1. ''¿Qué?''

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Esa mañana que Jiang Cheng ingresó a su oficina y se encontró a su padre, espero todo, menos buenas noticias. 

La costumbre. 

Así que cuando su progenitor, Jiang FengMian, le dejó caer en su escritorio un contrato de esponsales con fecha de los primeros de noviembre, con su nombre y el de la persona más odiosa que jamás haya conocido en su vida, Jiang Cheng deseo con todo su corazón tirarse desde el décimo quinto piso. 

Estaban a últimos de septiembre. 

Y su oficina estaba en el décimo quinto piso.

—No.

—No te estoy preguntando. —Padre e hijo se miraron, ambos retadores. Wanyin empujó los papeles hacía su padre, regresando a su papeleo normal, prefiriendo ver el montón de letras que la cara del hombre frente a él.

—Qué curioso, no me interesa. 

—Eres mi heredero, tarde o temprano tendrás que casarte si quieres dominar el negocio por completo. —Insistió FengMian, cruzándose de brazos viendo como su hijo abría una revista que era la prueba piloto antes del lanzamiento final para el sábado de esa semana. 

—Me casare cuando yo quiera y con quien yo quiera, no con el maldito Jin ZiXun que lo único que sabe hacer es sacarse los mocos y demostrar que su cerebro no tiene neuronas trabajando ahí. 

Jiang Cheng había conocido a Jin ZiXun en una cena de millonarios a la que su padre le obligo a ir. Los Jin eran dueños de una empresa hotelera con propiedades dentro y fuera de Yunmeng y, aunque ambos negocios no estaban muy cercanos, Jin GuanShan y Jiang FengMian al ver que el matrimonio arreglado entre Jiang Yanli y Jin ZiXuan había tenido éxito, creyeron que podían repetirlo con Jiang Cheng y Jin ZiXun. 

Grave error. 

Aparte de que lo vio acosando a un par de chicas, a las cuales tuvo que defender, lo trató como la mierda en su zapato y todavía tuvo el descaro de ordenarle a besarlo. Jiang Cheng lo odió, y eso es decir poco de lo que realmente sintió después de que llegó esa noche a su departamento a vomitar lo poco que había ingerido en esa cena. 

Claro que todo eso jamás se lo contó a su padre, al fin y al cabo, el hombre jamás creería que su hijo quien lo reta cada que lo ve y presume de su ''temperamento fuerte'' heredado de su difunta madre, fue acosado por la peor escoria entre las escorias. 

Con esto en mente decidió que lo mejor era mantenerse firme en su decisión, lastimosamente Jiang FengMian no pensaba darse por vencido. 

—Tienes hoy y solo hoy para firmar. —Entonces el mayor se fue de la oficina, casi azotando la puerta al salir.

Una vez solo, Jiang Cheng se dejó caer en el respaldo de la silla. Tomo su frente con ambas manos y, tras encontrar unos momentos de calma en su interior, se irguió para agarrar su celular y encenderlo, buscando el contacto de su mejor amigo. 

 

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