El mundo se pudrió cuando un héroe misterioso bajó de los cielos y los devoró a todos.
Habían intentado salvar gente. Lo hacían al principio.
La mansión Xavier se había vuelto un refugio para todos los sanos. Pero ni todos los mutantes, ni todos los héroes lograron protegerlos.
Erik había peleado con todas sus fuerzas, hasta que lo mordieron.
Era poco creíble que alguien como magneto cayera, pero lo hizo.
Y se comió a todos.
Charles debió matarlo cuando lo encontró bañado en sangre. Pero de nuevo, solo limpió el desastre.
Y encerró a Erik.
Lo encadenó y escondió en el fondo de la mansión.
Charles había visto demasiadas cosas, y sabía que tener a Erik encerrado no era una buena idea. Se volvía más agresivo mientras más hambre tenía.
Había intentado acabar con él varias veces, bajaba decidido a hacerlo, entonces la mirada de Erik se posaba en él u dejaba de luchar contra las cadenas, se tranquilizaba.
Le hacía pensar que aún había algo humano en él, pero luego intentaba leer su mente y no encontraba nada.
No podía matarlo, y tampoco podía seguir fingiendo que todo estaba bien.
Se esmeraba en colocar animales muertos sobre platos finos y luego en una charola de plata, bajaba, dejaba el plato asqueroso de Erik al frente, y luego tomaba el suyo con menos comida cada vez.
No podía darse el lujo de comerse la carne, no si Erik la necesitaba más.
—Hay un grupo de sobrevivientes en el lado este.
No sabe si debería contarle eso a Erik, igual este no parece prestar atención, demasiado ocupado devorando a un pobre gato.
Estúpidamente, ha notado que Erik odia los gatos, porque el pelaje se pega en su boca.
—Los he escuchado desde hace 3 días.
Al principio agradecía la mutación, le permitió saber donde había grupos de personas con solo su mente, pero ahora, era una maldición saber que había personas vivas, heridas, luchando, peleando por vivir, pero no podía salvarlas.
—Espero que logren salvarse.
Lo esperaba en serio.
Era tan difícil. Algunos héroes o mutantes que fueron devorados, conservaban algunos de sus poderes, solo algunos, como la fuerza, volar y había observado con horror que algunas veces activaban poderes pasados. No siempre.
Supone que son reacciones naturales del cuerpo, pero ahora que los cerebros estaban podridos, no podían controlarlos.
Erik algunas veces hacía temblar las cadenas.
Simples segundos de control que se desvanecían tan pronto como llegaron.
Oh, pobres personas, no tenían oportunidad.
No era un pensamiento pesimista, era la realidad.
Lo comprobó esa noche, cuando los gritos, los pensamientos de muerte, destrucción y sangre, llegaron a su mente. No eran suyos, era del grupo que había estado leyendo esos días.
Entre el caos mental, los últimos pensamientos de las personas, alguien vio a Wolverine.
Lo entendió de inmediato.
Era el mutante de las garras quien los había encontrado y ahora los masacraba.
Otro héroe que cayó intentando proteger a los débiles.
Era horrible, ya no quería escuchar más. Lloraba mientras su almohada le cubría los oídos, como cuando era un niño asustado.
Se levantó de la cama y fue abajo, con Erik.
Aún lloraba, y Erik estaba tan en calma.
—Ya no puedo soportarlo, Erik.
No podía más. No sabiendo que era su culpa.
No los había matado.
Cuando Erik los devoró a todos, hizo que Peter sacara los cuerpos, que los lanzara al mar, los dejara en el desierto.
No podía matar a sus estudiantes, a niños, adolescentes, personas normales que habían creído en él y en su seguridad.
Uno de los infectados despertó durante el proceso y mordió al pobre Peter.
Un zombie velocista. Imposible de atrapar, pero lo vio morir. No sabía parar, terminó aplastado contra un edificio que se vino abajo.
Su culpa. Era su culpa.
Erik había dijo que solo recibiera mutantes. Veía a los humanos como una carga.
Y aún así murió salvándolos.
—Lo siento, lo siento.
Lloraba mientras lo repetía incontables veces.
—Por favor, lo siento.
Los gritos por fin cesaron. Su mente volvió a estar en blanco.
No había más humanos cerca. El único hombre vivo en kilómetros.
—Lo intente, Erik, sobrevivir, pero yo no soy quien debería estar vivo.
Se acercó demasiado a él, estaba tan tranquilo, como si supiera que Charles necesitaba de su calma ahora.
—Llévame contigo.
Suplicó entre lágrimas, mientras sus manos intentaban soltar las cadenas de Erik, fallando miserablemente.
Retrocedió con agonía.
Limpió sus lágrimas con las manos, y entonces, el sonido metálico lo detuvo. Las cadenas se rompieron.
La piel putrefacta de Erik se interpuso en su campo de visión y algo llegó a su mente; él mismo.
Erik estaba pensando en Charles.
Nada específico, solo Charles sonriéndole.
—Erik
Fue un murmullo que se apagó cuando los dientes de Erik atravesaron su piel, compartiendo la infección con el.
Y con su último aliento, se aseguró que la puerta estuviera cerrada.
No podían escapar de ahí, no iban a dañar más gente, morirían de hambre, juntos.
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Yo llegando tarde a la Cherikweek es tradición. Pero en serio me gusta el pd de zombies.
