Prólogo

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Sintió un golpe en el estómago, seguido de otro en la pierna.

-Maricón.

Dos patadas más en el estómago.

Sentía que, en cualquier momento, podría desmayarse del dolor. Cada golpe que impactaba contra su cuerpo solo le recordaba lo inservible que era para este mundo.

Los tres chicos lo miraron con asco. Soltaron una carcajada y se marcharon del lugar, dejándolo tirado sobre el frío pavimento.

Sintió cómo el vómito le quemaba la garganta. El sabor agrio le subió hasta la boca, obligándolo a retorcerse sobre el suelo.

-Mierda...

Jadeó por lo bajo. Hizo fuerza con todo su cuerpo y consiguió levantarse. Tambaleándose, caminó lentamente hasta el banco más cercano.

A mitad de camino, un rubio al que conocía demasiado bien chocó con él por accidente.

-¿Luka...?

Su vista se nubló.

Y cayó otra vez al suelo.

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Sintió unas suaves caricias sobre su cabeza.

Abrió los ojos lentamente y se encontró con una pelinegra acariciándole el cabello. Sonrió apenas y tomó la mano de la chica.

-Oh... hola, Sua.

Ella también sonrió y entrelazó sus dedos con los de Till.

-¿Cómo te encuentras, tonto?

Intentó soltar una risita.

Lástima que el dolor que le atravesó el estómago lo obligó a detenerse y encorvarse sobre la camilla.

-No hagas fuerza, Till. Vas a empeorar.

El chico quiso negar con la cabeza, pero el dolor volvió a detenerlo.

-Estoy bien, Sua... N-no te preocupes.

La chica negó con firmeza y se levantó para buscar a una enfermera.

Till la detuvo sujetándole la muñeca con suavidad.

-Está bien... Luka ya fue a buscar a una, ¿no?

Sua dudó unos segundos, pero terminó sentándose otra vez.

-Sí...

Till sonrió despacio.

La amaba.

Como a una hermana, claro.

Habían estado juntos desde la secundaria y, ahora que estaban en la universidad, las cosas seguían prácticamente iguales.

Lo mismo pasaba con Luka.

Tras unos minutos de silencio, Sua volvió a hablar.

-Till... ¿Te gustaría salir mañana? Mizi también va.

Till dudó.

Mizi le caía muy bien. Era la alfa de Sua y una de las pocas alfas con las que se sentía relativamente seguro.

Pero, después de episodios como el de ese día, solo quería encerrarse en su habitación y no ver a ningún alfa durante semanas.

Los odiaba.

Su padre había sido un alfa alcohólico.

Lo golpeaba a él y a su madre desde que era pequeño.

Había muerto hacía dos años.

He's my man / Ivantill Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora