Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

Juntos En Todos Los Universos...Pero En Este No

11 0 0
                                        

En todos las realidades, en cada rincón del lienzo del espacio y el tiempo, el multiverso parecía tener una única constante escrita con fuego y tinta indeleble.
Katsuki, estaba ajustandole a Izuku los últimos retoques de su armadura, pero estaba perdiendo la paciencia

-¡Deja de manosear esa mierda, Deku! ¡Es un traje de alta tecnología, no un disfraz barato! Te lo compré para que dejes de romperte los huesos, no para que te la pases tocándolo como un idiota.

Izuku soltó una risita nerviosa, ajustando la placa del pecho de la armadura que tanto le había costado financiar a su amigo.

-Está bien, Kacchan, de verdad. Es solo... me cuesta acostumbrarme. Pesa usar algo así... pero gracias.

Katsuki solo gruñó, dándole la espalda para que no viera la sombra de una sonrisa autosuficiente en sus labios.

Cientos de años atrás, o tal vez en un mundo que solo existía en los cuentos, el eco era el mismo. Bakugo era un cazador de dragones, usaba unos jeans,un collar de dientes, una capa roja y cargaba una espada mientras su paciencia se acababa por que Izuku, su compañero, murmuraba recetas de pociones que el ya se sabía de memoria.

-¡Cierra el pico y deja de murmurar sobre tus malditas pociones de hierbas, Deku! ¡Tenemos que encontrar a ese dragón antes del anochecer y tus murmullos le van a dar dolor de cabeza a los árboles!

El joven erudito de traje verde apretó su grimorio contra el pecho, apresurando el paso tras las botas de cuero del rubio.

-¡Solo decía que la raíz de la mandrágora ayuda contra el fuego, Kacchan!

Incluso bajo la nieve de diciembre, con las luces de la ciudad parpadeando en rojo y verde, el ruido de fondo no cambiaba. Era navidad, había un enorme árbol decorado mientras todos se daban regalos, Bakugo traía una caja mediana mientras caminaba directo a Izuku, el empujó a Uraraka diciéndole que se quite de su camino, no le regala ni un favor.

-Iba pasando y vi esta mierda tirada en la basura. Cógela, para que dejes de chillar con que nunca te doy nada en Navidad, pedazo de nerd.

Izuku atrapó el paquete en el aire, abriéndolo para revelar la bufanda tejida a mano que Katsuki había tardado semanas en terminar en secreto.

-Kacchan...esto no estaba en la basura.

-¡Cállate y póntela antes de que me arrepienta y la explote!

En otra vida, bajo el sol de primavera, la voz sonaba un poco más aguda, pero con la misma rabia afectuosa. Allí caminaba Katsumi Bakugo (su contraparte femenina), tiraba del brazo a Shizuku Midoriya (también su contraparte femenina)

-¡Apúrate, Deku! ¡Deja de arreglarte la maldita falda que el tren ya va a salir y no pienso esperarte!

-¡Espérame Kacchan! ¡se me desató un zapato!

-¡Atate ese maldito zapato en el tren! ¡Si no llegas al tren, no voy a retenerte la puerta!

-¡No Kacchan! ¡No puedo gastar en taxis o mi mamá me castiga!

Y cuando las reglas de la vida se rompían, el destino se las ingeniaba para reunirlos de todos modos. En una noche de luna llena de Halloween, un enorme hombre lobo caminaba a grandes zancadas por un cementerio olvidado, masticando una rama con frustración.
Bakugo era un hombre lobo con pocas ganas de ayudar mientras Izuku era un adorable fantasmita que flotaba a su lado.

-¿Dónde demonios está esa supuesta tumba? Se supone que debías descansar en paz, no seguir molestándome.

-¡No es mi culpa que no encuentre mi lápida, Kacchan! ¡Además, me gusta acompañarte!

-Ya cállate y sigue buscando, maldito fantasma

No importaba la forma, la época o la gravedad, cambiaban las eras, las vidas, los cuerpos y los mundos. Pero sea en el universo donde estuvieran, el rubio siempre escucharía ese "Kacchan" pronunciado con devoción...y el peliverde siempre respondería a ese "Deku" gritado con furia encubierta de cariño.

Eran una certeza matemática. Una ley cósmica, estaban destinados a estar juntos en todos los universos...excepto en uno.

El tiempo es un lienzo cruel y, a veces, la mano que dibuja el destino simplemente se equivoca de trazo. En esta vida, la historia no tuvo espacio para dos niños compartiendo juegos bajo la sombra de los árboles.

Izuku se había marchado a miles de kilómetros de distancia cuando apenas tenía cinco años tomando la mano de su mamá, mucho antes de que sus caminos pudieran cruzarse en las aulas de un jardín de infancia.

En este mundo, Katsuki Bakugo jamás supo lo que era crecer al lado de alguien sin Quirk, jamás aprendió a odiar y amar la terquedad de un peliverde con pecas, creció solo en su propia cima, convirtiéndose en un héroe implacable, impecable, solitario. No había cicatrices compartidas, no había sobrenombres, no había nada.

El viento helado de la noche arrastraba el olor a lluvia reciente por la gran avenida, Katsuki caminaba en medio de su patrullaje nocturno, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el asfalto mojado, era una noche tranquila, ridículamente silenciosa, pero dentro de su pecho latía un malestar difuso, una inquietud que llevaba semanas molestándole las entrañas sin razón aparente.

Se detuvo en medio de la acera, la multitud a su alrededor fluía como un río de sombras sin rostro, ajenos a su presencia, alzó la vista hacia el imponente rascacielos que dominaba la intersección.

Allí, proyectado en una pantalla gigante de alta definición que iluminaba la noche con destellos fríos de azul y plata, estaba él.
El anuncio del fenómeno mundial del momento. El "Príncipe del Pop" era japonés pero de ciudadanía rusa, era un muchacho de postura impecable, traje elegante y una elegancia magnética que paralizaba estadios enteros alrededor del globo.

Un prodigio criado al otro lado del mundo que solo conocía la devoción por la música y el legado de Michael Jackson, alguien que jamás había pisado una academia de héroes, que jamás había sabido lo que era un Quirk, que jamás había oído hablar de Katsuki Bakugo.

El rubio se quedó completamente estático, en un segundo, el aire se le escapó de los pulmones. Fue un golpe seco, una punzada agónica y violenta directamente en el centro del pecho.

No era dolor físico, era el peso aplastante de una ausencia imposible.
Sus pupilas se contrajeron, fijadas en la pantalla. Sus ojos rubí perdieron todo su brillo habitual, quedándose vacíos, extraviados, devorados por una marejada de emociones destructivas que no lograba comprender.

Era la mirada de un depredador que acababa de descubrir que el mundo le había robado algo vital antes de que pudiera reclamarlo, la mirada rota y desequilibrada de quien siente el abismo arañando su garganta, un desconcierto feroz le oprimió el cuello.

¿Por qué me duele? ¿Por qué siento que me estoy ahogando si ni siquiera sé quién es ese imbécil?

No lo conocía, jamás le había estrechado la mano, jamás habían compartido una palabra. Sin embargo, mientras la imagen del cantante parpadeaba en la pantalla gigante bajo el cielo frío, los labios de Katsuki se movieron por instinto propio, traicionando a su propia mente. Murmuró un hilo de su voz casi inaudible sepultado por el ruido de Musutafu.

-...Deku

Un murmullo sin dueño, era un nombre que no tenía sentido en este universo, pronunciado por un hombre que no sabía a quién estaba llamando, dirigiéndose a una estrella que jamás lo miraría de vuelta.

La Nave Del OlvidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora