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Capítulo 1

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El aroma a carne asada con especias picantes, carbón y rocas calientes siempre impregnaba el aire del palacio imperial de Enka. Para cualquiera de afuera, el Reino de Fuego era un lugar imponente, construido con piedra volcánica negra y detalles en bronce que relucían bajo el sol eterno de sus tierras. Sin embargo, en el jardín privado de la familia real, la atmósfera era inusualmente pacífica.

Sentados alrededor de una mesa de piedra pulida, los soberanos de dos de los reinos más poderosos del continente compartían una comida. La reina Mitsuki, con su característica energía desbordante, reía ruidosamente mientras chocaba su copa con la de la reina Inko. A su lado, el rey Masaru sonreía con calma, sirviendo más té de bayas para el rey Hisashi, quien, a pesar de portar su pesada armadura del Reino del Bosque, Shinrin, mantenía una expresión suave y relajada en presencia de sus amigos más cercanos.

Las dos familias compartían un lazo que iba más allá de los tratados comerciales y las fronteras políticas. Eran amigos de toda la vida.

—¡Míralos, Inko! —exclamó Mitsuki, apoyando los puños en la mesa mientras asomaba la cabeza hacia el patio de entrenamiento inferior—. Tu mocoso no se queda atrás. ¡Tiene agallas para hacerle frente a Katsuki!

Inko soltó una risita nerviosa, juntando sus manos contra su pecho con esa calidez tan típica de los habitantes de Shinrin.

—Izuku siempre ha sido muy entusiasta, Mitsuki. Pero Katsuki es realmente fuerte para su edad. Solo espero que no se lastimen.

—Por favor, Inko, son espadas de madera —intervino Hisashi con una voz profunda pero amable, cruzándose de brazos mientras observaba la escena con orgullo—. Además, el joven heredero de Enka tiene un fuego natural en su espíritu. A Izuku le hace bien aprender a lidiar con esa intensidad.

En el patio, ajenos a la conversación de los adultos, dos niños de apenas seis años se batían en un duelo encarnizado. Bueno, tan encarnizado como dos espadas de madera y dos pares de piernas cortas lo permitían.

—¡Te tengo, Deku! —rugió el pequeño Katsuki, lanzándose hacia adelante.

Sus ojos rojos brillaban con una determinación feroz y sus rizos rubios saltaban con cada movimiento. Aún no se manifestaban sus dones de forma completa, pero diminutas chispas, casi invisibles, saltaban de sus palmas cuando se emocionaba demasiado. Lanzó un tajo descendente con todas sus fuerzas.

Izuku, un niño menudo de mejillas salpicadas de pecas y enormes ojos verdes, no se echó hacia atrás. En lugar de bloquear el golpe directamente —lo que habría roto su pequeña espada debido a la fuerza bruta de su amigo—, dio un paso lateral con una ligereza que parecía innata en la gente de Shinrin. La madera de Katsuki cortó solo el aire.

—¡Kacchan, tu guardia está abierta por la izquierda! —avisó Izuku con una sonrisa brillante, girando sobre sus talones para darle un leve toque con su espada de madera en la costilla del rubio.

—¡Cállate! ¡No me des órdenes! —Katsuki gruñó, dándose la vuelta rápidamente con el rostro encendido por el orgullo herido.

Se lanzó de nuevo, esta vez con más velocidad. Izuku soltó una carcajada limpia, corriendo por el patio de armas, esquivando y chocando su madera contra la de Katsuki con una sincronía perfecta. No había malicia en sus movimientos, solo la pura alegría de la infancia. Eran inseparables. Cuando la corona de Shinrin visitaba Enka, los dos príncipes se volvían uno solo: explorando las fronteras, compartiendo secretos y prometiendo que, cuando fueran grandes, serían los guerreros más formidables que el continente hubiera visto jamás.

De vuelta en la mesa, Masaru observó la escena con una sonrisa melancólica.

—Hacen un buen equipo. Tienen naturalezas opuestas, pero de alguna manera... se complementan.

Principio y Final - BakuDekuStories to obsess over. Discover now