Capítulo I

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Era domingo y me encontraba sentado  frente a una mesa de madera, carcomida por unos pequeños invasores, adornada con un ramo de flores a lo que mi mamá solía llamar "flor de pascua", porque curiosamente hacían su aparición en el mes de noviembre y diciembre. Cada año buscaba unas flores de estas, porque me traían recuerdos que no he olvidado y  nunca olvidaré aunque me lo proponga.

Al lado de aquellas flores había una vieja foto que representaba toda  una historia llena de amor, pasión y sueños nunca cumplidos.  Ésa foto era la primera y la última que nos habíamos retratado, sin color pero cargada de un hermoso e inolvidable recuerdo. De aquel recuerdo, ésa foto era lo único que me hacía compañía desde aquel diciembre de 1990, que fuera entonces, nuestra triste despedida.

Le acompañaba también a la mesa, un viejo radio, tocando una vieja canción de navidad, en una emisora radial que apenas se podía entender lo que decían, por la señal que carecía en aquel lugar.

Con una botella de vino en mi mano izquierda, cogí la foto con la derecha, mirando las flores de pascua que me hacían revivir el pasado de una época que fue la única testigo de mi derrota.

Allí estaba yo, sentado en una silla frente a la mesa, tratando de entender las letras de la vieja canción que no terminaba de sonar. 

Desesperado, ansioso,  con el corazón lastimado y mis ojos mojados reviviendo aquel recuerdo con la foto en mi mano.  A la botella,  ya  poco vino le quedaba y mi aliento a mi pobre alma abandonaba, y  justo en ese momento me levanté sin darme cuenta que la botella en el piso tiraba, caminé hacia mi habitación buscando mi cama, para quedarme en ella dormido para que así terminase el día.

Me senté encima de mi cama, abrí las ventanas para que mi cara el sol acariciara . Y Cuando los rayos del sol mi piel tocaba, caí en cuenta que la mañana apenas empezaba. 

 Me levanté de la cama de un salto y me dirigí  hacia la mesa de madera y allí volví a mirar la vieja foto al mismo tiempo que unas lágrimas de mis ojos caían. Y me dije a mi mismo:

 — No, no , ella no está , ya basta , ¿por qué vivir en mi presente a aquel recuerdo que, aunque me de vida y  felicidad, me mata?.

Y sin mirarla , tome la foto de encima de la mesa para con mis manos destrozarla. Pero mis torpes manos sin yo  pedirlo, la acariciaban y en contra de mi voluntad hacia mi pecho la llevaban, al mismo tiempo que mis lágrimas la mojaban. 

Y abrí la puerta de la sala que aún permanecía cerrada. Caminé hacia afuera con la foto abrazada y mirando el cielo dije en voz alta:

— ¿Dónde estás Julia? Mi vida sin ti no tiene sentido, es como un  papel que se lleva el río. Dime, dime ¿Dónde estás Julia?

En ése momento pasaban  dos señora por la calle y mirándose, entre ellas hacían gestos, dando a interpretar que yo había perdido la memoria. Más atrás iba un joven caminando con una mochila en su espalda y un machete en la mano. Llevaba puesta unas botas que le cubrían hasta las rodillas y un sombrero de guano. Se detuvo,  entró el machete en la vaina y quitando su sombrero de la cabeza me miró. 

Yo también lo miré y al notar qué de mis ojos salían lágrimas y que la foto con mis manos acariciaba me dijo con gran esfuerzo vocal: 

—Ya no te hagas más daño, deja que se vaya, tienes que soltarla, ya no sigas más apegado, ella ya está lejos.

Esas últimas palabras de aquel muchacho dieron un gran golpe a mi corazón. En ése momento mis manos temblaban al mismo tiempo que la foto caía al suelo y con mis pies intentaba pisotearla, hasta dejarla destrozada,  pero mis pies como de manera involuntaria giraban hacia dirección contraria y con mis manos cogí la foto y cuando levanté la mirada, ya el jóven había desaparecido cómo por arte de magia.

Entonces volví a entrar a mi casa y coloqué la foto en la mesa, dejándola allí, volví a mi cama y me tiré en ella como el que no tiene ganas de seguir viviendo.  

Acostado, parecía que el tiempo no avanzaba, que los segundos tardaban, los minutos esperaban y las horas nunca llegaban. Con mis lágrimas que caían encima de mi cama, bajé la cabeza.  Y volví a gritar. 

— ¿Dónde estás Julia? 

 Eran ya la seis de tarde y mientras me levantaba de la cama sentía  las sábanas mojadas de mis lágrimas, caminé  hacia la mesa y allí, me volví a sentar frente a ella y mire denuevo la foto y sentía como si Julia  me hablara, me sonriera, me llamaba o,  me abría sus brazos para que yo  la abrazara.  Y tomé la foto y la estreché nuevamente en mi pecho y era como si ella estuviera conmigo en ese momento. Y lloré , tanto lloré,  que mis ojos ya no tenían más lágrimas. Y le gritaba con rabia. 

— ¿Dónde estás , dónde estás, mi amada?. 

Sentado frente a la mesa con la foto pegada hacia mi pecho, se dieron las diez de la noche,  sentía el cuerpo cansado y hambriento, el cual solo me pedía dormir. Luego caminé hacia la nevera a tomar un vaso con leche. Pero no pude  tomarla, dejé el vaso tirado y me fui a mi cama y allí me acosté y al instante mis ojos cerraron.   
                                    
No se cuanto tiempo había pasado mientras dormía, pero sentía que unas tiernas manos acariciaban las mías y mis labios tocaban. Eran caricias   suave y tiernas.  Era un momento en el que yo no quería que terminara. Sentí que se me acercó a los oídos y me susurró con voz angelical y llena de confianza y paz:

 —  Aquí estoy amor, estoy contigo hasta el final, te extraño mucho.

  Después de aquel susurro, dió un dulce beso a mis labios con gran pasión y locura y entonces abrí mis ojos y ahí estaba ella, la única mujer de la cual me había enamorado.   Estaba ahí en mi cama, abrazándome, besándome, amándome, tocándome y repitiendo aquellos susurros.

 — Aquí estoy amor, estoy contigo hasta el final, te extraño mucho.

 Y con ésa dulce voz volví a retomar el sueño. 

No sé cómo, ni porqué, pero me desperté asustado y encendí mi lámpara humeadora que aún conservo como recuerdo de mi abuela Eladia. Miré el viejo reloj que colgaba de la pared al lado de un crucifijo de madera frente a mi cama y eran las tres de la madrugada.

  En ése momento miré hacia el lado izquierdo de mi cama para darle un beso a Julia pero ella no estaba. Me levanté, fuí a la sala a ver si allí estaba sentada , como solía hacer en ocasiones cuando se sentía triste, pero tampoco estaba allí.

Abrí la puerta trasera de mi casa y fuí hacia al sanitario que quedaba a una escuadra, pensando que podía estar haciendo sus necesidades, porque quizás la bacinilla se le había olvidado colocarla debajo de la cama. Pero No estaba allí mi amada Julia y me senté encima de la letrina y dije:

— ¿Dónde habrá ido   Julia a estás horas? 

Volví a casa y entonces miré hacia la mesa y allí ví la vieja foto. Fue entonces cuando volví en sí,  y pude darme cuenta que todo aquel romance había sido un sueño, una alucinación y nada más. Que mi Julia no estaba en mi cama, que no acarició mis manos, que no hubo ningún beso, y que esos susurros no existieron.  Y allí estaba yo nuevamente, Lunes por la madrugada frente a la mesa de madera, con aquellas flores de pascua, el viejo radio y una copa con un poco de vino. 

Sí,  mi querido lector. He decidido empezar contándote las consecuencias de una decisión que tomé hace muchos años. Pero no me arrepiento de haber tomado tan importante decisión, porque así, como acabaste de leer esa locura, depresión, imaginación o cómo querrás llamarle, también hubo momentos en los que me sentí el ser más amado del mundo. Momentos de felicidad, romance, pasión y ternura, la cuál pondré en  las siguientes páginas.

 Por cierto, no te he dicho cuál fue la decisión tan importante de la que he mencionado algunas consecuencias y ni siquiera he dicho mi nombre.  

Pues, soy Jorge Campos
, un hombre común y corriente, que se enamoró locamente de una mujer. Una mujer que nunca voy a olvidar, nadie, nunca más podrá sustituir su lugar en mi corazón. Dicen que el tiempo cura todo y que nos hace olvidar cosas, pero la verdad es que yo no he podído olvidarla. 

Ah, verdad,  la decisión de la que les hablo,  es  el amor. Si, el amor, porque amar es más que un sentimiento, amar es una decisión, enamorarse es un compromiso, una responsabilidad.  

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