«¿Los seres humanos son verdaderamente iguales?»
La pregunta flota en tu mente sin un peso real, más como un pasatiempo para distender el aburrimiento que como una auténtica inquietud filosófica. Apoyas los codos sobre tus muslos y dejas caer la cabeza levemente hacia adelante, observando el piso del autobús.
Pasas una mano por tu cabello marrón oscuro, apartando ligeramente el flequillo que cae justo por debajo de tus ojos. Tus pupilas verde esmeralda recorren el interior del vehículo con una apatía calculada. Es una costumbre difícil de romper; se te enseñó a procesar cada detalle de tu entorno en cuestión de segundos, incluso cuando tu único deseo actual es desconectar el cerebro y no hacer absolutamente nada.
A tu lado, del lado de la ventana, una chica de cabello negro y mirada afilada mantiene una postura impecable. No ha dejado de leer un libro desde que subiste, ignorando el paisaje que avanza al otro lado del cristal. Reconoces la tensión en sus hombros y la rigidez de su postura: una persona orgullosa, metódica y probablemente problemática si se le acerca demasiado. Decides etiquetarla mentalmente como alguien a quien debes evitar a toda costa.
Estar sentado del lado del pasillo te deja en una posición incómoda, expuesto a las miradas y al flujo de los pasajeros, pero moverte para cambiar de lugar requeriría un esfuerzo que simplemente no estás dispuesto a hacer.
El trayecto transcurre en relativo silencio hasta que el autobús se detiene en una parada concurrida. Entre las personas que abordan, una anciana camina con dificultad, apoyándose en su bastón mientras busca en vano un lugar libre.
A pocos metros de ti, en el área reservada, un chico de complexión atlética y cabello rubio permanece cómodamente sentado mientras revisa su teléfono con auriculares puestos.
En un intento de dormir que resulta fallido, abres los ojos que estaban a punto de cerrarse.
—Disculpa, ¿no podrías cederle el asiento a la anciana? —interviene una chica de cabello claro y sonrisa amable, dirigiéndose al rubio.
«Eh, por casualidad, ¿me estabas regañando?»
Fue un pensamiento rápido que cruzó por tu cabeza, aunque rápidamente descubres que no es a tí al que están hablando.
—¿Por qué debo dar este asiento a una anciana? No hay absolutamente ninguna
razón para que se lo dé.
—¿No es natural entregar el asiento prioritario a los ancianos?
—No entiendo. Los asientos prioritarios son sólo asientos prioritarios, y no hay
ninguna obligación legal para que me mueva. Si me muevo o no, debería ser
decidido por mí, que actualmente estoy en este asiento. ¿Me darías tu asiento
porque soy un hombre joven? Hahaha, esa es una manera estúpida de pensar
El rubio suelta una risotada teatral mientras se acomoda el cabello frente al espejo de su teléfono. A pesar de la mirada inquisitiva de varios pasajeros, no muestra el más mínimo signo de vergüenza.
—Yo soy un joven saludable —continúa el chico sin perder la compostura—. No creo que cedérselo a una anciana sea lo correcto. Se requiere más energía para estar de pie siendo joven que para una persona mayor. Es una simple cuestión de eficiencia.
Un murmullo de indignación recorre el autobús. La chica de cabello claro aprieta los labios, visiblemente frustrada pero manteniendo una expresión pacífica y persistente.
«Es mucho esfuerzo... pero posiblemente la situación escale a tal punto de hacerme sentir culpable»
—Por favor, piénsalo un poco. Ella realmente lo necesita —insiste la joven, mirando a su alrededor en busca de respaldo—. ¿Nadie más en este autobús estaría dispuesto a ceder su lugar?
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Innato | Classroom of the Elite x Reader
Acción«No hay nada más defectuoso que un genio fingiendo ser normal.» Escapar de las paredes blancas que lo encerraban parecía una buena idea. Hasta que comenzó su etapa estudiantil en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada. Con la promesa de...
