CAPÍTULO 1: ANGELITO

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POV MÍA MYERS

Siempre pensé que la vida tenía un extraño sentido del humor. Era como si el universo se sentara en su sofá, comiera palomitas y se riera a carcajadas mientras ve cómo nos esforzamos por salir adelante.

Porque mientras algunas personas nacen con el bolsillo lleno, contactos influyentes y un futuro ya escrito en papel de lujo, otras tenemos que pelear con uñas y dientes por cada pequeño logro. Yo pertenezco sin duda al segundo grupo.

Mi nombre es Mía Myers. Tengo veintiséis años, estoy a solo unos meses de graduarme en Administración de Empresas. Esa es la buena noticia. La mala es que mi cuenta bancaria está tan vacía que, si la abriera, seguramente escucharía el eco rebotando entre los ceros.

La alarma de mi teléfono sonó exactamente a las siete de la mañana. La ignoré. Volvió a sonar cinco minutos después. También la ignoré. A la tercera abrí un ojo, y a la cuarta agarre el aparato y lo lanze contra la almohada.

- Necesito cinco minutos más porfavor... -murmuré hundiendo la cara en la sábana.

La mentira más grande de la historia de la humanidad. Cuando finalmente logré abrir los ojos del todo, la luz del sol ya entraba por la ventana anunciando que el día había avanzado. Parpadeé despacio, estiré los brazos con dolor y miré el reloj en la mesita de luz.

Sentí que mi alma abandonaba mi cuerpo y salía volando por la ventana.

-No... -susurré.

Volví a mirar, por si acaso las agujas se hubieran movido hacia atrás por arte de magia.

-No.

-¡NO, no puede ser!

Salté de la cama tan rápido que casi termino rodando por el suelo. Corrí al baño, volé a la cocina en busca de algo para comer, regresé a la habitación para buscar ropa y, de repente, me detuve en seco en medio del pequeño departamento, respirando como si hubiera corrido una maratón.

Entonces cayó en mí la realidad: hoy mi turno en el club era en la noche. El susto había sido completamente innecesario.

Me apoyé contra la pared y me pasé una mano por el cabello revuelto.

-Voy a morir -dije en voz alta-. Definitivamente por un infarto antes de los treinta.

Mi apartamento no era gran cosa. Era pequeño. Había una mesa llena de apuntes desordenados, una estantería que parecía que iba a derrumbarse si ponía un libro más, una cocina diminuta y una montaña de ropa sobre la silla que llevaba tres días prometiendo ordenar.

Pero es perfecto. Bueno, perfecto para mí. No tenía lujos, ni espacios amplios, ni vistas increíbles... pero es mío. O al menos lo sería cuando terminara de pagar todas las facturas pendientes.

Fui a preparar café. Porque si algo he aprendido en años de universidad era que la cafeína puede reemplazar temporalmente a la felicidad, la energía y hasta la cordura. Tomé una taza, me senté frente a la mesa y abrí mis cuadernos.

Últimos exámenes finales. Dos palabras que sonaban peor que cualquier amenaza.

Llevaba años esperando este momento: meses enteros de trabajo, noches enteras sin dormir, horas estudiando hasta que las letras parecían bailar frente a mis ojos como si quisieran burlarse de mí. Más de una vez había pensado en tirar todo por la borda, no por falta de ganas, sino porque la vida tenía la mala costumbre de ponerse en mi contra.

Hubo meses donde apenas podía pagar el alquiler, semanas donde tenía que elegir entre comprar libros o reparar mi motocicleta. Y casi siempre ganaban los libros. Mi moto todavía me mira con reproche cada vez que la veo.

Tu Miel Y Mi Veneno (G!P)Stories to obsess over. Discover now