El Filo de la Perfección

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El cielo de Seúl se teñía de un violeta denso, como una herida que comenzaba a cerrarse sobre los rascacielos. En la Academia Sehwa, el silencio empezaba a ganar terreno en los pasillos que, horas antes, hervían de risas y estrés estudiantil. Kim Taehyung estaba sentado en el borde de una jardinera, balanceando sus pies mientras miraba su reflejo en la pantalla del celular.

—¿Sigues aquí, Tae? —La voz de Jimin lo sacó de sus pensamientos. Su mejor amigo se sentó a su lado, limpiándose una mancha de pintura de la mejilla—. En serio, Jungkook te va a volver loco. Siempre te hace esperar.

Taehyung sonrió, esa sonrisa cuadrada que iluminaba su rostro y que parecía no conocer la maldad.

—No me hace esperar porque quiera, Jimin. Su padre lo tiene en reuniones de negocios desde las cinco. Es el precio de ser un Jeon.

—Es el precio de ser una marioneta —murmuró Jimin, aunque se calló cuando vio una camioneta negra, de cristales tan oscuros que parecían absorber la luz, detenerse con una precisión militar frente a ellos.

La puerta se abrió y Jeon Jungkook bajó. Su presencia era magnética y, a la vez, perturbadora. Llevaba el uniforme con una elegancia que rozaba la arrogancia. Sus ojos recorrieron el patio hasta posarse en Taehyung, y por un microsegundo, la frialdad de su mirada se derritió en algo que parecía amor, pero que tenía la intensidad de una obsesión.

—Taehyungie —dijo Jungkook, ignorando la existencia de Jimin—. Siento haberte hecho esperar. La junta de accionistas se extendió más de lo planeado.

—No importa, Kookie. Estaba hablando con Jimin —respondió Tae, levantándose para abrazarlo.

Jungkook lo recibió, pero sus manos bajaron de inmediato a la cintura de Taehyung, apretando con una firmeza que decía "esto es mío". Miró a Jimin por encima del hombro de su novio.

—Hola, Jimin. Gracias por cuidar de él. Nos vemos mañana.

No fue una despedida, fue una orden de retiro. Jimin solo asintió, sintiendo ese peso en el pecho que siempre le recordaba que Jungkook era alguien con quien no se debía jugar.









El trayecto a la casa de los Kim fue silencioso, interrumpido solo por Jungkook tomando la mano de Taehyung y entrelazando sus dedos, acariciando el dorso con su pulgar como si estuviera contando los latidos del pulso de su novio.

Al llegar, la cena estaba lista. Los padres de Taehyung recibieron a Jungkook como si fuera un príncipe regresando a su castillo.

—¡Jungkook! Qué alegría verte —dijo el señor Kim, dándole una palmada en el hombro—. Mi mujer preparó bulgogi. Quédate, por favor.

Jungkook puso su mejor cara de "buen chico". Esa máscara que había perfeccionado bajo la tutela de su padre, el hombre más peligroso de Corea.

—Nada me gustaría más, señor Kim, de verdad. Pero tengo un dilema —mintió Jungkook, bajando la cabeza con una humildad fingida que era magistral—. Mi padre tiene una cena de negocios ahora mismo con inversores extranjeros y me exige estar allí una hora para aprender sobre los nuevos protocolos. Pero... me preocupa Taehyung. Mañana es el examen final de Economía y él estaba muy nervioso con los modelos macroeconómicos.

Taehyung lo miró confundido. Él no estaba tan nervioso, pero Jungkook le guiñó un ojo.

—Había pensado —continuó Jungkook— que si ustedes me dan permiso, puedo ir a la reunión rápido y luego pasar por Taehyung. Podríamos quedarnos en mi departamento estudiando. Tengo todos los libros de consulta y mi tutor privado me dejó unas guías que le servirán mucho. Lo traeré mañana directo a la escuela, sano y salvo.

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⏰ Last updated: Mar 14 ⏰

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