Él es piadoso y muy sensible.
En la pared cuelga la imagen del Señor.
Lustraba una delicada tela blanca sobre la dura pasta de aquel regalo de Dios para el hombre. Dió un vistazo rápido a todas sus páginas sagradas y continuó limpiando.
La llegada de alguien resonó entre el tranquilo silencio del despacho.
- Todos esperan su llegada, padre Deo.
El hombre de pelo castaño dejó aquel libro sobre su escritorio.
Juntó sus manos en oración, y dejó salir un suspiro.
- Voy en seguida, hermana.
La mujer mostró una reverencia y se apresuró a salir del despacho.
El hombre tomó su túnica blanca de seda, con bordes morados de terciopelo y un símbolo divino en el medio. Una vez puesta, se encaminó hacia la misa de las nueve.
La melodía del órgano inundaba la casa de Dios.
La gente susurraba mientras esperaban la llegada del obispo, y los niños del coro se encontraban nerviosos. Hoy presentarían un coro nuevo, el cual habían ensayado por meses. La gente se silenció al ver al padre entrar, y se levantaron para darle la bienvenida. El suave susurro del instrumento cesó después de unos momentos.
- Sentados. -Sentenció Amadeo.
Y así, dió inicio a la misa.
Después de aproximadamente veinte minutos, el sacerdote terminó de leer un evangelio. Cuando pidió a los presentes que se pusieran de pie, el órgano sonó de nuevo, y las angelicales voces de los niños se unieron.
Joe Jackwell estaba muy nervioso, pero también confiado. Creía en sí mismo.
Desde que tenía memoria, sus padres lo habían guiado por el camino del bien. Su familia era fiel creyente de Dios. Y desde pequeño le enseñaron que debía servir al señor hasta el día de su muerte para disfrutar del paraíso, por esa razón, comenzó a pedir limosna en la iglesia junto con otros niños para después entregar la canasta a la iglesia. Practicaba esta rutina desde sus cuatro años, hasta sus siete vueltas al sol, que fue cuando sus padres lo metieron al coro. Prácticamente llevaba toda su vida de conocer al padre Amadeo Kenneth Stein, quién abandonó el seminario y ascendió al puesto de sacerdote rápidamente.
Joe le tenía pavor a las llamas del infierno, por eso procuraba hacer la voluntad de Dios, de la iglesia, y de sus padres.
Su mirada se desvió ligeramente hacia el sacerdote al notarse ligeramente desentonado, sin embargo, este pareció no notarlo.
La misa terminó, y tuvieron un breve descanso.
| 10:06 AM |
El turno de Amadeo había terminado.
Acomodó todo en la mesa para la siguiente misa del día, la cual sería dentro de una hora, y mientras lo hacía esbozó una grande y orgullosa sonrisa hacia el grupo de infantes que se encontraban cerca.
- Lo hicieron muy bien mis niños.
- ¡Muchas gracias padre! -dijeron en unísono.
- Joe, ¿puedes venir un momento?
El niño asintió y se retiró junto al padre directo a su despacho.
Los compañeros del pequeño lo miraban deseándole suerte.
- Cierra la puerta, hijo. -pidió cuando ya se encontraba sentado en su escritorio.
El niño obedeció. Una vez hecho, caminó hasta estar frente al mueble de madera pulcra y fina.
El sacerdote tomó la biblia que había dejado encima tiempo atrás y la llevó a su librero, consiguiendo hacer espacio en su mueble.
Amadeo sonrió ligeramente.
- ¿Qué pasó hijo?
Joe bajó la mirada.
- Ensayamos mucho la canción, todos ensayaron duro. Salimos cansados por varios días para que saliera ese agudo, ¿Que ocurrió?
YOU ARE READING
HALLELUJA
Mystery / ThrillerEn un pueblo donde las campanas cubren las voces y la fé nubla la mirada, los creyentes prefieren cerrar los ojos antes que enfrentar la verdad. Joe Jackwell aprendió eso cuando aún era un niño. Pero decidió que no era necesario esperar a que Dios j...
