Prologo

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"Siempre pensé que mi historia empezaría el día en que decidí cambiar mi vida. Tardé mucho en entender que, en realidad, había comenzado años antes, con pequeñas preguntas que nunca me atreví a responder."
Hay recuerdos que se quedan contigo sin hacer ruido.
No son los cumpleaños importantes ni las vacaciones familiares. Tampoco las grandes discusiones o las despedidas. Son momentos tan pequeños que, cuando ocurren, parecen no significar nada.
Como quedarse cinco segundos más frente a un espejo.
Como mirar una prenda en el escaparate de una tienda y bajar la vista antes de que alguien note que la estabas observando.
Como preguntarte, durante apenas un instante, cómo sería despertar siendo otra persona... y sentir una paz extraña al imaginarlo.
Durante años pensé que esas cosas les pasaban a todos.
Que todos sentían una pequeña incomodidad cuando alguien les decía cómo debían comportarse.
Que todos fingían sentirse orgullosos cuando escuchaban frases como:
"Ya eres todo un hombre."
Yo sonreía.
Siempre sonreía.
Era mucho más fácil que intentar explicar algo que ni siquiera yo entendía.
Mi nombre era Gerardo.
Tenía veintiún años.
Una familia que me quería.
Un grupo pequeño de amigos.
Una rutina bastante normal.
Desde fuera, mi vida parecía exactamente la que cualquiera esperaría de un chico de mi edad.
Y quizá ese era el problema.
Porque nunca sentí que estuviera interpretando un papel.
Solo sentía que había algo... ligeramente fuera de lugar.
Como llevar un zapato de la talla equivocada.
Podías caminar.
Podías acostumbrarte.
Pero nunca dejaba de sentirse extraño.
No odiaba mi vida.
No odiaba mi cuerpo.
Ni siquiera odiaba que me vieran como un hombre.
Solo había momentos...
Pequeños momentos...
En los que imaginaba otra versión de mí.
Una versión que sonreía con más facilidad.
Que respiraba más tranquilo.
Que no sentía que estaba actuando todo el tiempo.
Entonces cerraba esa puerta.
Porque daba miedo.
Porque no sabía qué significaba.
Porque era mucho más sencillo convencerme de que solo estaba confundido.
Si alguien me hubiera preguntado aquel lunes por la mañana quién era...
Habría respondido sin dudar.
—Gerardo.
Y habría dicho la verdad.
Solo que no toda.

Donde empiezo yo. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora