En el Oeste, la ley no siempre significa justicia.
Mientras el ferrocarril atraviesa pueblos, desiertos y territorios salvajes, el gobierno promete llevar progreso a una frontera que parece no tener fin. Pero detrás de las vías hay secretos que nadi...
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La noche en que dispararon al sheriff, Luffy tenía trece años.
Recordaría el sonido de aquellos disparos durante el resto de su vida. No fueron los primeros que había escuchado —en un pueblo como aquel, los disparos eran parte del paisaje sonoro: ecos de borrachos en las calles, tiros al aire de cazadores frustrados en las llanuras, o disparos de advertencia en los límites cuando algún depredador se acercaba demasiado a las casas.
Pero aquellos fueron diferentes.
Tres detonaciones. Secas. Lejanas. Y luego, un silencio tan absoluto que pareció tragarse el pueblo entero.
Luffy levantó la cabeza desde el porche de la casa. Era pasada la medianoche. Su abuelo aún no había regresado. Garp le había prometido estar de vuelta antes del final de la noche, pero eso no era extraño: el viejo sheriff tenía la costumbre de desaparecer durante horas cuando algo captaba su atención. Luffy había intentado mantenerse despierto. Había fallado.
Hasta que escuchó los disparos.
Se puso de pie. —¿Abuelo...?
Nadie respondió. El viento atravesó las calles vacías, levantando polvo entre las casas. Luffy bajó los escalones y echó a correr. No sabía qué buscaba. Solo sabía que tenía que encontrarlo.
Atravesó la calle principal, pasó frente a la oficina del sheriff y tomó el camino que llevaba a las afueras. La noche estaba demasiado silenciosa. Ni siquiera los dinosaurios que solían descansar en los corrales se movían.
Y entonces lo vio.
Primero fue el sombrero. El viejo sombrero de sheriff de Garp, tirado sobre la tierra. Luffy se detuvo. Después vio el cuerpo.
—¡ABUELO!
Corrió y cayó de rodillas. Garp yacía boca arriba, una mano sobre el abdomen, la otra aún aferrada a su revólver. La sangre empapaba su camisa. Demasiada. Demasiada para alguien que siempre había parecido imposible de matar.
—¡Abuelo! ¡Abuelo, despierta! Luffy tomó la mano de Garp. Estaba fría. —¡Abre los ojos!
Garp no respondió. Luffy empezó a temblar. —No... no, no, no...
Se quitó el pañuelo del cuello y lo presionó contra la herida. La sangre atravesó la tela casi de inmediato. —¡Ayuda! —gritó—. ¡ALGUIEN, AYUDA!
Nada. Solo el viento. Luffy apretó los dientes y volvió a mirar a su abuelo. —No te mueras. Por favor...
Los dedos de Garp se movieron. Luffy levantó la cabeza de golpe. —¡Abuelo!
Los ojos de Garp se abrieron apenas. Durante un instante parecieron perdidos; luego encontraron el rostro de Luffy, y algo en su expresión cambió. No era miedo —Garp conocía el miedo, había enfrentado depredadores, bandidos, hombres armados y tormentas capaces de partir un barco en dos. Aquello era diferente. Era preocupación.
Por él. Por Luffy.
—Mocoso... —la voz apenas fue un susurro. —¡Estoy aquí! —Luffy acercó el rostro—. Te voy a llevar a casa. Papá puede ayudarte. Los médicos pueden...
Garp soltó una risa débil, apenas un sonido. —Mocoso... siempre has sido demasiado escandaloso. —¡No es gracioso! —Para mí sí.
Garp intentó levantar una mano, pero no pudo. Luffy la tomó entre las suyas. —No te muevas. —¿Ves? —murmuró Garp—. Ya estás dándome órdenes. —¡Porque tienes que quedarte quieto! —Entonces supongo que hice un buen trabajo criándote.
Luffy dejó escapar un sollozo. —Abuelo...
La sonrisa de Garp se volvió más suave. —No pongas esa cara. —¿Qué cara? —Esa. —¿Cuál? —La de cachorro abandonado.
Luffy apretó los labios para no llorar más. Garp respiró lentamente. —Mírame, Luffy.
El muchacho obedeció. —Eso es.
Garp sostuvo su mirada. —No tengas miedo.
Luffy negó con la cabeza. —Tengo miedo.
Aquella respuesta hizo que Garp sonriera. —Ya lo sé. Y está bien tenerlo.
Luffy bajó la mirada. —No quiero que te vayas.
Garp guardó silencio unos segundos. Quizá buscando las palabras. Quizá sabiendo que aquella podía ser su última oportunidad. —Escúchame, mocoso. Pase lo que pase esta noche... no pienses que hiciste algo mal. —Pero yo... —No. —La voz de Garp fue débil, pero firme—. No fue tu culpa.
Luffy comenzó a llorar otra vez. —No quiero olvidarme de ti.
Garp sonrió. Esta vez de verdad. —Entonces será mejor que no lo hagas.
Luffy soltó una risa entre lágrimas. —Eres un idiota. —Eso dicen todos.
Garp respiró con dificultad. Su mirada comenzaba a perder fuerza, pero aún tenía algo que decir. —Luffy... —Estoy aquí. —Si alguna vez... —cerró los ojos un instante, los abrió— descubres la verdad... —¿Qué verdad? —No confíes en nadie. —Su mano apretó débilmente la camisa de Luffy—. Y cuando llegue el momento... elige tú de qué lado... quieres estar.
Su respiración se volvió irregular. Sus dedos perdieron fuerza. La mano cayó.
—¿Abuelo?
Nada.
—¿Abuelo?
Luffy lo sacudió. —¡Abuelo!
Nada. El mundo pareció detenerse. Luffy apoyó la frente contra el pecho de Garp y lloró.
No sabía quién le había disparado. No sabía por qué. No sabía qué verdad había querido contarle. No sabía que aquella noche sería el principio de una historia que atravesaría pueblos, desiertos, ríos y vías de hierro. No sabía que el hombre al que había llamado abuelo desde que podía recordar sobreviviría.
Solo sabía una cosa: durante aquellos primeros minutos, mientras sostenía el cuerpo ensangrentado de Garp entre sus brazos, Luffy creyó que estaba muerto.
Y esa creencia cambiaría todo.
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AAAAAA!!
Esta es la historia que les prometí del Western x dinosaurios