Capítulo 1

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El matrimonio Kim era el estándar máximo ante la sociedad, un ejemplo a seguir y la definición misma de la perfección

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El matrimonio Kim era el estándar máximo ante la sociedad, un ejemplo a seguir y la definición misma de la perfección. Parecían la pareja ideal sacada de una revista de portada, pero no todo lo que brilla es oro, y eso lo sabía muy bien Kim Namjoon, esposo del doncel Kim Seokjin.

En el silencio glacial de su despacho, Namjoon se preguntaba cada día si realmente era tan poca cosa para su esposo. Se esforzaba por darle todo lo que él deseaba: joyas costosas, viajes de ensueño, ropa de diseñador y fragancias de edición limitada que solo salían una vez al mercado. Todo lo que Seokjin pedía, él se lo daba sin vacilar. Sin embargo, ¿qué recibía a cambio?

Absolutamente nada. Solo rechazo. No podía besarlo, no podía abrazarlo; ni siquiera podía tocarlo sin sentir cómo Seokjin se tensaba o buscaba una excusa sutil para alejarse.

Durante mucho tiempo, Namjoon creyó que él era el problema, que no era lo suficientemente atractivo, atento o detallista. Pero la amarga realidad era otra: Kim Seokjin jamás estuvo enamorado de él. Simplemente vio en Namjoon un banco con caminata propia, una tarjeta de crédito ilimitada para sostener un estilo de vida de lujo.

Los dolorosos pensamientos de Namjoon fueron interrumpidos por el sonido de unos pasos ligeros que se acercaban por el pasillo. La puerta del despacho se abrió de par en par, sin que nadie se molestara en tocar primero.

Era Seokjin. Lucía impecable como siempre, vistiendo un abrigo de alta costura que Namjoon le había regalado el mes anterior. Sin embargo, en su rostro de porcelana no había ni un solo destello de la calidez que un esposo esperaría recibir al entrar a una habitación.

-Nam -habló Seokjin, manteniendo una distancia prudente y sin acercarse al escritorio-. Ya salió el nuevo modelo de teléfono y quiero cambiar el mío hoy mismo, ¿sí?

Namjoon se le quedó mirando durante un largo y pesado segundo. Buscó en los ojos de Seokjin alguna señal de afecto, un "hola", un "¿cómo estuvo tu día?", o un simple gesto de consideración tras haber estado fuera trabajando todo el día. Pero no encontró nada; solo una petición material envuelta en un tono superficial y apresurado.

-Sí, amor -respondió Namjoon en voz baja, forzando una leve sonrisa mientras sacaba su billetera y deslizaba la tarjeta negra sobre el escritorio de madera-. Agarra la tarjeta y ve a comprar lo que quieras.

Por dentro, el pecho de Namjoon se oprimía con una fuerza aplastante. Cada palabra dócil y complaciente que salía de su boca era un recordatorio amargo de que ese amor jamás sería correspondido. Sabía perfectamente que estaba comprando pequeños minutos de atención que duraban exactamente lo mismo que tardaba la transacción bancaria en aprobarse.

-Gracias, Nami -dijo Seokjin con ligereza.

Se acercó solo lo suficiente para tomar el plástico dorado y negro, evitando con maestría refinada cualquier contacto con los dedos de su esposo.

-Me voy de compras, no me esperes temprano. Adiós.

Sin un beso en la mejilla, sin una sola mirada de afecto ni un abrazo de despedida, Seokjin dio media vuelta y salió del despacho. El eco de sus pasos alejándose por el pasillo fue lo único que quedó resonando en la inmensa casa.

Namjoon se dejó caer de nuevo contra el respaldo de su silla ejecutiva. Se quitó las gafas, se frotó el puente de la nariz y soltó un suspiro largo y cargado de cansancio. Observó la puerta abierta por la que su esposo acababa de marcharse y sintió cómo el silencio helado lo envolvía por completo.

Apretó los puños sobre el escritorio. La venda de los ojos se le había caído definitivamente. Ya no había excusas, no había esperanza a la cual aferrarse. Había llegado a su límite y, por primera vez en años, sintió una paz extraña tomar el control de sus pensamientos.

Iba a soltarlo. Con calma, en absoluto silencio, pero para siempre.

¡Iniciamos! Por favor, no me insulten en sus mentes, que los conozco muy bien

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¡Iniciamos! Por favor, no me insulten en sus mentes, que los conozco muy bien... yo también estuve de ese lado como lectora.

No se preocupen, si nos toca sufrir, sufriremos todos juntos. Nos vemos en el siguiente capítulo. 📖

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CON CALMA Y EN SILENCIO TE SOLTÉ Stories to obsess over. Discover now