Para mí, ir a la universidad no era una rutina normal; era una estrategia de supervivencia. Mi único objetivo cada mañana era el mismo: desaparecer.
Antes de que saliera el sol, mi alarma ya estaba sonando. Evitaba el espejo del baño como si fuera una maldición, porque sabía perfectamente que una sola mirada fija a mi reflejo bastaba para arruinarme el día entero. En su lugar, iba directo a buscar mi armadura. Me ponía esas sudaderas tres tallas más grandes que tanto odiaba mi madre; telas gruesas y pesadas que no usaba por el frío, sino para borrar cualquier línea de mi cuerpo. Me encajaba el gorro de lana negro hasta las cejas y dejaba que los mechones de mi cabello me taparan la cara.
Listo. Si nadie podía verme, nadie podía juzgarme. Si lograba ser un maldito fantasma, tal vez las burlas de la preparatoria finalmente se callarían dentro de mi cabeza.
El problema era que toda esa seguridad de tela se me caía a pedazos en cuanto ponía un pie en el edificio de la Facultad de Artes Visuales. Porque ahí, entre el olor a pintura, óleo y aguarrás, mis ganas de esconderme chocaban de frente con algo que me dolía todavía más en el pecho: la necesidad desesperada de que Park Jimin me mirara.
Me detuve a un lado del pasillo principal, pegando la espalda a los casilleros de metal. Fingí buscar unos apuntes en mi mochila, pero la verdad era que mis ojos ya lo habían encontrado.
Jimin estaba parado junto a los grandes ventanales, rodeado de esa luz dorada de la mañana que parecía pertenecerle solo a él. Se estaba riendo de espaldas, con los hombros relajados y los dedos manchados de un azul cobalto que se le colaba bajo las uñas. Él no solo caminaba por el campus; él era el dueño del lugar. Tenía esa seguridad magnética que contagia a la gente que se sabe que es hermosa. Era el estudiante estrella, el genio que convertía cualquier lienzo en una obra de arte que hacía llorar a los profesores.
Y yo... yo era solo una mancha borrosa en su panorama. Un cobarde que se conformaba con mirarlo de lejos, secretamente enamorado de un sol que, si me prestaba atención por dos segundos, seguro terminaría por quemar lo poco que quedaba de mí.
— Oye, Jimin, hablando en serio — La voz de uno de sus amigos me sacó de mi trance, resonando en el pasillo — Tienes que elegir a tu modelo para el concurso de la próxima semana. El director dijo que si no presentas algo con alma este año, podrías perder la mención de honor.
Tragué saliva, sintiendo un nudo amargo en la garganta. Cerré el cierre de mi mochila, agaché la cabeza hasta que el mentón me tocó el pecho y empecé a caminar, arrastrando los pies. Solo quería pasar de largo antes de que la presión me hiciera salir corriendo.
Fue justo en ese segundo, cuando mis botas gastadas pasaron a menos de dos metros de su grupo, cuando escuché que cambiaron de tema. Y el aire se me congeló en los pulmones.
— ... Olvídalo, todas las opciones que me dieron son aburridas — Escuché la voz de Jimin, un poco frustrada — Solo son rostros bonitos y cuerpos perfectos de gimnasio. No tienen misterio, no tienen alma. El concurso es en dos semanas y no encuentro nada que me inspire a tocar un maldito pincel.
— Bueno, si buscas misterio... — Uno de sus amigos, un chico alto de cabello castaño, soltó una risita burlona justo cuando yo pasaba a su lado. Se inclinó hacia Jimin, pero no se molestó en bajar la voz — Mira a ese.
Sentí un escalofrío de golpe. Sabía que hablaban de mí. Siempre pasaba.
— ¿El vagabundo del gorro? — Dijo otra de las chicas del grupo, riéndose entre dientes — Por favor, Minho. Ese chico parece un fantasma. Con esa ropa tan gigante que usa todos los días, seguro es la persona más horrenda del campus y por eso se oculta. Da hasta un poco de pena.
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Lienzo en tu mirada (Jikook)
FanfictionPasé años escondiéndome bajo ropa holgada para no ser visto. Ahora estoy en su habitación, desatando mi bata en la oscuridad y temblando ante su propuesta: "Déjame enseñarte lo que yo veo cuando te miro". Prohibido copiar o adaptar mis historias, si...
