Los primeros rayos del sol apenas comenzaban a iluminar las calles cuando el despertador sonó a las seis de la mañana.
Joselyn abrió un ojo con pereza y, sin siquiera levantar la cabeza de la almohada, estiró el brazo para apagar el molesto sonido.
—Cinco minutos más... —murmuró con la voz todavía adormilada.
Cinco minutos que, como siempre, terminaron siendo diez.
—¡Joss! ¡Ya es tarde! —gritó su mamá desde la cocina.
—¡Ya voy!
Se incorporó de golpe al recordar que era lunes.
El uniforme perfectamente planchado la esperaba sobre la silla de su escritorio. Sonrió al ver un pequeño sobre blanco junto a él.
Lo abrió con curiosidad.
Dentro había una nota escrita con una letra que reconocería en cualquier parte.
"Feliz cumpleaños otra vez, enana. Sé que ya pasó una semana, pero quería que siguieras sonriendo. Hoy te veo en la escuela.
Te quiero.
Dylan."
Joss soltó una pequeña risa.
—Qué cursi...
Pero dobló cuidadosamente la nota y la guardó dentro de la funda transparente de su celular.
Ya era la tercera nota que Dylan le escribía desde su cumpleaños.
Y estaba segura de que nunca pensaba tirar ninguna.
Después de desayunar rápidamente, salió de casa con la mochila al hombro.
El calor ya empezaba a sentirse, aunque apenas eran las siete de la mañana.
Cuando llegó a la preparatoria, el patio estaba lleno de alumnos conversando antes de entrar a clases.
No habían pasado ni diez segundos cuando alguien la abrazó por detrás.
—¡Buenos días, cumpleañera atrasada!
Joss sonrió sin necesidad de voltear.
—Buenos días, Vale.
Valeria soltó el abrazo.
—¿Qué? Déjame seguir felicitándote todo agosto.
—Ya pasó una semana.
—¿Y? Yo decido cuándo dejar de felicitarte.
Las dos comenzaron a reír mientras caminaban hacia el edificio principal.
—¿Y Dylan? —preguntó Valeria intentando sonar casual.
—Debe venir con los del equipo de básquet.
—Ah...
Joss no notó la breve expresión que cruzó el rostro de su amiga.
Fue tan rápida que desapareció antes de que pudiera interpretarla.
—¡Joss!
Una voz masculina hizo que ambas voltearan.
Dylan corría hacia ellas con la mochila colgada de un solo hombro.
Su cabello castaño se movía ligeramente con el viento mientras levantaba una mano para saludarlas.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió Joss sonriendo.
Sin importar cuántas veces lo viera, Dylan siempre lograba sacarle una sonrisa.
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Las promesas que nunca cumplimos
RomanceJoselyn y Dylan parecen tener la vida perfecta. Después de un año de noviazgo, comparten un amor que todos en la preparatoria admiran. Entre clases, risas y pequeños momentos cotidianos, ambos construyen un mismo sueño: ahorrar para viajar juntos a...
