—¡Recargando!
—¡Yo te cubro! —responde una voz grave, extrañamente firme y apaciguadora, sobre todo si les digo que nos encontramos en el medio de un campo de batalla.
Como imaginarán, el olor a pólvora, sangre y metal no sobra; el calor seco de una típica tarde en Bengaluru, India, acompañan bastante bien la atmósfera de muerte, pero Ezra y los pelotones Alfa y Rho de la OMIS ya están bastante acostumbrados. Nuevo día, nueva misión, y nuevo enfrentamiento contra los प्रबुद्ध विद्रोही (Prabuddh Vidrohee), "Iluminados Rebeldes", según los estudios de Ezra sobre la lengua hindú. Un grupo de terroristas armados que amenaza con destruirlo todo, purgar a la nación, usar la fuerza porque las palabras no fueron suficientes, bla bla bla. Pan de cada día desde que llegaron al país hace ya casi un mes.
—¡¿Te quedan granadas!? —exclama una voz que se aproxima. Un soldado joven y moreno, con más o menos los mismos 25 años de Ezra se sienta a su lado detrás del marco de una ventana.
—¡Hermano! Te hacía muerto a estas alturas —bromea Ezra con una pícara sonrisa en su indiscutible rostro palestino—. Tengo varias, ¿por?
—Se me ocurrió una idea, pero no creo que te vaya a gustar.
Ezra se asoma levemente por la ventana con toda la calma del mundo. Un par de proyectiles pasan cerca suyo, pero apenas se inmuta. Logra ver a varios terroristas, difícil pasar por alto sus inconfundibles diseños rojos y dorados decorando sus oscuros atuendos de motociclistas, con casco y todo. Al igual que ellos, a cubierto dentro de las casas de la periferia de la ciudad, abandonadas y resquebradizas. Culpen a las alternadas olas de calor y lluvias torrenciales por el actual estado de estas viviendas. No es como que algo tengan que ver estas constantes escaramuzas entre la OMIS y los Iluminados Rebeldes. Para nada.
Ezra se vuelve a ocultar.
—Deben haber unos 20 enemigos, y nosotros estamos bastante más adelante que el resto del escuadrón o el ejército indio... —Ezra sopesa un segundo antes de decir:— ¿Qué tienes en mente, Or?
Su compañero le devuelve esa sonrisa que le llega a los ojos, sus facciones parecidas a las de Ezra, pero que no te confunda su encanto israelí.
—Tú dame una de esas bellezas y sígueme la corriente. —dice, apuntando a su correa, aún con unas 5 granadas de sobra. Ezra le entrega una, luego cuelga el rifle que ocupaban sus manos tras su espalda y saca de las fundas a cada costado de su cadera dos pistolas negras idénticas, con un diseño de líneas amarillas bastante peculiar.
—¡Vaya! ¿Debería sentirme halagado por la presencia de los Colmillos Persa?
—Me siento más a gusto con ellas, sobre todo si lo que vamos a hacer no me va a gustar.
—¿Ya te he dicho lo mucho que me gusta cómo esas preciosuras combinan con tus ojos?
Ezra suelta un resoplido de gracia.
—¿Acaso yo debería sentirme halagado?
Los dos jóvenes se levantan al mismo tiempo en un silencioso acuerdo y corren en direcciones opuestas, acercándose hacia los Rebeldes. Zigzaguean entre las paredes, saltan a través de ventanas y patean puertas como si estuviesen en un patio de juegos, demasiado rápidos e impredecibles como para siquiera rozarlos con una bala de cañón. Ellos, en cambio, parecen estar alardeando de su entrenada precisión; incluso en plena carrera o a mitad de un salto, sus certeros disparos derriban a sus objetivos, sin sudar una sola gota. Si empezaron con 20 enemigos, ya habían bajado a 13 en menos de 5 minutos. Logran acortar unos 12 metros antes de detenerse a cubierto.
—¡Te toca, chico persa! —grita Or.
Ezra comprende entonces lo que tiene que hacer y pone una cara de exasperación, como si le hubieran contado por enésima vez un chiste podrido.
El soldado corre nuevamente por el campo de batalla, zigzagueando y sorteando escombros. Durante su corrida, lanza unas cuantas granadas hacia sus enemigos, pero sin quitarles el seguro, algo que sabe va a confundirlos. Finalmente se oculta detrás de un muro, demasiado bajo y demasiado expuesto, perfecto para ser el blanco de una granada. Tal y como esperaba, los terroristas lanzan una bomba a su posición, la cual desvía para que explote en otro lugar. La conmoción sirve como mera distracción para que Or pueda lanzar su propia granada hacia sus oponentes, y asomándose por el otro lado de su muro, Ezra dispara varias veces al artefacto hasta darle a mitad de vuelo, creando una reacción en cadena con las inactivas bombas que había lanzado, justo en la cara de los Iluminados Rebeldes, ahora más Iluminados que nunca. Aprovechando el nuevo estallido, ambos soldados acortan los pocos metros que les quedan en segundos para llegar al territorio enemigo. De aquí en más es todo cuesta abajo. Ezra entra de clavado por una de las ventanas de la casa, acribillando a dos enemigos todavía en el aire y rodando al caer, terminando justo en frente de otro terrorista. Al levantarse patea su arma y le propina dos disparos en el pecho. El factor sorpresa ya se había gastado. Otros dos guerreros le apuntan desde el segundo piso, pero Or aparece por detrás de ellos, derribándolos en un instante. Ambos siguen avanzando, tan solo quedan otros 3 Rebeldes en la siguiente habitación, todos a cubierto detrás de barreras de metal, uno de ellos con una escopeta. No había forma de asomarse sin ser descuartizado.
—¿Recuerdas aquella vez en Venezuela?—grita Or desde su ventajosa altura.
—Todavía me debes mandocas y tequeños de esa vez—responde Ezra indignado.
—Ahg, tenía que recordarle —dice para sí— ¡Me refiero a esa otra vez!
Ezra asiente mostrando una cómplice sonrisa.
—¡Déjamelo a mí!
El joven soldado retrocede, agarra un objeto contundente del suelo y lo empieza a golpear contra la pared que delimita su sala con la habitación en la que se encuentran los terroristas. Mientras, Or sube hasta el techo de la casa, desapareciendo de la vista. El muro se empieza a agrietar con cada impacto, amenazando con expandirse hasta el techo. Cuando estuvo conforme, Ezra coloca su última granada en el agujero que había hecho y vuelve a retroceder, esta vez saliendo de la casa. Y para el acto final, estando a una distancia prudente, detona la granada de un gatillazo.
BUMMM.
El estallido se desvanece de a poco, reemplazado por el estruendo de la casa que, pedazo a pedazo, se derrumba bajo su propio peso.
Entre medio del polvo y los escombros, los terroristas logran salir a la superficie, magullados y heridos, solo para encontrarse con 3 cañones de arma apuntando entre sus sienes.
—Por las buenas o por las malas, muchachos —dice Or sin dejar de mirarlos a los ojos—, ustedes deciden.
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Unleashed
ActionEzra es un devoto soldado de la OMIS, Organización Militar Independiente a Sueldo, contratada por países o instituciones para ayudarlos con sus variados conflictos, siempre en pos de la paz y el orden. Kai fue rescatado por un soldado de esta organi...
