Capítulo 1

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Las puertas del gimnasio de McKinley se abrieron dejando pasar a las tres personas más hermosas y populares del lugar, enfundadas en sus estrechos uniformes de porristas. Los estudiantes les abrían paso con tan sólo recibir una mirada, y es que nadie se atrevía a interponerse en el camino de ese trío.

Eran imponentes, prácticamente deidades adolescentes y, ¿ya dije lo hermosos que eran? De alguna forma habían logrado tener el mismo horario, eso significaba que estaban siempre juntos, perfectamente coordinados, en el mismo orden.

A la izquierda, con su cabello negro recogido y la mano derecha en la cintura, estaba Santana López, la sarcástica y a veces hiriente latina, tan atrevida como sólo ella podía serlo. Después, a la derecha, de cabello rubio y unos ojos verde oscuro, se encontraba Quinn Fabray, la presidenta del club de celibato y protagonista de rumores acerca de usar las gradas detrás del campo de futbol con Puckerman de formas no muy puritanas; pero claro, son sólo rumores.

Y luego en el centro, siempre un paso delante de las chicas, con el cabello castaño perfectamente peinado hacia arriba, con las dos manos a la cadera, su piel blanca de porcelana teñida de un suave rosa en las mejillas, sus perfectos y delgados labios rojos y sus ojos azules grisáceos, cuidadores de un gran secreto, delineados con un poco de sombra, estaba el capitán de las Cheerios, el poderoso y talentoso, Kurt Hummel.

Un chico misterioso a decir verdad. Nadie sabía de donde había salido cuando entró por la puerta principal el primer día de clases del último año de preparatoria, tan irreconocible. Y hubo muchos sorprendidos al enterarse de que siempre había estado en esa escuela, pero invisible, bajo un reputación que no le hacía justicia. Un sucio homosexual.

Era cierto, Kurt era homosexual, y durante dos años soportó todo el acoso que le daban los atletas de su escuela; pero se mantuvo fuerte y después de mucho esfuerzo logró que todos lo olvidaran y sólo vieran el talento que parecía exhalar por los poros. Para empezar era increíblemente inteligente, cuadro de honor cada semestre, y gracias a eso ganó varios trofeos para la escuela; las artes escénicas eran otro de sus fuertes, una hermosa y bien educada voz de contratenor junto con sus habilidades actorales le habían dado varios principales en las obras de la escuela; y por último, lo más importante, y lo que le daba su estatus, era fuerte, rápido y muy flexible, lo que le permitía estar en las porristas, se sentía cómodo ahí, no tenía que andar correteando un balón. Mejor apoyaba a los que lo hacían.

Pero regresemos al pasillo.

Se veía claramente que ellos querían provocar admiración tanto como la necesidad de respirar, y hacían un muy buen trabajo. Difícilmente alguien podía quitarles la vista de encima cuando pasaban cerca.

Y ahí, junto al aula de inglés, estaba una persona profundamente enamorada de Kurt Hummel.

Lo tachaban de nerd aunque no lo era, lo juzgaban por su ropa, sus pantalones a los tobillos, sus camisas y playeras completamente abotonadas, sus corbatines, su cabello negro peinado con gel y sus hermosos ojos verdes medio ocultos por sus lentes. A Blaine Anderson sólo le gustaba leer, que era lo estaba haciendo en ese momento, pero al sentir el silencio en el pasillo característico de la presencia del trío, levantó un segundo la mirada, tenso, posándola en los labios de Kurt un momento y subiendo a sus ojos, viéndolo fijamente hasta que se percató de la media sonrisa no disimulada que le brindaba ese porrista. Se relajó al instante, regresando a su libro y dejó a Kurt seguir su camino.

Y ambos, al estar tan ensimismados en el recuerdo del otro, no se percataron de la forma tan significativa en que las otras dos porristas se miraron.

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Los dedos pasaban por las teclas del piano como si fueran alas de mariposa, apenas le rozaban y ya construían una hermosa melodía. La música paró de repente. Blaine le dio un vistazo a su reloj por quinta vez en diez minutos y con un suspiro se levantó. Era claro que Kurt no se presentaría ese día, ya eran 30 minutos de retraso.

Not while I'm aroundDonde viven las historias. Descúbrelo ahora