El silencio gobernaba el castillo con mano de hierro; todos los sirvientes y nobles aguardaban ansiosos mientras la reina Igraine lidiaba con las dificultades del parto. Uther Pendragon, el gran rey, caminaba inquieto fuera de los aposentos reales; él y su esposa habían esperado durante años el nacimiento de un heredero que consolidara su linaje. Tras tanto tiempo sin concebir, Igraine, abrumada por la culpa de la esterilidad, estuvo a punto de aceptar que su marido trajera al castillo a una mujer más joven para asegurar la sucesión del reino. Sin embargo, el destino intervino de forma imprevista y le reveló su embarazo ese mismo día. Ahora, tras meses de dulce espera, la reina finalmente estaba dando a luz al proclamado heredero del trono.
Pocos momentos después, el llanto de un recién nacido inundó la sala. Uther sintió un alivio inicial, pero pronto se extrañó profundamente, pues el llanto parecía tener un eco, un doble sonido que resonaba en las paredes. Sin dudarlo, ingresó a la sala donde su reina descansaba tras el alumbramiento.
El médico real se sobaba las manos con evidente nerviosismo. -Mi rey, la reina ha dado a luz a dos príncipes. Es un acontecimiento inaudito; en todos mis años de servicio jamás vi a dos niños tan idénticos -dijo con la voz temblorosa. Uther se acercó a la cama y observó a ambos niños; eran un fiel reflejo el uno del otro, portando el característico cabello naranja de Igraine pero con los intensos ojos morados del monarca. Aun así, había una diferencia marcada entre los recién nacidos: uno lloraba a todo pulmón, exigiendo atención, mientras el otro descansaba tranquilo en los brazos de la partera.
Un sacerdote de alto rango se acercó con rostro sombrío. -Mi señor, esto es una señal inequívoca de desgracia. Dos príncipes nacidos a la vez solo traerán peleas, división y riñas sangrientas por el trono en el futuro. Las antiguas leyes del reino son claras al respecto: lo mejor será sacrificar a uno de los gemelos para salvar la paz del territorio.
-¡Qué! ¡No, no! -gritó Igraine, incorporándose con las pocas fuerzas que le quedaban-. ¡Uther, no puedes permitirlo! No puedes matar a uno de mis hijos -lloró la reina con desesperación absoluta.
Uther miraba a los bebés sin saber qué dirección tomar. Las severas leyes dictaban una sentencia cruel, pero su amada esposa era su mayor debilidad y su llanto le desgarraba el alma. -¡Salgan todos! -decretó con furia acumulada-. La reina necesita paz para despedirse de su hijo. -Con un gesto firme, solo le dio permiso para quedarse en la habitación a Sir Hector, su caballero más leal y amigo cercano.
-Uther, por favor, no puedes hacerlo, no me lo arrebates -suplicó Igraine, aferrándose al bebé que tenía más cerca.
Uther se acercó a ella, sus ojos llenos de una tristeza profunda. -Amor mío, las leyes lo decretan para evitar una guerra civil, pero no tengo el corazón para asesinarlo. Aun así, no podemos permitirle seguir viviendo en el castillo, pues el reino no puede saber de su existencia.
Tomó entonces con sumo cuidado al bebé más silencioso, considerándolo el más frágil de los dos por su naturaleza pacífica. -Sir Hector, mi buen amigo, por tus años de leal servicio te pido este último y doloroso favor. Llévate a este bebé lejos de aquí, a un lugar donde nadie sepa quién es realmente. Te daré todo el oro que desees si prometes protegerlo y educarlo como si fuera tuyo.
Sir Hector asintió con gravedad, aceptando la pesada carga de Estado. -Lo que mi rey me ordene -respondió, tomando con cuidado al bebé y cubriéndolo con su capa para ocultarlo de miradas curiosas. Antes de retirarse, miró a la reina con compasión-. Reina, le prometo por mi honor que nada le faltará a su hijo.
El silencio que gobernara las altas torres de Camelot se fragmentó en dos realidades contrapuestas, distantes y ajenas la una de la otra. Los años transcurrieron con un ritmo dispar, moldeando los destinos de los gemelos bajo cielos completamente diferentes.
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Rey Por Contrato
Fanfictionno entiende nada cuando unos guardias llegan a su pueblo. solo que por un motivo ahora es un rey y debe aprender a finjir ser su hermano
