{ PRÓLOGO }

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30 de Octubre de 2003 - Busan


El llanto de un recién nacido se escuchó en una de las habitaciones del hospital, rompiendo el silencio que había acompañado los últimos minutos. Afuera, la lluvia caía suavemente sobre las calles de Busan, dejando las ventanas cubiertas de pequeñas gotas que reflejaban las luces de la ciudad. Dentro de aquella habitación, en cambio, todo parecía haberse detenido por unos instantes.

Entre los brazos de una enfermera y envuelta cuidadosamente en una manta blanca, yacía una pequeña bebé. Apenas unos mechones de cabello castaño podían distinguirse en la base de su cabeza, todavía húmedos y tan finos que casi parecían confundirse con su piel. Sus ojos permanecían cerrados mientras su pequeño rostro se arrugaba con cada nuevo llanto, como si protestara contra el mundo por haberla obligado a abandonar la tranquilidad del lugar donde había pasado los últimos nueve meses.

—Es una niña —anunció la enfermera con una sonrisa.

Kaeri, agotada, levantó ligeramente la cabeza desde la cama. Durante unos segundos no dijo nada. Solo la observó, como si necesitara comprobar por sí misma que aquella pequeña persona realmente estaba allí. Había imaginado aquel momento tantas veces durante los últimos meses que ahora resultaba extraño tenerla frente a ella.

Edward permanecía a su lado, sosteniendo una de sus manos. La miró primero a ella y luego a la bebé, sin poder ocultar la emoción de su rostro.

—Es preciosa —murmuró.

Kaeri dejó escapar una pequeña risa cansada.

—Todavía no la viste bien.

—No necesito hacerlo.

La enfermera se acercó y colocó a la bebé cuidadosamente entre los brazos de su madre. El llanto disminuyó poco a poco, hasta convertirse en pequeños sonidos entrecortados. Kaeri bajó la mirada y acarició con la punta de un dedo aquella diminuta mejilla.

—Hola, pequeña...

La puerta se abrió unos minutos después.

Matt entró de la mano de su padre, intentando caminar despacio aunque la emoción hacía que prácticamente tuviera que contenerse para no correr. Tenía seis años y llevaba demasiado tiempo esperando aquel momento. Desde que sus padres le habían contado que tendría una hermana, había acumulado una cantidad interminable de preguntas: si sería pequeña, si tendría cabello negro como su mamá, si podría cargarla, si lloraría mucho y, sobre todo, cuándo podría conocerla.

Pero cuando finalmente la vio, todas aquellas preguntas desaparecieron.

Se acercó a la cama y se quedó mirando a la bebé en silencio.

—¿Puedo verla?

Kaeri sonrió y asintió.

Matt se inclinó un poco, tratando de verla mejor. La pequeña tenía los ojos cerrados y una de sus manos descansaba sobre la manta. Era tan diminuta que le costaba imaginar que aquella bebé algún día pudiera crecer lo suficiente como para correr detrás de él por toda la casa.

—Es muy pequeña —susurró.

—Tú también eras así —respondió Edward.

Matt levantó la mirada, incrédulo.

—No.

Edward soltó una risa.

—Sí.

El niño volvió a mirar a su hermana y, después de unos segundos, acercó lentamente un dedo hacia su pequeña mano. Apenas la rozó cuando los diminutos dedos se cerraron alrededor del suyo.

Matt abrió los ojos con sorpresa.

—Me agarró.

Kaeri sonrió.

—Parece que todavía se acuerda de ti.

El niño levantó la mirada hacia su madre.

—¿Sí?

—Le hablabas todos los días antes de que naciera. ¿Cómo no iba a reconocerte?

Matt sonrió orgulloso. Era cierto. Durante los últimos meses había adquirido la costumbre de acercarse al vientre de su madre después de volver del colegio para contarle a su hermana cómo había sido su día. A veces le hablaba de cosas importantes; otras, simplemente le contaba cualquier tontería que se le ocurriera. Y cuando sentía una pequeña patada contra la palma de su mano, siempre sonreía como si Andy le hubiera respondido.

—Hola, Andy —susurró.

La bebé se movió ligeramente.

Matt abrió los ojos.

—¿Viste? Me escuchó.

Edward soltó una pequeña risa.

—Llevas diciendo eso desde que aprendiste que podía patear.

—Porque es verdad.

Kaeri observó a su hijo con una sonrisa cansada.

—Creo que ya tienes una hermana bastante acostumbrada a escucharte.

Matt volvió a mirar a la pequeña.

—Entonces voy a seguir hablándole.

Durante unos segundos, nadie dijo nada. Solo se escuchaba el sonido de la lluvia golpeando suavemente contra el cristal y la respiración tranquila de la recién nacida. Kaeri observó a sus dos hijos juntos, mientras Edward permanecía a su lado con una sonrisa que no había desaparecido desde que escuchó el primer llanto.

Matt seguía sosteniendo uno de los pequeños dedos de Andy.

—Voy a enseñarle muchas cosas —dijo finalmente.

Edward arqueó una ceja, divertido.

—¿Ah, sí?

Matt asintió con absoluta seguridad.

—Sí. Soy su hermano mayor.

Kaeri soltó una pequeña risa.

—Entonces tendrás que cuidar muy bien de ella.

Matt miró nuevamente a la bebé. Pareció pensarlo durante unos segundos antes de asentir.

—Lo haré.

Y aquella fue la primera promesa que le hizo.

















Nota: AHHHH😭
Esta es mi primera historia así que no tengan muchas expectativas TwT.
Antes de que pregunten, será un OT8xOC, entonces si no te gusta esa clase de historia ya estás avisado/a.

"El que avisa, no traiciona" — Mi abuela.

JAJAJAJA😭 En serio espero que les gusta esta historia y muchas gracias por leerla💗

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