y subí las escaleras con las piernas temblorosas. Abrí la puerta y el silencio del apartamento me golpeó como una ola. Cerré la puerta y me apoyé contra ella, dejando caer el bolso al suelo.

Fui directo a la ducha. Abrí el grifo y el agua caliente empezó a caer sobre mi cuerpo, pero no logró calmar el frío que llevaba dentro. Intenté olvidar todo lo que había pasado, pero no lo conseguí. Intenté lavar su olor de mi piel, pero no pude. Sus caricias, sus marcas, seguían en mi piel. Su sabor en mi boca. Su voz en mi cabeza. Sigue ahí. En mi mente.

Me froté con fuerza, como si pudiera arrancarlo de mi piel, pero era inútil. Él ya estaba dentro de mí. No solo en mi cuerpo. En mi alma. En cada rincón de mi ser.

Apoyé la frente contra el azulejo frío y dejé que el agua resbalara por mi espalda. Las lágrimas se mezclaban con el agua, y no sabía dónde terminaba una y empezaban las otras.

Le odio. Le odio por haberme hecho esto. Pero no puedo dejar de pensar en él. En sus manos. En su boca. En cómo me hizo sentir. En cómo me hizo olvidar quién soy.

Salí de la ducha y me envolví en una toalla. Me miré al espejo y no reconocí a la mujer que me devolvía la mirada. Sus ojos estaban rojos, hinchados. Su piel, marcada. Su alma, rota.

-¿Quién eres? -susurré a mi reflejo-. ¿Qué has hecho conmigo?

No hubo respuesta. Solo el eco de mi propia voz.

-------------------------------------------------

Me desperté sin ánimo. El sol se colaba por las rendijas de las cortinas, pero yo no quería levantarme. Hoy regresa Matteo. Y hace ya una semana que no veo a Vicenzo. ¿Será porque ya obtuvo lo que siempre quiso de mí? Me usó y me desechó como a una cualquiera.

Me quedé mirando el techo, con la mente dando vueltas. Pienso en mi relación con Matteo. Pienso en todo lo que ha pasado con Vicenzo. Y definitivamente he decidido recuperar mi relación y esforzarme para mantenerla en pie. Porque Matteo no se merecía lo que yo había hecho. Porque él era el novio perfecto, el hombre que nunca me había fallado, el que me daba estabilidad y seguridad.

Tentación Irresistible Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora