Adrien Agreste.

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La habitación estaba sumida en un silencio pesado.

Gabriel permanecía frente a Nathalie, intentando mantener aquella expresión fría y controlada que tantas veces había utilizado para ocultar sus verdaderas intenciones.

Pero aquella vez era diferente.

Nathalie apenas podía mantenerse en pie. Su respiración era débil y su cuerpo resentía cada movimiento. Aun así, se había plantado frente a él.

-Gabriel... no puedes hacer esto.

-Es necesario.

-¿Necesario? -Nathalie lo miró con incredulidad-. ¿Enviar a Adrien lejos de todo esto? ¿Separarlo de mí?

-Estará a salvo.

-¿A salvo? -Su voz se quebró-. ¿Y qué hay de mí?

Gabriel guardó silencio.

Nathalie apretó los puños.

-Sabes perfectamente lo que significa mi enfermedad. Sabes que cada día que pasa...

No pudo terminar.

Gabriel desvió la mirada.

-La familia de Emily está en Londres. Ellos podrán hacerse cargo de Adrien.

Aquellas palabras terminaron de romper la poca compostura que le quedaba.

-¡Gabriel, por favor! ¡No me quites a mi niño, no así!

Las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas.

Gabriel se quedó completamente inmóvil.

Mi niño.

Nathalie pareció darse cuenta demasiado tarde de lo que acababa de decir.

Pero ya no pudo detenerse.

-¡Él me necesita, Gabriel! -continuó, con la voz temblorosa-. ¿Quién lo va a cuidar? ¿Quién le va a decir que no debe tener miedo? ¿Quién le va a asegurar que es amado?

Gabriel no respondió.

Por primera vez, no tenía una respuesta preparada.

-Nathalie...

-¡Es mi niño! -susurró ella, llorando-. Aunque no haya nacido de mí... aunque no lleve mi sangre...

Gabriel tragó saliva.

-La familia de Emily está en Londres. Ellos lo...

-¡Ellos no lo conocen ni lo aman como yo!

La voz de Nathalie resonó por toda la habitación.

Era la primera vez que Gabriel la veía perder completamente la compostura.

Y aquello era todavía más impactante porque apenas tenía fuerzas para mantenerse de pie.

-Adrien no los conoce... -murmuró.

Nathalie bajó la mirada.

-Mi niño no sentirá nuestra presencia.

Gabriel cerró los ojos durante un instante.

Cuando volvió a abrirlos, dijo las palabras que jamás debió pronunciar.

-...No es tu hijo, Nathalie.

Silencio.

Nathalie levantó lentamente la cabeza.

Por un instante, Gabriel creyó que simplemente había terminado la discusión.

Se equivocaba.

¡Paf!

La bofetada hizo que Gabriel perdiera el equilibrio y cayera al suelo.

Nathalie respiraba con dificultad.

Su mano temblaba.

Pero no por arrepentimiento.

-No, Gabriel.

Se incorporó con enorme esfuerzo.

-No es mío.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

-Es tuyo y de Emily.

Gabriel permaneció en el suelo, completamente paralizado.

Nathalie se dirigió hacia la puerta.

Cada paso parecía costarle una cantidad enorme de esfuerzo.

Pero antes de cruzar el umbral, se detuvo.

Sin siquiera mirarlo, dijo:

-Pero nadie le hará saber que es amado como yo.

Su voz se quebró.

-Ni siquiera tú fuiste capaz.

Y entonces salió.

La puerta se cerró lentamente.

Gabriel permaneció en el suelo.

Sin moverse.

Sin decir una palabra.

Pero aquella frase seguía repitiéndose dentro de su cabeza.

"Mi niño."

Por primera vez, Gabriel comprendió algo que había estado frente a él durante años.

Nathalie no había estado cuidando a Adrien simplemente porque fuera su trabajo.

Lo había estado cuidando porque, en lo más profundo de su corazón...

Adrien se había convertido en su hijo.

La despedida de una madre y hermana. Stories to obsess over. Discover now