PARTE 1

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Isla

Último primer día de instituto. ¿Emocionada? Tal vez menos de lo que me había imaginado. Siempre pensé que cuando llegara este día estaría dando saltos de alegría porque al fin me iba de aquel instituto, sin ofender a mi madre, que era la directora, ni a mis increíbles amigos, por supuesto. Realmente, lo que me emocionaba más era saber que estaba más cerca de irme a la universidad. Era el último curso y a pesar de la presión de mis padres, no estaba aún muy segura de que estudiar. Teniendo una madre filóloga y un padre médico, tenía el listón bastante alto. Mi hermano William tenía más suerte, aún le quedaban muchos años para pensárselo. Yo, sin embargo, tenía apenas unos meses. Era todo bastante contradictorio, porque tenía prisa de irme a la universidad, pero no sabía para qué. Solo sabía que cuando me fuera mi vida cambiaría por completo. Podría crear una nueva versión mía, una Isla diferente a la que hay en Havenridge. Aunque bueno, centrándonos en el ahora, tenía que darme prisa en vestirme y prepararme. Por supuesto no podía llegar tarde, además al ser el primer día, mi madre, como directora del centro, tenía que dar su discurso de bienvenida a los alumnos, prometiendo un año increíble y muy emocionante. Llevaba toda la vida con las mismas personas y tenía un grupo increíble de amigos. Lucy y Valerie llevaban conmigo desde la guardería, nuestras madres fueron juntas a la universidad por lo que somos algo como "Las Super Nenas". A Paul lo conocimos el primer día de instituto, llegó nuevo y no tenía amigos, y a Valerie le dio mucha pena y sintió que era más que una persona, un perrito abandonado al que debíamos rescatar.

— ¡Isla, o bajas o me voy sin ti! —gritó mi madre desde la planta de abajo.

Metí las últimas cosas que me faltaban en la mochila, intenté peinarme el pelo de alguna forma, si es que a esta peluca rubia que llevo siempre despeinada se puede llamar pelo, y bajé corriendo las escaleras tratando de no caerme por ellas.

— Perdón, la alarma ha sonado media hora más tarde. —dije mientras le daba un abrazo a William quien estaba sentado en la mesa de la cocina comiendo cereales.

— ¿No desayunas nada? —preguntó mi padre quien acababa de volver de un turno de quince horas en el hospital. Sé que la medicina es pura vocación y que salvar vidas es una cosa muy bonita, pero no sé quién querría aguantar todas esas horas por gusto. – El desayuno es la comida más importante del día, Isla. Y hoy es un día importante.

— ¿Acaso desayuna alguna vez? —dijo mi madre sarcásticamente mientras cogía su bolso.

— Buenos días a todos. —respondí con el mismo tono que ella.

Nos despedimos de William, quien aún no había empezado las clases, y de mi padre y salimos hacia el coche. Havenridge era una ciudad más bien pequeña, y nuestra casa tampoco estaba muy lejos del instituto. Nos metimos en el coche y en el momento en que mi madre bajó el sonido de la radio, en la cual se escuchaban las noticias mañaneras, supe que lo que quería era hablar. Podía imaginarme sobre qué, y sinceramente, era muy temprano para tener por decimoquinta vez la misma conversación.

— Que, ¿estás nerviosa? —dijo tratando de mantener la mirada fija en la carretera.

— ¿Acaso debería estarlo? —respondí.

— Bueno, todavía no, pero en un par de meses aparecerán los primeros ojeadores universitarios, y hablando con las madres de Valerie y Lucy están orgullosas de que sus hijas quieran seguir el mismo camino que nosotras e ir a Berkeley juntas. —nuestras madres estudiaron en California, cada una su rama, pero al convivir en la misma residencia su amistad se ha mantenido hasta ahora.

— Ya hemos hablado de esto mil veces, mamá.

— Sabes que tu padre y yo solo nos preocupamos por tu futuro y queremos lo mejor para ti. Tampoco te queda mucho tiempo para pensar en que hacer, Isla.

Bajo El Cielo Que Nos VioStories to obsess over. Discover now