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El pavimento uniforme de la autopista fue cediendo terreno hasta convertirse en un camino secundario, imperfecto, flanqueado por bordes de hierba alta que la estación había dejado crecer sin medida.

Mantenía los dedos fijos sobre el volante. El viaje desde Seúl no había sido largo en distancia, pero sentía en los hombros el peso de los últimos meses; una pesadez constante que no desaparecía con el descanso y del que no valía la pena hablar.

A mi lado, Yoongi descansaba contra el asiento. Llevaba la gorra cubriéndole el rostro y los brazos cruzados sobre el pecho. Parecía ausente, aunque conocía de sobra la agudeza de su atención.

-No deberías soltar el volante mientras sigues manejando, aún cuando es una carretera vacia -dijo, sin modificar la postura ni abrir los ojos.

-No volveré a hacerlo -respondí, sin mucho ánimo.

Yoongi ladó levemente la cabeza para mirarme.

-Sabes que el asunto de la herencia no requería tu presencia. Cualquier representante legal lo habría gestionado desde una oficina en la ciudad.

Giré la vista hacia el espejo retrovisor un instante antes de devolverla al frente.

-Tenía espacio libre esta semana. Solo eso.

Yoongi dejó salir un aire breve por la nariz, ese matiz imperceptible con el que solía dar por concluidas las discusiones inútiles. Conoce mis evasivas y asi como qué puertas no valía la pena forzar.

-Como prefieras. Procura no chocar contra ningún árbol.

Al traspasar la entrada de "Spring Day Village", la atmósfera perdió la prisa de la capital. El motor del auto pareció volverse más ruidoso en contraste con el entorno. Bajé un par de centímetros el cristal de la ventanilla y el aire exterior entró de golpe: un calor terroso, marcado por el rastro del pasto recién cortado y la humedad de la vegetación. El murmullo de la carretera quedó atrás, sustituido por el zumbido de las cigarras a cada lado del camino.

Avanzamos a poca velocidad hasta detener el coche frente a la parcela.

La vivienda de mi abuelo permanecía intacta sobre el terreno elevado. La madera de la fachada había perdido su barniz original tras años de intemperie, adquiriendo un tono pálido y gastado por el sol, pero la estructura conservaba cierta firmeza estoica. La maleza había ganado terreno alrededor de las piedras del camino. En una esquina del patio, la pequeña casa de madera donde solía habitar Monnie se mantenía en pie, con la entrada vacía orientada hacia el porche.

El recuerdo no vino acompañado de nostalgia, sino de una imagen nítida: un perro pequeño corriendo en círculos sobre el pasto seco mientras mi abuelo rellenaba una taza de té de cebada, observando el movimiento sin prisa alguna, como si el tiempo fuera un recurso inagotable.

Apagué el recuerdo.

-Bueno -dijo Yoongi al abrir la puerta del coche y pisar la tierra del camino-. Hemos llegado.

Me acerqué al porche de madera. El manojo de llaves que traía en la mano pesaba más de lo esperado. Mi abuelo nunca había sido un hombre metódico con esas cosas; en el aro se amontonaban cerca de una docena de llaves oxidadas, algunas bien cuidadas o idénticas en forma, sin ninguna marca que delatara qué cerradura le correspondía a cuál.

Probé la primera. No entró más que un par de milímetros antes de trabarse. La retiré con cierta torpeza, escuchando el chasquido metálico resonar en el porche. Probé una segunda, más delgada, girándola con cuidado para no romper el mecanismo gastado por los años. Nada.

-Si nos quedamos aquí fuera hasta que le atines a la correcta, la noche nos va a alcanzar y yo no pienso dormir en el coche -comentó Yoongi desde abajo, apoyado contra el costado del auto mientras revisaba su teléfono sin demasiado interés.

Love Tractor - AU NAMJINStories to obsess over. Discover now