El viento nocturno de Konoha soplaba con una parsimonia que contrastaba drásticamente con la tormenta interna que Sasuke Uchiha intentaba contener. Cruzo las puertas principales de la aldea con el paso firme, pero su respiración delataba un cansancio que iba más allá del agotamiento físico. La misión de reconocimiento en las fronteras del País del Fuego, específicamente en aquellas ruinas sepultadas por el tiempo y la maleza, se suponía que sería un procedimiento de rutina. Una simple inspección de anomalías de chakra. Sin embargo, el destino, o la maldición que parecía perseguir a su linaje, tenía otros planes.
Al reportarse con el Sexto Hokage, Sasuke omitió deliberadamente el incidente del templo subterráneo. Kakashi, con su habitual mirada analítica oculta tras la máscara, notó que el flujo de chakra de su antiguo alumno estaba extrañamente alterado, pero decidió no presionar, confiando en la capacidad del azabache para resolver sus propios asuntos. Sasuke agradeció el silencio de su antiguo maestro con un asentimiento seco antes de desaparecer en las sombras de las calles iluminadas por los faroles de la aldea.
Necesitaba llegar a su residencia. Necesitaba aislamiento.
Al cerrar la puerta de su casa y asegurar los cerrojos, la pesadez en su pecho se volvió insoportable. Se despojó de la capa, dejándola caer al suelo sin importarle su pulcritud habitual, y se apoyó contra la pared del pasillo, intentando canalizar su chakra para estabilizar el sello que sentía romperse en su interior. En aquellas ruinas, al tocar un altar desgastado por los siglos, una inscripción prohibida había reaccionado con su Sharingan. No había sido un ataque directo, sino algo más sutil: un jutsu de división espiritual que se alimentaba de todo aquello que el portador reprimía con más fuerza.
-Maldición -gruñó Sasuke entre dientes, sintiendo un dolor agudo en la sien derecha.
La luz de la luna se filtraba de manera sesgada por el ventanal de la sala, proyectando una sombra inusualmente densa y alargada sobre el suelo de madera. Sasuke fijó la mirada en esa oscuridad. El reflejo de su propio cuerpo en el suelo comenzó a ondular, no como el agua, sino como una masa de chakra espeso y oscuro que desafiaba las leyes de la física.
El dolor cesó de golpe, siendo reemplazado por un frío gélido que recorrió su columna vertebral. Poco a poco, la silueta tridimensional comenzó a emerger de la superficie plana del suelo. Primero fueron los mechones de cabello oscuro, desordenados y perfectos; luego, los hombros, la silueta de la ropa idéntica a la suya y, finalmente, un par de ojos que se abrieron de golpe en la penumbra.
Eran sus propios ojos. Su propio rostro. Su propia existencia.
Sasuke dio un paso hacia atrás, desenvainando instintivamente su espada con la mano izquierda, apuntando directamente al impostor. O al menos, al que esperaba que fuera un impostor.
-¿Quién eres? -exigió el Sasuke original, con una voz helada que habría hecho temblar a cualquier shinobi de la aldea.
El doble no se movió de inmediato. Miró sus propias manos, abriendo y cerrando los puños con una fascinación casi infantil, evaluando el peso de su nuevo cuerpo corpóreo. Cuando finalmente levantó la vista para encarar al original, no había en su rostro la expresión estoica, calculadora y fría que Sasuke solía mostrar al mundo. En su lugar, una sonrisa ladina, cargada de una autosuficiencia peligrosa y una intensidad desbordante, se dibujó en sus labios.
-Soy tú, Sasuke -respondió el doble. Su voz era idéntica, pero el tono era diferente: más bajo, más arrastrado, desprovisto de los filtros de la cortesía o el autocontrol-. Pero sin las cadenas que te impones a ti mismo todos los días. Sin el miedo a admitir lo que realmente deseas.
-Eres un rastro de chakra parasitario del templo -sentenció el original, acumulando electricidad en la punta de su espada, haciendo que el sonido del Chidori comenzara a piar débilmente en la habitación-. Te destruiré aquí mismo.
-¿Destruirme? -El clon soltó una risa seca, un sonido magnético que llenó el espacio cerrado-. No puedes destruir lo que forma parte de tu propia alma. Las ruinas solo me dieron la forma que tanto has intentado ocultar. Estás cansado de ser el protector silencioso, el hombre que observa desde las sombras sin atreverse a reclamar lo que es suyo.
Antes de que el Sasuke original pudiera arremeter, el doble se movió con una velocidad cegadora. No usó una estrategia ninja convencional; simplemente se deslizó por el espacio con una soltura física impresionante. Sus caminos colisionaron en medio de la sala. El choque de sus antebrazos resonó con un golpe seco que hizo crujir las paredes de la casa.
El Sasuke original intentó usar su Sharingan para predecir el siguiente movimiento del doble, pero se dio cuenta, con creciente horror, de que el clon compartía exactamente la misma línea de pensamiento táctico, solo que con un impulso mucho más salvaje.
El doble no buscaba una batalla a muerte por el honor o la venganza; buscaba probar su libertad. Con un movimiento fluido, el clon pateó el costado del original, obligándolo a bloquear con el pomo de su espada, y aprovechó el impulso para retroceder hacia la ventana abierta.
-Tú puedes quedarte aquí encerrado intentando descifrar cómo curarte -dijo el Sasuke impulsivo, apoyando una mano en el marco de la ventana, mientras la brisa de la noche agitaba su cabello-. Pero yo tengo asuntos más importantes que atender en esta aldea. Hay alguien a quien has estado ignorando por orgullo, y yo no pienso perder más el tiempo.
El Sasuke original sintió un vuelco en el estómago. La mención indirecta activó todas sus alarmas internas. Sabía perfectamente a quién se refería, porque esa misma noche, mientras caminaba hacia la oficina del Hokage, un único pensamiento intrusivo y constante había cruzado su mente: el rostro tímido, los ojos perlados y la presencia reconfortante de Hinata Hyūga. El clon se alimentaba de sus deseos reprimidos, lo que significaba que la obsesión latente que él guardaba bajo llave ahora andaba suelta por las calles de Konoha con un cuerpo propio.
-¡Espera! -ordenó el original, lanzándose hacia adelante.
Pero ya era tarde. Con una agilidad perfecta, el segundo Sasuke se impulsó hacia atrás, cayendo al patio exterior y desapareciendo entre los tejados de las casas vecinas en un parpadeo, moviéndose como una exhalación negra bajo la luz de la luna.
El Sasuke original se quedó junto a la ventana, apretando el puño contra el marco de madera hasta que sus nudillos se volvieron blancos. El panorama era desastroso. Si la aldea descubría que había dos Sasuke Uchiha, el caos político sería inmediato, y Kakashi se vería obligado a intervenir. Pero el problema político era secundario en comparación con la amenaza inmediata que representaba ese doble sin filtros.
Aquel clon poseía su misma fuerza, su misma destreza, pero estaba guiado únicamente por el impulso, la posesividad y el deseo territorial que el Sasuke real siempre consideraba inapropiado o peligroso mostrar. Y su objetivo era Hinata. Una mujer que, aunque fuerte y una kunoichi respetable, no entendería la naturaleza de lo que estaba por confrontarla. El Sasuke original sabía que debía encontrarlo antes de que causara un desastre, o peor aún, antes de que forzara una situación que cambiara la percepción de Hinata sobre él para siempre.
Recogiendo su capa del suelo con un movimiento rápido y ajustándose la banda ninja, el Uchiha original saltó por la ventana, activando su Sharingan para rastrear el remanente de su propio chakra en el aire nocturno. El rastro se dirigía hacia los distritos más tranquilos de la aldea, cerca de las zonas periféricas donde el clan Hyūga solía tener sus terrenos y rutas de caminata.
La persecución silenciosa comenzó. El Sasuke original se movía entre las sombras de los árboles y los tejados, con los dientes apretados y el corazón latiendo a un ritmo inusual, impulsado por una mezcla de rabia, frustración y un sentimiento que se negaba a etiquetar como celos, pero que quemaba exactamente igual en su pecho. Tenía que llegar primero. Tenía que protegerla de sí mismo.
Mientras tanto, unas calles más adelante, el Sasuke impulsivo avanzaba con una sonrisa que no se desvanecía, disfrutando de la textura del aire en sus pulmones y de la libertad de no tener que esconder lo que sentía. El rastro del chakra suave y puro de Hinata ya estaba al alcance de sus sentidos, y no tenía ninguna intención de contenerse al tenerla de frente.
KAMU SEDANG MEMBACA
Sin Divisiones: La Dualidad de Sasuke
Fiksi Penggemar📝 Descripción: Sinopsis: Un templo en ruinas, un jutsu prohibido y una maldición de división espiritual que cambia las reglas del juego para siempre. Tras regresar de una misión en las fronteras, el alma de Sasuke Uchiha se fragmenta, dando vida a...
