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Prologo: El comienzo de una unión

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"Perdidos, sin buscarnos, hoy fuimos a encontrarnos, y hoy tu eres mi destino. La muerte y tu sonrisa son dos flechas letales, que, aunque atacan y no avisan, no son casualidades. Te invito a tropezarnos, juntos y desarmarnos, llamémosle destino, que de tanto soñarnos, logremos despertarnos y en eso estes conmigo"


La unión que marcó la pauta para Niran y Tarin no fue algo hermoso ni mucho menos divino. En el instante que la última respiración abandonó sus cuerpos físicos, su mundo se desdibujó. Se disolvió.

No hubo incertidumbre, sabían que eso sucedería en algún momento, al contrario de lo que se podía pensar, hubo una calma y una paz, que se sentía sumamente liviano.

Cuando se percataron nuevamente de sí mismos, ya no estaban en la Tierra.

Se encontraban en un jardín infinito, con árboles de hojas doradas que murmuraban mantras con el viento, ríos de luz que fluían sin tocar el suelo. Era uno de los reinos celestiales de los devas, un lugar donde las conciencias descansaban antes de continuar el ciclo del Samsara.

Allí estaban, aquellos dos espíritus, uno junto al otro. Dos conciencias que habían compartido una vida humana.

Niran fue el primero en recordar todo lo vivido a su lado. Y al ver a la otra presencia frente a sí, su esencia vibró con la misma emoción que había sentido durante su vida mortal. Como si todos esos sentimientos y sensaciones volvieran a invadir su ser.

—Tarin...

El nombre resonó como una campana suave. Pero la reacción no fue la misma.

Tarin observó el cielo infinito sobre ellos, las montañas de luz a lo lejos, las puertas translúcidas donde otras almas elegían sus futuros renacimientos.

Un universo entero por recorrer... que le había sido arrebatado ante sus ojos. Sintió la pérdida de sus ilusiones y sueños.

Entonces miró a Niran. El peso de una vida que nunca había planeado volvió a su memoria.

Había amado. Sí. Pero también había renunciado al aprendizaje que se suponía debía tener. Había sufrido, dejado y perdido, aquello que jamás volvería y que era incapaz de conocer.

Viajes. Caminos. Horizontes. Todo abandonado por quedarse. Por amar.

La rabia tan mortal, se instaló junto con su esencia. La presencia ajena que le miraba con ternura, no le producía más que rechazó y repulsión.

Niran se acercó con cariño en su mirar. Parecía que era ajeno al deje de rencor que se presentaba en Tarin.

—Si volvemos a nacer... —dijo suavemente— quiero encontrarte otra vez.

El aire del reino de los devas vibró. Dos figuras aparecieron detrás de ellos.

Sus guías espirituales.


El de Niran, Sutham, irradiaba una luz cálida, mientras que el de Tarin, Khetta, observaba en silencio, conociendo ya a su rebelde y muy mortal protegido.

Sutham temía por Niran, era demasiado noble para darse cuenta de las malas intenciones de los demás. Eso siempre había sido así, por ello, su misión era aprender a ser más desconfiado, fracasando en miles de veces.

Al contrario de Tarin, que, había sufrido mucho, por lo que, cualquier oportunidad de ser libre era escaza, de ahí su rabia contra aquel que le amó en su última vida. Pues la sensación de estar atado no le agradaba mucho. Khetta miró y analizó la situación que sucedía frente a él, preparándose para el rechazo de Tarin ante la propuesta arrebatada de Niran.

—Podemos hacer un pacto —continuó Niran, sin importarle la respuesta de Tarin —. Que en cada vida volvamos a encontrarnos.

Tarin guardó silencio. En su interior algo oscuro se movió. Una herida. Un resentimiento que ni siquiera la muerte había borrado.

Pero sonrió, descolocando a Khetta que le miró extrañado y preocupado.

—Está bien Niran —dijo finalmente—. Hagámoslo, sigámonos encontrándonos por la eternidad.

Las guías espirituales se miraron con preocupación, pero, aun así, extendieron un pergamino hecho de luz kármica, listo para plasmar en él lo prometido por ambos espíritus.

Los pactos entre almas no eran comunes, pues la fragilidad humana y lo efímero de las promesas espirituales era una constante. El karma es complejo de por sí, el libre albedrío humano hace imposible conservar cualquier destino prometido. Pero, era posible crear tendencias, caminos probables. Elecciones generales que apoyaban a lo que los espíritus deseaban aprender en la siguiente vida. Que carencias o que virtudes tener, así como elegir a la familia espiritual que los acompañaría en la vida humana.

Sutham dudó. El miedo le embargó, al ver la ilusión en la mirada de Niran y la sonrisa fría en Tarin, titubeó. Miró a Khetta, buscando ayuda ante la situación.

Y Khetta, apenas perceptible, inclinó la cabeza, pues no dudaba que Tarin tuviera algo entre manos. Algo oculto a simple vista.

Sutham, ante la duda de su compañero Khetta, alteró el pacto. No sería eterno, sólo cuatro vidas. Cuatro oportunidades para que Tarin demostrará sus intenciones con Niran.

La tinta kármica selló el acuerdo, ambos Tarin y Niran se miraron y se tomaron de las manos. Niran derrochaba felicidad y calma.

Entonces... eliminando ese deje de paz y jubilo, Tarin habló. Su voz cambió.

—Sí... estaremos juntos.

Niran sonrió y asintió, pero su rostro mostró confusión, cuando Tarin lo jaló hacia él, aprisionándole en un abrazo que dolía, que marcaba posesión... pero lejos de sentirse protegido, trasmitía peligro.

—Pero no como tú quieres—terminó la frase, susurrándole al oído, causando escalofríos en él.

Sutham y Khetta se miraron alarmados. El jardín celeste quedó en silencio.

—Te encontraré en cada vida —continuó Tarin, aún sin soltarle—. Y te romperé el corazón, siempre que nos encontremos.

La luz en los ojos de Niran tembló. Los dos guías espirituales no intervinieron, aunque Sutham se hallaba triste por la situación, sabía tanto como Khetta que no debía intervenir. Porque el karma, una vez sembrado, debe florecer.

Y así fue como dos espíritus entraron nuevamente en la rueda del Samsara.

Unidos.

No por amor.

Sino por una deuda que atravesaría cuatro vidas humanas.

Sutham solo podía rezar a los dioses que ablandaran el corazón de Tarin, porque espíritus puros como Niran, no eran encontrados fácilmente. 


...

Lumus

¿Qué onda? ya acabe la maestría y para celebrar les traigo este pedazo de historia que llevo escribiendo desde febrero, está casi terminada, pero bueno, poco a poco les ire compartiendo los capítulos, algo que si debo decir es que vamos a odiar a Tarin y nos va a desesperar Niran, pero es parte del proceso y espero logremos comprenderles. 

Bueno, quiero leer sus comentarios, así que díganme que opinan y ¿qué les parece? <3 

Mañana subo el primer capitulo, les quiero bye bye <3 

pdta. Los títulos son canciones de mis poderosisimos Daniel me estás matando <3 

Nox

Mi DestinoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora