Mi garganta arde con cada gota de alcohol que soy capaz de ingerir y lo más jodido es que no soy capaz de detenerme.
Hace ya unas horas que dejé de escuchar la música del bar o cualquier cosa a mí alrededor, todos son murmullos muy lejanos mientras que yo me ahogo en mi propia miseria. Mi madre diría que no es bueno compadecerse a sí mismo pero se equivocaría en esta situación. No me compadezco en lo absoluto, todo lo contrario, esto es todo el castigo que merezco y más.
No he derramado una sola lágrima en toda la noche aún cuando todo duele dentro de mi. Se me han acercado varias personas, creo que una de ellas era el camarero del bar, pero no estoy segura. Estoy demasiado ebria como para prestar atención a pequeñeces. Se suponía que esto me ayudaría a desahogarme, pero lejos de eso, lo único que hace es llenar mi cabeza de recuerdos, recuerdos que ahora desearía no tener.
Miro mi reflejo en el vaso de whisky y solo veo a un monstruo, ese que asesinó a la chica que solía ser.
Mis sonrisas solían ser genuinas, mis palabras no eran navajas diseñadas para herir y en mi corazón había amor para ofrecer.
¿A donde me fui?
No lo sé, no logro encontrarme y sinceramente no sé si algún día lo logre.
No sé si me alcancen las fuerzas para seguir luchando, no cuando ya no hay un motivo por el que luchar. Es la tercera vez que la idea de rendirme pasa por mi cabeza, no tengo miedo y tampoco habrá alguien que me extrañe o me llore al menos.
En silencio le pido perdón a mi madre, le prometí que estos pensamientos intrusivos no volverían a pasar por mi mente pero hoy los siento tan clavados en mi alma que no puedo evitarlo. La idea es tentadora y el alcohol en mi sangre no ayuda.
"Déjame si tan miserable te hago"
Nunca esperé que realmente se fuera, supongo que nunca supe que tan cansado estaba ya de mi. No lo culpaba, hasta yo misma me odio, soy un ser despreciable y merezco todo este dolor. Ni siquiera supe cuidar a la única persona que se atrevió a amar mi desastre. Su único error fue pensar que lo podía arreglar. No puedes arreglar un corazón destrozado, corta como un cristal fragmentado y te hace sangrar por dentro.
¿Habrá sufrido mucho por mi causa?
No quiero ni pensarlo.
—¿Señorita?-—otra vez esa voz, estoy segura que es el camarero, ya he escuchado esa voz antes —¿Se encuentra bien?
—¿Tengo cara de estarlo?— mi voz sale extraña pero mi tono cortante es evidente. —Hagame un favor y váyase muy al carajo— no levanto la cabeza, el mareo es insoportable y no sería buena idea levantarme ahora.
—Creo que ya ha bebido demasiado— la verdad es que si , he bebido más de lo habitual pero me niego a irme a casa y dormir en una cama vacía.
—¿Es que acaso no tiene vida propia? Tú deber es servirme y listo, para eso te pagan y exiges propina— siento que mi lengua se enreda con cada palabra que digo.
Sería maravilloso si este hombre decidiera irse de una vez.
—Señorita discúlpeme pero el bar ya ha cerrado— me obligo a levantar la cabeza y mirar a mi alrededor. Todo está vacío y obscuro menos la barra que todavía tiene luz.
Miro al camarero, es un chico joven y apuesto. En otro tiempo me lo hubiera llevado a casa , pero ya no son esos tiempos y ya no soy la misma persona.
—Disculpe, no me había dado cuenta— me intenté levantar pero las piernas me fallaron y volví a caer sentada sobre la silla. El mundo me daba vueltas y las náuseas comenzaban a aparecer.
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Manual para Destruirse
De TodoElla siente que no tiene salida El luchará por demostrarle que si la hay Valerie Louis, inspectora reconocida y galardonada por sus heroicos actos, se siente un fraude. Cuatro años cargando con una culpa que la deja dormir y casi que la ha consumi...
