En un archipiélago alejado del resto del mundo florecía una antigua civilización humana que convivía en perfecta armonía con los Pokémon nativos de aquellas tierras. El archipiélago estaba formado por cuatro grandes islas, conocidas desde tiempos remotos como Melemele, Akala, Ula-Ula y Poni.
Fue allí donde comenzó una historia que cambiaría para siempre el destino del mundo.
Era el vigésimo día del año. El sol descendía lentamente por el oeste mientras una brillante luna llena aparecía en el horizonte oriental, como si ambos astros fueran testigos de un acontecimiento irrepetible.
En una pequeña aldea llamada Lili, una mujer estaba dando a luz. El parto era especial, pues esperaba mellizos.
El primero en nacer fue un niño. Alcanzó a contemplar los últimos rayos del sol antes de que el día terminara. Apenas unos segundos después nació su hermana, quien abrió los ojos bajo el resplandor de la luna.
Así llegaron al mundo Taiyo, el hermano mayor, y Tsuki, la hermana menor.
Este acontecimiento sería el inicio del año 0.
Esta es su historia.
Año 9 D.A. (Después del Amanecer).
Los años transcurrieron con tranquilidad. Cuando ambos cumplieron nueve años, se habían convertido en niños fuertes y saludables, incluso más que la mayoría de los pequeños de su edad. Sin embargo, aquello que realmente los hacía diferentes era el extraordinario vínculo que compartían con los Pokémon.
Taiyo y Tsuki podían comunicarse con ellos como si hablaran con cualquier otra persona. Aquella habilidad les permitía convivir con los Pokémon salvajes de una forma que nadie más era capaz de comprender.
Sus compañeros inseparables eran tres Rockruff. Uno permanecía siempre junto a Taiyo, otro acompañaba a Tsuki y el tercero era completamente libre, siguiendo a cualquiera de los dos hermanos según su propio instinto. Los días transcurrían entre juegos, risas y aventuras, sin imaginar que aquella paz estaba a punto de desaparecer.
Ese mismo año, en el año 9 D.A., la tranquilidad de Alola llegó a su fin.
Sin previo aviso, numerosos Pokémon jamás vistos por los habitantes del archipiélago comenzaron a descender desde el cielo. Eran criaturas completamente desconocidas, diferentes a cualquier especie que hubiera habitado aquellas islas.
Uno de ellos apareció en Pueblo Lili, precisamente donde Taiyo y Tsuki jugaban junto a sus Rockruff.
La enorme criatura avanzó lentamente hasta detenerse frente a los niños. Su cuerpo era rojo, musculoso y poseía el aspecto de un gigantesco insecto.
-¿Un... Pokémon...? -preguntó Tsuki, observándolo con sorpresa.
Taiyo dio un paso al frente sin apartar la vista de aquella extraña criatura.
-Se parece a uno... ¿Será agresivo? ¿Cómo te llamas?
Por un instante pareció que el extraño Pokémon simplemente los observaba. Sin embargo, sin emitir respuesta alguna, levantó uno de sus enormes puños y descargó un poderoso golpe contra Taiyo.
Antes de que el impacto lo alcanzara, su Rockruff se interpuso entre ambos y recibió el ataque de lleno, siendo lanzado varios metros por la fuerza del impacto.
El gigantesco Pokémon rugió con violencia.
Taiyo apretó los puños.
-Así que te llamas Buzzwole...
Buzzwole volvió a lanzarse contra él.
-¡Lanzarrocas!
La voz de Tsuki resonó con decisión. Su Rockruff obedeció de inmediato, golpeando al invasor con un ataque de roca. Aunque el impacto apenas consiguió hacer retroceder a Buzzwole, fue suficiente para darles unos valiosos segundos.
Los hermanos aprovecharon aquella oportunidad para escapar junto a sus compañeros.
Cuando finalmente alcanzaron las afueras de Pueblo Lili, el panorama que apareció ante sus ojos fue aún más aterrador.
No era un único invasor.
Muchos otros Pokémon desconocidos estaban atacando el pueblo, arremetiendo sin distinción contra humanos y Pokémon.
Aquella noche quedó grabada para siempre en la memoria de Alola.
Literalmente llovió sangre.
Hombres, mujeres, niños y Pokémon perdieron la vida durante aquella tragedia. Entre las innumerables víctimas también se encontraban los padres de Taiyo y Tsuki.
La isla de Melemele había caído.
Consumidos por el dolor y el deseo de impedir que aquella tragedia continuara, ambos hermanos tomaron una decisión.
-Vayamos a la isla Poni, Tsuki...
La pequeña observó a su hermano sin comprender del todo sus intenciones.
-¿Por qué?
-Porque allí viven los guardianes de Alola: Laliona y Mahina Pe'a. Sus nombres han sido recordados desde hace muchos años, cuando protegieron la región durante un antiguo desastre. Si alguien puede detener esta invasión, son ellos.
Tsuki comprendió inmediatamente lo que debían hacer.
-Entonces necesitaremos una balsa.
Taiyo asintió.
Con ayuda de sus Rockruff, ambos escaparon definitivamente de los alrededores de Pueblo Lili y alcanzaron la costa.
Frente al inmenso océano, mientras contemplaban el horizonte donde se encontraba la lejana isla Poni, Taiyo rompió el silencio.
-Comencemos a preparar nuestro viaje.
Para dos niños de apenas nueve años, construir una embarcación capaz de cruzar el mar no era una tarea sencilla.
La construcción de aquella balsa tomó dos años completos.
Año 11 D.A.
Durante ese tiempo, Taiyo y Tsuki fortalecieron sus cuerpos, perfeccionaron sus habilidades en combate y, gracias al don que poseían para comunicarse con los Pokémon, reunieron numerosos compañeros que decidieron acompañarlos.
Los pocos supervivientes de Melemele depositaron todas sus esperanzas en aquellos dos hermanos.
Finalmente, cuando la embarcación estuvo lista, Taiyo, Tsuki y sus Pokémon zarparon rumbo a la isla Poni en busca de los legendarios guardianes de Alola.
Antes de abandonar la costa, ambos dirigieron una última mirada hacia su hogar, ahora convertido en territorio enemigo.
-¡Les prometemos que volveremos!
Ninguno de los dos imaginaba que, mientras luchaban por recuperar Melemele, el destino de las demás islas de Alola ya también había comenzado a cambiar.
Continuará...
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Pokémon - Crónicas Cero
FanfictionPokémon - Crónicas Cero Es un conjunto de historias ambientadas dentro de "este" universo Pokémon, relatos que exploran acontecimientos, leyendas y momentos de su pasado que complementan "este" canon que continúa creciendo y expandiéndose con cada...
