Capitulo 1- La despedida.

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PORTADORES

El Hombre que Sería

Capítulo 1

La bici senda de la avenida 13 de caballería estaba desierta a esa hora.
Marcos caminaba a su lado sin saber que era la última vez. El viento pampeano corría entre los árboles con esa costumbre suya de no avisar, levantando el pelo de Valentina hacia un costado. Ella no lo acomodó. Caminaba mirando al frente con esa manera suya, como si siempre supiera adónde iba, como si los pies le marcaran el camino solos.

Marcos no era así. Marcos siempre dudaba.
Se detuvieron cerca del final de la avenida donde la luz de la tarde caía larga y amarilla sobre el asfalto. No había nadie. Solo ellos dos y el ruido lejano del barrio militar que seguía su vida sin importarle nada de lo que estaba pasando ahí.
Valentina lo miró.

Tenía esos ojos que a Marcos siempre le costaba sostener. No porque fueran intimidantes sino porque eran demasiado honestos. Demasiado directos para alguien que nunca sabía qué hacer con la verdad cuando se la ponían enfrente.
- Mi padre dice que en algún momento de nuestras vidas nos vamos a cruzar. - Hizo una pausa corta, casi tranquila. - Tal vez sea acá. Vos con tu esposa y tus hijos, y yo con mi marido y los nuestros.

Marcos abrió la boca.

La cerró.

Las palabras estaban ahí, en algún lugar del pecho, pero no encontraban la salida. Nunca la encontraban cuando más las necesitaba. Quería decirle que no quería eso. Que no quería cruzársela en una vereda con otro hombre al lado como si estos años no hubieran existido. Quería decirle que no sabía cómo quererla bien todavía pero que estaba dispuesto a aprender.

No dijo nada.

Valentina se acercó despacio y lo besó en la mejilla. Un beso corto, suave, de esos que duelen más que cualquier golpe porque no tienen bronca adentro. Solo despedida.
Después se dio vuelta y empezó a caminar.
Marcos la vio alejarse por la bici senda. Los pasos seguros. La mochila moviéndose con cada zancada. El pelo todavía revuelto por el viento.

No la llamó.

Se quedó parado en el mismo lugar mientras la figura de Valentina se hacía más chica al final de la avenida hasta que dobló en una esquina y desapareció. El viento siguió soplando como si nada. Los árboles siguieron ahí.

Tenía catorce años y acababa de dejar ir algo que no sabía nombrar. Algo que tardaría años en entender que no debería haber dejado ir.

Por ahora solo era un chico parado solo en una bici senda, con las manos en los bolsillos y la boca llena de palabras que ya no servían para nada.

Por ahora solo era un chico parado solo en una bici senda, con las manos en los bolsillos y la boca llena de palabras que ya no servían para nada

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